Los estudiantes caminaban por los pasillos de Hogwarts mientras comentaban las noticias más recientes.
—Dicen que los Dementores están patrullando los terrenos.
—Escuché que Sirius Black escapo a irlanda…
—¿Es verdad que el profesor Severus Snape tiene una hija?
Los rumores se extendían rápidamente entre los estudiantes.
Pero cuando llegaron al aula, todos se quedaron en silencio.
Porque quien los esperaba frente al escritorio no era Snape.
Era Minerva McGonagall.
Los estudiantes se sentaron rápidamente.
Esta vez no fue necesario que la profesora demostrara su forma animaga, algo que ya habían visto el año anterior.
McGonagall observó a la clase con su mirada severa.
—Buenos días, estudiantes —dijo con voz firme—. Espero que hayan disfrutado su verano, porque aquí ya hemos comenzado las clases, y espero ver su máximo desempeño y concentración.
Todos los estudiantes respondieron con un respetuoso silencio.
—Bien —continuó McGonagall—. Empezaremos pasando lista.
Tomó el pergamino.
—Colin Creevey.
—Presente —respondió el chico rápidamente.
—Samantha Ferris.
—Presente.
La lista continuó mientras los nombres resonaban en el aula.
—Astoria Greengrass.
—Presente.
—Ginny Weasley.
—Presente.
McGonagall siguió bajando por la lista… hasta que se detuvo un segundo.
Frunció ligeramente el ceño.
Había algo distinto.
El nombre que antes recordaba como León Wool ahora estaba escrito de otra manera.
McGonagall ajustó sus gafas y volvió a mirar el pergamino.
No había error.
El nombre decía claramente:
León Snape.
La profesora levantó la mirada hacia la clase.
—Leon Snape.
El aula quedó completamente en silencio.
Muchos estudiantes se giraron inmediatamente para mirar a León.
Algunos parecían sorprendidos.
Otros confundidos.
Cerca de él, Astoria Greengrass solo sonrió levemente, porque León ya le había contado la verdad.
León se puso de pie con calma.
—Presente, profesora.
McGonagall lo observó unos segundos más.
Luego simplemente asintió y marcó el nombre en la lista y continuó como si nada hubiera pasado.
Pero el silencio en el aula duró apenas unos segundos.
Luego comenzaron los murmullos.
—¿No se supone que el profesor Severus Snape tiene una hija?
—Entonces… ¿quién es él?
—¿Será un pariente?
—Tal vez su sobrino.
—Seguro el profesor Snape sintió lástima y lo adoptó.
Las voces se extendieron por toda la clase.
Minerva McGonagall no los interrumpió de inmediato.
En realidad, muchas de esas teorías coincidían con sus propios pensamientos.
Snape jamás había mencionado tener un hijo.
La profesora observó a León con atención.
Entonces León se puso de pie.
Su movimiento hizo que varios estudiantes dejaran de hablar.
—Soy el hijo biológico de Severus Snape —dijo con calma—. Así que acéptenlo.
El aula quedó en silencio otra vez.
Pero solo por un momento.
—¡Mentiroso! —dijo una voz desde la mesa de Slytherin.
Era Tiffany Selwyn, una compañera de casa.
Lo miraba con los brazos cruzados.
—No te pareces en nada a él.
Algunos estudiantes asintieron.
Era verdad.
León no tenía el rostro severo ni el cabello oscuro y grasoso del profesor Snape.
León no parecía intimidante en absoluto.
León respondió sin alterarse.
—La respuesta es simple.
Hizo una pequeña pausa.
—Salí a mi madre.
Hubo un momento de silencio… y luego varios estudiantes intercambiaron miradas.
La explicación tenía sentido.
En el escritorio, la profesora McGonagall finalmente levantó la mano para recuperar el orden.
—Silencio en clase.
Las conversaciones se apagaron de inmediato.
La profesora observó a León un momento más.
—Señor Snape… hablaremos después de clase.
Luego volvió a la lista.
Pero aunque la lección estaba a punto de comenzar, una cosa era segura:
Esta noticia no tardaría en escucharse por todo Hogwarts.
La profesora caminó frente al escritorio y tomó una pequeña caja de madera.
—Hoy veremos una de las aplicaciones básicas de la transfiguración —dijo con su voz firme—: de escarabajo a botón.
Colocó la caja sobre la mesa y la abrió.
Dentro había varios pequeños escarabajos que se movían lentamente.
Algunos estudiantes se inclinaron hacia adelante para mirar mejor.
—La transfiguración —continuó McGonagall— es una de las ramas más complejas y precisas de la magia. Un simple error puede provocar resultados… desagradables.
Algunos estudiantes tragaron saliva.
La profesora levantó su varita y señaló a uno de los escarabajos.
—Observen.
Con un movimiento elegante de su varita pronunció el hechizo.
"scarabaeo ad coniunctionem"
El escarabajo brilló durante un segundo… y en el lugar donde estaba apareció un pequeño botón negro perfectamente redondo.
La clase quedó impresionada.
—Ahora —continuó la profesora—. Intentarán hacerlo ustedes mismos.
Comenzó a repartir pequeños frascos con escarabajos a cada mesa.
—Recuerden: concentración, pronunciación correcta y un movimiento preciso de la varita.
Mientras caminaba entre las filas añadió:
—Si al final de la clase su botón todavía tiene patas… sabré que no se han concentrado lo suficiente.
Algunos estudiantes rieron nerviosamente.
Leon Snape observó el escarabajo en su frasco con calma.
A su lado, Astoria Greengrass miraba al suyo con cierta duda.
—No me gustan mucho los insectos —susurró.
