Estoy caminando por lugares que, sin bromear, parecían los restos de una guerra.
Caminé, acostumbrándome poco a poco a este cuerpo, notando cómo parecía adaptarme más rápido cada vez que avanzaba. Bueno, si esta era mi regla, tenía que acostumbrarme.
"Claro", murmuré, sin dirigirme a nadie en particular, mientras algunas lágrimas seguían cayendo. Las dejé fluir, simplemente, mientras caminaba hacia un punto fijo, concentrándome en avanzar a pesar de todo.
Pronto llegué a una estructura que me resultaba familiar y, a la vez, completamente desconocida.
"Un portal", dije mientras observaba aquel enorme arco que había visto tantas veces en la serie... y aún así me parecía tan extraño.
Lo miré fijamente durante casi media hora. No porque no supiera cómo usarlo, sino porque estaba en shock. Cada detalle, cada pequeño elemento que recordaba de la serie —que para ser sincera solo eran dos o tres cosas— me hacía sentir cada vez más atrapada en la locura de mi mente.
"Gema... gema... sí, gema", repetí, intentando acostumbrarme a llamarme así. Probablemente me llevaría tiempo. Aunque, sin nadie alrededor, sinceramente no veía nada de malo en decirlo.
Literalmente, si mis funciones no me fallaban —y sí, habían fallado al formarme— bueno, dejando eso de lado, avancé hacia el portal y me posicioné justo encima. Y entonces... bueno, sucedió algo que no esperaba.
Sentí tanta información en mi cabeza. Múltiples lugares aparecían frente a mí, lugares que sabía que existían, pero que no recordaba de dónde los había aprendido. Bueno, en realidad sí lo sabía: era toda la información básica sobre las instalaciones previstas por el planeta madre.
Y simplemente fui al lugar más clave de todos los momentos: las instalaciones de información.
Con un sonido brillante y un destello de luz, me teletransporté.
Al llegar, noté lo obvio: el lugar prácticamente había sido abandonado. Miré a los alrededores, confundido. Sí, me refería a mí como hombre, porque aunque mi aspecto ahora era femenino, en mi alma —o gema, o lo que sea— seguía siendo un hombre.
Mientras avanzaba, retirando algunas plantas y elementos que parecían haber sido dominados por la naturaleza de este planeta, noté símbolos que me resultaban familiares. No los miré con atención; solo fueron reflejos. Y entonces, por instinto, mi gema comenzó a iluminarse.
...
Me quedé en silencio mientras la luz de mi gema se proyectaba hacia la pared, haciendo que todo el lugar pareciera tener algo más de vida.
"Gracias", susurré, sin estar seguro de si eso era lo correcto. Aun así, memoricé la sensación de la luz brillante, por si alguna vez necesitaba recordarla.
Caminé lentamente, observando cómo las paredes se volvían lisas, y algunas conservaban estructuras que reconocí como formas de la era en la que se suponía que debía haber salido. Sin embargo, viendo esto, supuse que no era tan reciente como yo; por razones obvias, este lugar llevaba allí mucho tiempo.
Caminé por varios lugares, siempre buscando la cabina base donde debería estar asignada yo, o al menos algún lugar que me permitiera obtener información sobre mí misma y sobre la fecha.
Y finalmente llegué... bueno, llegué a la puerta.
"Reconozco estos símbolos", dije, obviamente hablando para que el silencio del lugar no me consumiera y me arrastrara aún más hacia la locura.
Abrí la puerta con fuerza, sorprendiéndome a mí misma por la fuerza que tenía.
"Vaya", murmuré mientras miraba mis manos, observando cómo había partido la puerta sin problema.
"Bueno... soy una Silica de trabajo, es obvio que debería tener fuerza", me recordé, negando con la cabeza mientras intentaba mantenerme ocupada. Caminé hacia la cabina, notando que, como todo en este lugar, estaba apagada y sin señales de vida.
Suspiré.
Mis ojos se posaron en un lugar específico, donde la información que había recibido en mi mente indicaba que había algo que debía revisarse o arreglarse.
Me incliné hacia un lado de la cabina y, por instinto, presioné un botón. De inmediato, del lugar surgieron partes robóticas, similares a las que recordaba de Peridot.
"¿Eh?", dije, sin entender de dónde habían venido esos reflejos automáticos.
"Vaya... tan defectuosa no estoy", murmuré mientras tomaba una de las manos robóticas de la cabina y la colocaba sobre la mía.
