Hogwarts
Snape caminaba por los pasillos de piedra con su habitual paso silencioso, su túnica negra ondeando como una sombra viva.
Por primera vez en semanas, su mente estaba… relativamente tranquila.
Anya estaba casi resuelta.
El uniforme, los útiles, la escuela.
Solo quedaba el problema de los fines de semana.
Dejarla con Loky sería lo más lógico… Pero traerla a Hogwarts sería ideal, ya que yo mismo la vigilaría y león podría cubrirme.
Si lograra mofificar las protecciones de mi oficina… podría convertirla en una zona libre para Anya.
Pero sus estudios avanzaban lento.
Los amuletos eran inestables.
Y los hechizos deficientes.
Estaba perdido en esos pensamientos cuando entró a la sala de profesores.
El ambiente estaba extraño.
Demasiado silencioso.
Madame Pomfrey fue la primera en acercarse, su rostro tenso.
—Severus… —susurró—. ¿Ya te enteraste?
—¿Enterarme de qué? —respondió con frialdad.
Pomfrey dudó un segundo.
—Sirius Black… ha escapado de Azkaban.
El mundo se detuvo.
Las plumas dejaron de raspar el pergamino.
Flitwick levantó la vista.
Minerva apretó los labios.
El silencio fue absoluto.
Snape no dijo nada.
Solo se giró lentamente, su expresión completamente vacía.
Pero por dentro… algo se rompió.
Sin decir una palabra, salió de la sala de profesores, sus pasos resonando con eco en los pasillos.
Al llegar a la oficina de Dumbledore, No tocó la puerta. La abrió de golpe.
Dumbledore levantó la vista, sorprendido solo por una fracción de segundo.
—Severus…
—¿Es cierto? —preguntó Snape, su voz baja, peligrosa.
Dumbledore entrelazó los dedos.
—Sí. Sirius Black ha escapado.
Los ojos negros de Snape se oscurecieron aún más.
—¿Cómo?
—Aún no lo sabemos.
Snape soltó una risa seca, sin humor.
—El perro rabioso suelto otra vez.
Dumbledore no respondió a la provocación.
—El Ministerio desplegará dementores alrededor del castillo.
Snape frunció el ceño con disgusto.
Se acercó al escritorio del director, apoyando ambas manos sobre él.
—Ese hombre casi me mata cuando era estudiante —escupió Snape—. Y tú lo dejaste pasar.
Dumbledore cerró los ojos un instante.
—Era joven, Severus.
—Todos lo éramos. Pero algunos decidimos no ser idiotas.
El director suspiró.
—Si Black entra a Hogwarts, haré todo lo posible para detenerlo.
—No —dijo Snape con frialdad absoluta—. Si entra a Hogwarts… yo lo haré.
Dumbledore lo observó con una mezcla de preocupación y comprensión.
—También debes pensar en Harry.
Snape lo miró con desprecio.
—Harry Potter no es mi problema.
Pero en el fondo, sabía que sí lo era, pero tambien esta Leon, Anya.
—Si Black se acerca a este castillo… —dijo sin mirar atrás—. No esperaré órdenes.
Y salió, dejando la oficina envuelta en un silencio pesado.
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Spinner's End
León, Loky y Anya se encontraban jugando Snap Explosivo.
Habían tenido que esforzarse bastante para convencer a Loky de que jugara con ellos.
Una hora antes, Anya estaba tirada en el sofá, mirando con aburrimiento el reloj, ya que faltaban unas tres horas para que empezara su programa.
—León, estoy aburrida. Juguemos afuera —dijo Anya.
—No, ya está oscureciendo —respondió León.
—Entonces juguemos dentro de la casa —insistió Anya.
—Claro, pero ¿a qué podemos jugar? Ya sé… tal vez a las guerras —respondió León, mientras en su mano se formaba una pequeña paloma de hielo.
—Ayer jugamos a eso. Debemos jugar algo nuevo —respondió Anya.
—¿Algo nuevo? —repitió León.
Se quedó en silencio pensando en qué podían jugar.
Tal vez ajedrez… no, seguro se aburrirá. Damas sería igual.
—Ya sé.
León corrió a su habitación y regresó con un juego de naipes.
—Juguemos Snap Explosivo —dijo León.
—¡Juguemos a eso! —respondió Anya emocionada.
Loky, que estaba guardando los platos, se acercó a ellos.
—Amo, ¿no cree que será peligroso para la señorita Anya? —dijo Loky, ya que su deber como elfo era proteger a sus amos.
—No pasará nada. Pero si estás preocupado, juega con nosotros —respondió Anya sonriendo.
—No. Como buen elfo, mi deber es protegerla, no jugar —respondió Loky.
—Juega con nosotros, Loky —dijo León.
—Sí, juega con nosotros —añadió Anya.
—No. Como buen elfo, mi deber es protegerla, no jugar —respondió Loky nuevamente.
Ambos insistieron durante varios minutos, pero el elfo seguía negándose.
Finalmente, León tuvo una idea.
—Loky —dijo con calma—. Te ordeno que juegues Snap Explosivo con nosotros.
Al escuchar la orden directa de su amo, Loky no tuvo más opción que obedecer.
—Como ordene, amo —respondió resignado.
Anya sonrió triunfante.
—¡Entonces empecemos!
Anya colocó su primera carta sobre la mesa improvisada en el suelo.
León puso otra encima, mientras Loky observaba con extrema atención, como si estuviera vigilando una bomba.
—Recuerden decir "¡Snap!" cuando las cartas coincidan —dijo León.
—¡Lo sé! —respondió Anya con impaciencia.
Las cartas comenzaron a caer una tras otra.
Plaf.
Plaf.
Plaf.
De repente, dos cartas iguales aparecieron.
