Tim estaba preparando el desayuno cuando se dió cuenta de que no tenían pan, suspiró y decidió salir por un poco.
-Kon, voy a ir por pan, no me tardo -Tim no esperó respuesta antes de cerrar la puerta e irse.
Kon apareció un poco después, el cabello mojado por la ducha, frunció el ceño y abrió la lacena, ahí había pan.
-¿Habré escuchado mal? -Kon tomó sus llaves y salió a buscar a Tim.
★★★
Tim salió con una bolsa recién hecha, por lo que estaba caliente, sonreía mientras revisaba algunas notificaciones en su celular.
Entonces lo sintió, algo que ya había olvidado después de que se ausentara por años. Un tirón, uno muy ligero.
-¿Tim? -Luego una voz.
Tim se congeló y dejó caer su celular, haciendo que esté se estrellara contra el suelo, su cuerpo empezó a temblar.
Se dió la vuelta mucho más lento de lo que quería, ahí, parado frente a él, estaba un rubio con ojos azules, mirándolo con una sonrisa tranquila.
«No, mierda no, tu no debías volver»
-B-Bernard... -Tim retrocedió un paso antes de volver a quedarse congelado.
La maldición se estaba aprovechando de su ansiedad.
-Sí, ha pasado mucho tiempo -Se acercó un poco -.¿Cómo has estado?
-No te acerques... -Tim había empezado a llorar.
«Es una pesadilla, es una maldita pesadilla» Su cuerpo empezó a temblar más, el aire no llegaba bien a sus pulmones, no podía enfocarse. Estaba teniendo un ataque de pánico.
-¡Tim! -Bernard lo atrapó antes de que Tim cayera, ayudándolo a deslizarse lentamente hasta el suelo -.Tim, respira, tranquilo, no pasa nada, respira conmigo, ¿Okey? -Bernard inhaló profundamente y exhaló -.Ahora tú
Tim entre temblores y poco control sobre sí mismo lo imitó, despacio, un poco tembloroso.
-Muy bien, una vez más -Ambos inhalaron al mismo tiempo y soltaron el aire, hasta que los temblores de Tim bajaron -.¿Estás bien?...
-Y-yo... No sé
-Ey, está bien, tuviste un ataque de pánico -Puso sus manos en sus hombros para darle firmeza -.¿Puedo preguntar por qué?
«Fue solo un sueño, Tim... Controlate» Negó con la cabeza y se rió un poco de sí mismo.
-Nada, una tonte-
-Tim -Drake sintió que un escalofrío le recorria el cuerpo.
Kon estaba parado a unos metros, mirando la escena, toda la terapia que había tomado para controlar sus inseguridades se desmoronó en un segundo.
-Kon... -Tim se levantó, el corazón retumbandole en los oídos. El olor a fresa picante de Coner apagándose lentamente.
-... Yo -Conner dió un pasó atrás, Tim sintió que su mundo se le estaba acabando -.Ya veo...
-No, Kon, espera, no es lo que crees -Dió un paso hacia él.
-¿Qué es lo que creo, Tim? -Conner dió un paso atrás.
Tim no podía entender lo que estaba pasando, estaban bien hace tan solo unos minutos y en un instante todo se estaba desmoronando.
-Yo solo lo encontré por casualidad
-¿Casualidad? Esto parece planeado...
-No, yo solo salí por pan
-Había pan en el departamento, más bien me parece una excusa que montaste
-¿Qué? -Tim retrocedió, había buscado bien, estaba seguro de que no había -.No, Kon
-Tim... -Soltó un suspiro tembloroso -.Lo entiendo... Es tu destino...
-No, Kon, por favor -Tim se acercó a Conner -.Escuchame...
«Se suponía que era una jodida pesadilla, que solo era una maldita pesadilla»
Conner se dió la vuelta, dándole la espalda, Tim sintió la ansiedad intentando frenarlo, sin saber que la maldición manejaba los hilos, pero se obligó a avanzar.
-Conner, por favor... Te amo -Dijo en una última súplica para que Conner no lo abandonara.
-Eso ya no basta -Y con esto el kriptoniano se fue.
Tim sintió que su corazón se hacía añicos y que le era arrancado del pecho. Se dejó caer de rodillas y golpeó el suelo.
-Mierda -Murmuró mientras las lágrimas salían sin control.
-... Lo siento -Dijo Bernad acercándose y dándole la bolsa de pan.
Tim lo miró un momento antes de arrebatarsela de las manos y darle la espalda.
-Lo arruinaste todo -Le dijo antes de irse.
Bernard se quedó congelado un momento en el lugar, luego miró a la dirección donde se había ido Conner.
Bajó la cabeza, sintiendose culpable, simplemente había sentido que algo lo había atraído a ese lugar, de saber lo que provocaría nunca hubiera pisado ese sitio. Pero no era su culpa.
La maldición había usado el destino para romper un corazón.