Noté que, por obvias razones, la mano no me quedaba perfectamente, ya que mi estatura base era un poco más pequeña que la de una Silica normal. Aun así, no me estorbaba demasiado; podía adaptarme y trabajar con ella.
Caminé hacia un punto específico del suelo y di una serie de golpes que solo una Peridot o una Silica recordaría.
Tres golpes.
El suelo se abrió.
Suspiré y tomé aire antes de entrar. Era la primera vez que hacía algo así, así que decidí simplemente tener un poco de fe, aunque no estaba segura de en qué exactamente.
Mientras descendía, noté que algunas luces de emergencia seguían activas. Eso era una buena señal. La mala era ver la fuente de energía completamente desconectada, con varias partes visiblemente averiadas.
Negué con la cabeza mientras observaba fijamente la fuente de energía, que debería estar brillando con intensidad, pero que por alguna razón —X o Y— no lo hacía.
Rápidamente empecé a desarmarla, sin notar en qué momento todo esto comenzó a hacerse por reflejo. Mis manos se movían solas, como si ya supieran exactamente qué hacer.
¿Horas? ¿Días? No estaba segura. En realidad, fueron semanas. Semanas intentando activar algo desde cero, reconstruyendo lo que podía con piezas viejas y sistemas incompletos. La fuente de energía claramente necesitaba algo más.
Una fuente de diamante.
Algo que, sinceramente, sabía dónde conseguir. En la guardería beta. Sí, así se llamaba. El lugar donde había nacido... o al menos esa era la información que había decidido ignorar por el bien de mi salud mental.
Aun así, no tuve otra opción. Rápidamente comencé a desarmar varios inyectores que aún contenían un poco de esencia de diamante. Poco a poco, fui llenando varios galones, siguiendo conocimientos que, si alguien me preguntara de dónde los había sacado, solo podría responder algo como:
"Me lo soñé, causa."
Negué con la cabeza mientras la locura de estar solo comenzaba a consumirme cada vez más. Aun así, seguí trabajando, terminando lo que podía... o al menos haciendo todo lo posible con lo poco que tenía.
Luego de lo que parecieron dos meses... es raro contarlo, aunque lo hago mentalmente por reflejo. Un dato para ustedes: las Silicas tenían todo medido y cronometrado; si se tardaban demasiado en completar algo, podía ser un problema tanto para los jefes de mando como para ellas mismas.
Me sacudí, intentando librarme de toda esa información que me abrumaba. Miré mis manos, que se habían transformado en taladros y martillos. Si las Bismutos pudieron, ¿por qué yo no? Aunque, claro, había sido difícil.
Negando con la cabeza mientras recordaba todo, noté que solo me faltaba presionar un cable para que todo estuviera hecho.
Con miedo, caminé cinco pasos hacia atrás, estiré mi mano como si fuera gelatina y logré que los dos cables se conectaran.
Rápidamente corrí hacia un lugar seguro, el que siempre tenían estas bases, y miré con temor, esperando que nada hubiera fallado.
Hasta que una voz me sacó de mi locura:
"Energía restablecida. Gracias a la orden 33421XPos. En breves volveremos a la marcha de la digna colonia Diamante."
...
...
...
"¿Lo hice?", dije, sorprendido.
"¿Lo hice!?", repetí, y luego grité: "¡LO HICE!"
Jajaja, empecé a reír mientras saltaba de alegría. Observaba con asombro cómo todo el lugar comenzaba a iluminarse, cómo algunas cosas que antes parecían inservibles ahora se recomponían, haciendo que abriese los ojos con admiración mientras veía cómo todo el entorno volvía a la vida, más vibrante que nunca.
Empecé a llorar mientras subía con ánimo hacia la tableta de control, pero un sonido me hizo detenerme en seco.
"Identificando gema", se escuchó una voz robótica, similar a la de las Perlas.
Luego de unos segundos tensos, la voz volvió a sonar:
"Bienvenida, mi Silica F23X. Espero no haberle ocasionado disturbios durante mi momento de falla. Estoy a su disposición para servirle en todo lo que pueda."
Y así, sin más, el escáner se detuvo. Yo me quedé ahí, completamente confundido. Eso no debería haberse activado... pero decidí no darle demasiada importancia. Caminé y me senté en el único asiento que había en la sala.