—¡SNAP! —gritó Anya.
Pero en el mismo instante en que sus manos tocaron el montón de cartas…
¡BOOM!
Una pequeña explosión mágica salió disparada del mazo, enviando chispas y humo hacia arriba.
León, que estaba inclinado sobre las cartas, recibió toda la explosión directamente en la cara.
Un pequeño humo negro salió de su cabello.
Su flequillo estaba chamuscado.
Anya lo miró un segundo…
y luego empezó a reír a carcajadas.
—¡JAJAJAJA! ¡Hermano pareces un dragón quemado! —dijo entre risas.
León parpadeó lentamente mientras una pequeña nube de humo salía de su boca.
—Esto… es… parte… del juego —dijo con la mayor dignidad que pudo reunir.
Loky, en cambio, entró en modo alarma máxima.
—¡SEÑORITA ANYA ATRÁS! —gritó el elfo.
En un instante apareció frente a ella, levantando los brazos como si fuera un escudo viviente.
Cada vez que una carta explotaba…
¡POP!
Loky se lanzaba frente a Anya.
¡BOOM!
—¡Loky protegerá a la señorita Anya!
¡POP!
—¡Loky no permitirá que las cartas malvadas la lastimen!
Anya, en cambio, estaba encantada con el caos.
—¡Otra vez! ¡Otra vez!
León colocó otra carta.
Loky estaba sudando.
—Amo León… Loky cree que este juego es extremadamente peligroso.
Justo en ese momento aparecieron dos cartas iguales.
—¡SNAP! —gritaron Anya y León al mismo tiempo.
¡¡BOOOOM!!
La explosión fue el doble de grande.
Loky saltó para cubrir a Anya.
Las cartas salieron volando por toda la sala.
Una cayó dentro de un jarrón.
Otra golpeó una lámpara.
Y una tercera aterrizó lentamente sobre la cabeza de León.
Anya volvió a estallar en risas.
—¡Este es el mejor juego del mundo!
León suspiró.
Loky estaba tirado boca arriba en el suelo, dramáticamente.
—Loky cree… que no sobrevivirá a otra ronda…
Pero Anya ya estaba barajando las cartas otra vez.
—¡Otra partida!
Las horas pasaron sin que se dieran cuenta. Entre risas, pequeñas explosiones y los dramáticos intentos de Loky por proteger a Anya, jugaron al Snap explosivo por lo menos seis partidas.
Finalmente, cuando las cartas aún estaban esparcidas por el suelo, la puerta principal se abrió.
Severus Snape entró en la casa.
Su rostro estaba más serio de lo habitual.
Al cruzar la sala, observó el ligero olor a humo, algunas cartas quemadas y a Loky sentado rígidamente como si nada hubiera pasado.
Snape decidió no preguntar.
—León, vamos a entrenar. Loky, avanza con la cena —dijo con voz firme.
—Entiendo, padre —respondió León, levantándose inmediatamente.
Antes de irse, Snape sacó un libro de su túnica y se lo entregó a Anya.
Ella lo tomó con cuidado. Podía sentir la tensión en su padre, como si algo lo estuviera preocupando.
Pero cuando leyó el título, sus ojos se iluminaron.
—"Las aventuras de Sherlock Holmes".
Una enorme sonrisa apareció en su rostro.
—¡Gracias, papá! —dijo abrazando el libro con entusiasmo.
Snape le dedicó una pequeña sonrisa, breve pero sincera, antes de dirigirse al estudio junto a León.
Al entrar al estudio, Snape cerró la puerta detrás de él.
León ya estaba dentro del círculo de duelo dibujado en el suelo, con la varita preparada.
Su postura era firme y concentrada.
Snape caminó lentamente hasta el lado opuesto del círculo y desenvainó su varita.
—Bien… comencemos.
Ambos levantaron sus varitas en posición de saludo.
Durante un segundo, el silencio llenó la habitación.
Entonces Snape habló con voz fría.
—Expelliarmus.
Un rayo rojo salió disparado.
León reaccionó al instante.
—Protego.
El hechizo chocó contra el escudo y se dispersó en chispas.
Snape levantó ligeramente una ceja.
—Más rápido que ayer.
León no respondió.
Atacó de inmediato.
—Stupefy.
Snape se movió apenas unos centímetros.
—Protego.
El hechizo rebotó contra su escudo.
Snape contraatacó sin pausa.
—Petrificus Totalus.
León rodó hacia un lado, esquivándolo por centímetros.
El hechizo golpeó la pared del fondo.
León levantó su varita nuevamente.
—Tarantallegra.
Snape desvió el hechizo con un movimiento mínimo.
—Tu problema —dijo con calma— es que demoras demasiado en tus ataques.
De repente lanzó tres hechizos seguidos.
—Expelliarmus.
Stupefy.
Impedimenta.
Los rayos cruzaron el aire como relámpagos.
León levantó un escudo, pero al ver como se destruye, saltó hacia atrás y rodó por el suelo del círculo.
"impedimenta" grito Leon
El Impedimenta fue bloqueado con un simple movimiento de su varita.
Snape observaba cada movimiento con atención.
—Mejor —murmuró.
León levantó su varita otra vez.
—Estoy listo, padre.
Snape hizo girar su varita entre los dedos.
—Entonces intenta quitarme la varita.
El duelo continuó.
Rayos de luz roja y azul cruzaban el estudio.
Escudos aparecían y se rompían.
Hechizos chocaban contra las paredes protegidas.
Desde la sala, Anya estaba sentada en el sofá leyendo su nuevo libro.
Pero cada vez que escuchaba una explosión desde el estudio…
sonreía.
—Hermano debe estar perdiendo—murmuró divertida.
Mientras tanto, dentro del estudio…
Snape acababa de desarmar a León por tercera vez.