León levantó su varita.
—Entonces será mejor transformarlo rápido.
Apuntó con precisión.
—"scarabaeo ad coniunctionem"
El escarabajo brilló por un instante.
Cuando la luz desapareció, en el frasco había un botón oscuro perfectamente formado.
Astoria abrió los ojos con sorpresa.
—¡Eso fue rápido!
La profesora McGonagall, que pasaba por detrás, observó el resultado.
Se detuvo un segundo.
Tomó el frasco y examinó el botón.
Luego levantó la mirada hacia León.
—Excelente trabajo, señor Snape.
Varias cabezas se giraron otra vez hacia él.
La profesora devolvió el frasco a la mesa.
Pero entonces Astoria consigui con éxito trasnformar su escarabajo a botón.
—Excelente trabajo, señorita Greengrass.
—Cinco puntos para Slytherin.
Los estudiantes comenzaron a intentar el hechizo mientras el aula se llenaba de pequeños destellos de magia.
—Cinco puntos para Gryffindor, Ginny Weasley habia conseguido transformar tambien con éxito su escarabajo.
En cambio, los otros… terminaban siendo botones con patas moviéndose.
Y en algunos casos, el escarabajo simplemente seguía siendo un escarabajo.
Cuando la campana anunció el final de la clase, el aula de Transfiguración se llenó inmediatamente de movimiento.
Los estudiantes comenzaron a guardar sus cosas con rapidez.
—¡Vámonos!
—Tengo que contar esto.
—¡Snape tiene un hijo!
En pocos segundos, los alumnos salieron casi corriendo del aula de Minerva McGonagall.
La noticia era demasiado grande como para guardarla.
Los pasillos de Hogwarts pronto estarían llenos de rumores.
Pero una persona permaneció en su asiento.
Leon Snape.
La profesora McGonagall cerró la puerta del aula con un suave movimiento de varita.
Luego caminó lentamente hasta su escritorio.
—Señor Snape —dijo con calma—. Me gustaría aclarar algo.
León se levantó respetuosamente.
—Sí, profesora.
McGonagall lo observó con atención durante unos segundos, ajustando ligeramente sus gafas.
—Hasta el año pasado, en los registros del colegio figuraba con otro apellido.
León asintió.
—Es correcto.
—Y ahora aparece oficialmente como Snape —continuó la profesora—. Lo que implica que el profesor Severus Snape reconoció formalmente su filiación.
León no dudó.
—Sí.
McGonagall caminó lentamente por el aula, pensativa.
—Debo admitir —dijo finalmente— que esto es… inesperado.
León permaneció en silencio.
La profesora se detuvo frente a él.
—Pero se que Severus es difícil, severo, pero le aseguro que es una buena persona, puede que no sea bueno expresándose, pero estoy segura de que siempre le deseara lo mejor.
León inclinó ligeramente la cabeza.
—Lo entiendo, profesora.
McGonagall lo observó unos segundos más.
Luego su expresión se suavizó apenas.
—Debo decir que su desempeño en la transfiguración fue excelente.
—Gracias respondio Leon
La profesora tomó un pergamino del escritorio.
—Puede retirarse, señor Snape.
León recogió sus cosas.
Pero justo cuando estaba por salir del aula, McGonagall habló otra vez.
—Ah… y señor Snape.
León se detuvo en la puerta.
—Sí, profesora.
—Sospecho que su padre recibirá muchas preguntas hoy.
León soltó una pequeña risa.
—Estoy seguro de eso.
McGonagall asintió.
—Puede retirarse.
León salió al pasillo.
Y apenas puso un pie fuera del aula, escuchó lo que ya esperaba.
Por todo el castillo, los estudiantes repetían la misma frase.
—¡Snape tiene un hijo!
La noticia se extendió por todo Hogwarts más rápido que cualquier lechuza.
Cuando llegó la hora del almuerzo, las mesas del Gran Comedor estaban llenas de conversaciones.
Pero en la mesa de Slytherin el tema era solo uno.
—Entonces… ¿de dónde salió León? —preguntó un estudiante.
—Dijo que es hijo biológico del profesor Severus Snape —respondió otro.
—Pero nunca se mencionó antes.
—Yo escuché algo —intervino un tercero—. Creció en un orfanato.
Eso provocó nuevas miradas entre los estudiantes.
—Entonces su madre debe ser muggle.
—Sí… tiene sentido.
—Claro —dijo otro con una pequeña sonrisa—. Porque… ¿quién más saldría con Snape?
Algunos soltaron pequeñas risas.
Pero esa misma frase no se quedó solo en la mesa de Slytherin.
Se repitió.
Primero en la mesa de Ravenclaw.
—Dicen que su madre era muggle.
Luego en la de Hufflepuff.
—Al parecer vivía en un orfanato.
Y finalmente en la mesa de Gryffindor.
—Tiene que ser muggle… ¿quién más saldría con Snape?
Las especulaciones recorrían todo el Gran Comedor.
Incluso los estudiantes de tercer año, que normalmente estaban preocupados por otras cosas, habían olvidado temporalmente sus problemas.
Las preocupaciones sobre las predicciones misteriosas de Trelawney y su clase en la torre habían quedado completamente en segundo plano.
Ahora todos tenían la misma pregunta:
¿Quién era la madre de León Snape?
Mientras tanto, sentado tranquilamente en la mesa de Slytherin, León comía como si nada ocurriera.
A su lado, Astoria Greengrass lo miró con una sonrisa divertida.
—Sabes que todo Hogwarts está hablando de ti.
León tomó un sorbo de jugo de calabaza.
—Lo imaginé.