Abrí los ojos al ver la cantidad absurda de información que habitaba aquel lugar. Demasiada. Así que me obligué a concentrarme en algo específico.
Planeta.
Fecha.
¿Qué pasó aquí?
Sumergí mis manos en la consola y sentí cómo mi mente se entumecía. Miles de datos comenzaron a aparecer directamente en mi gema. Lastimosamente, sabía que los recordaría por toda la eternidad... o hasta ser roto. Una de dos.
Saqué las manos de inmediato. Primero lo primero.
Ya estábamos en la Era 2. El lugar había sido abandonado luego de que algunos orgánicos se volvieran agresivos y, además, la rebelión de Diamante Rosa requería recursos urgentes. No podían permitirse mantener este planeta.
Me llevé las manos a la boca mientras miraba la fecha.
Si mis recuerdos no me fallaban, y los datos de aquí tampoco, debería estar a unos... ¿qué? ¿Tres mil años? ¿Mil quinientos? Antes del canon.
Me quedé mirando por la ventana de la cabina con una expresión clara de confusión absoluta, pensando seriamente qué demonios iba a hacer con mi vida.
...
...
Más lágrimas cayeron, pero estas eran diferentes. No muchas, pero sí de alivio. De una alegría tenue, contenida.
¿Por qué? Bueno... Rosa Cuarzo ya estaba en el planeta. Solo necesitaba llegar a la Tierra, porque ni bromeando me quedaría encerrado en este planeta muerto. Y si los datos no mentían, los nativos habían hecho que la Tierra fuera infértil para nosotros, arruinando por completo los planes del Planeta Madre y causando la muerte de miles de gemas.
Incluso yo aparecía registrada como muerta... junto a mi Lápiz, quien debió emerger al mismo tiempo que yo.
Mi mano quedó apoyada en mi barbilla mientras observaba, con los ojos bien abiertos, cada fragmento de información que seguía apareciendo en mi gema.
"Extraño", dije mientras miraba a los alrededores, hasta que algo llamó mi atención.
Una serpiente verde, enorme, con burbujas incrustadas en su espalda, se tragó un árbol de al menos ciento veinte metros como si no fuera nada.
...
...
Me quedé observando fijamente aquella abominación mientras desaparecía de nuevo bajo la tierra, como si nunca hubiera estado allí.
"Bueno... sí afectó bastante al planeta", murmuré, sintiendo cómo mis manos temblaban por el miedo que me había provocado ver esa cosa.
Negué con la cabeza y, antes de ponerme a llorar otra vez, fijé la vista en un dato clave que apareció entre toda la información.
Naves espaciales.
Había algunas pequeñas, que honestamente me servirían bastante. Eran antiguas y no tenían rastreadores integrados. Podría quitárselos fácilmente... aunque qué flojera. Además, esas naves siempre funcionaban mejor con una Silica al mando. Por eso este planeta estaba repleto de Silicas en primer lugar.
Miré mi reflejo, notando lo diferente que era mi vida anterior comparada con esta. En ninguna de las dos formas encajaba realmente en el mundo. Antes era un humano débil, sin propósito, más allá de trabajar como burro. Ahora era alguien que había salido adelante casi por milagro, aunque con imperfecciones claras.
Aun así...
Miré mi cuerpo, delgado, más práctico para el combate.
"Me gusta más así", pensé, aunque admití que si se viera un poco más masculino sería mejor.
Pero mi configuración era clara: no se podía. Las gemas tenían una forma predeterminada, prácticamente imposible de cambiar... a menos que fueran defectuosas. Es decir, que la gema estuviera rota.
Negué con la cabeza mientras miraba hacia los paneles, junto a mi nuevo objetivo.
Crear una nave mejor y más productiva. Sentía que podía hacerlo... solo que me llevaría tiempo. Pero prefería tener algo hecho por mí antes que depender de algo de la colonia que me había abandonado.
"Además... armas. No te olvides de las armas, Justin", murmuré mientras recapacitaba para mí mismo.
Ni siquiera recordaba haberme llamado así alguna vez... aunque daba igual. "Silica", me dije. Sí, daba igual. No vi a ninguna otra en la serie; seguramente había una razón para eso.
Un suspiro escapó de mi boca mientras observaba al frente con determinación, pequeñas lágrimas cayendo aún por mis mejillas.
"Planeta Tierra... ahí voy."
Fin Capítulo 2.
