El amanecer en el País de las Olas era gris. No había sol, solo una transición gradual de negro a blanco lechoso a través de la niebla.
Naruto se había despertado antes que los demás.
O mejor dicho, no había dormido realmente.
Su cuerpo exigía descanso tras el sobreesfuerzo de chakra de los días anteriores, pero su mente estaba inquieta.
La sensación de que su espada era "insuficiente" le picaba en la nuca.
Caminó hacia el bosque, buscando hierbas medicinales.
No para él —su sangre lo curaba todo—, sino para mantener su coartada de "buen compañero de equipo" y preparar ungüentos para Sasuke y Sakura.
Fue allí donde lo encontró.
Haku estaba agachado entre los arbustos, recogiendo plantas con una delicadeza femenina. No llevaba la máscara de cazador. Llevaba un kimono rosa sencillo y el cabello suelto.
Para cualquier ojo normal, era una chica hermosa. Para Naruto, era una señal de radar.
Thump-thump.
El Mandato de Sangre vibró en el esternón de Naruto. No era la alerta de combate. Era la misma resonancia que había sentido en el bosque días atrás. Un reconocimiento de similitud genética.
Naruto no se escondió. Pisó una rama seca a propósito. Crac.
Haku se giró. Sus ojos eran marrones, suaves y amables. —Oh. Hola. Eres madrugador.
Naruto se quedó quieto, con las manos en los bolsillos. —Tú también.
Haku sonrió. —Estoy recogiendo hierbas para curar a alguien importante para mí.
Naruto lo observó.
No había hostilidad en Haku.
No había intención asesina.
Pero su chakra estaba allí, bajo la piel, frío y cristalino como el hielo.
—Alguien importante... —repitió Naruto. Su voz perdió el tono chillón. Se volvió baja, ronca—. Quieres decir tu amo.
La sonrisa de Haku vaciló un milisegundo, pero se mantuvo. —Mi persona preciosa —corrigió Haku—. ¿Tú tienes a alguien así? ¿Alguien por quien darías tu vida sin dudarlo? ¿Alguien que le da sentido a tu existencia?
Naruto pensó en Iruka. Pensó en el viejo Hiruzen. Luego pensó en sí mismo, en el arma que estaba construyendo, en la soledad necesaria para ser fuerte.
—Tener a alguien así te hace débil —dijo Naruto. No era un ataque. Era una observación técnica.
—Te equivocas —respondió Haku, levantándose. Su presencia era etérea, casi fantasmal—. Cuando tienes a alguien importante que proteger, es cuando te vuelves verdaderamente fuerte.
Naruto negó con la cabeza, mirando al suelo. —Si te conviertes en una herramienta para otro, dejas de ser tú mismo. Y cuando esa persona muera... te romperás.
Haku recogió su cesta.
Caminó hacia Naruto y se detuvo a su lado.
Por un segundo, dos niños rotos, dos armas vivientes, estuvieron hombro con hombro en el silencio del bosque.
—Yo ya estoy roto —susurró Haku—. Solo soy útil mientras él me use.
Haku se alejó, desvaneciéndose en la niebla como un espíritu.
Naruto se quedó solo. Se tocó el pecho. La vibración de su sangre era triste, un acorde menor en una sinfonía de violencia.
—Ese niño camina hacia su final —dijo Kurama. Su voz no tenía burla. Tenía la solemnidad de un anciano viendo caer una hoja en otoño. —Ha aceptado su muerte. Solo está esperando el lugar y la hora.
—Lo sé —dijo Naruto—. Huele a despedida.
Horas más tarde, el sol intentaba perforar la niebla sin éxito.
Tazuna, Kakashi, Sakura y Sasuke llegaron al puente a medio construir. El lugar estaba en un silencio sepulcral. Los trabajadores que debían estar allí no estaban.
—Algo va mal —dijo Kakashi, levantando su protector de frente.
La niebla se espesó de golpe. Se volvió blanca, opaca, cegadora.
—Sasuke, Sakura, formación Manji alrededor de Tazuna —ordenó Kakashi.
Los dos Genin obedecieron. Sasuke desenvainó un kunai, sus ojos moviéndose frenéticamente.
—Oye, Kakashi... —dijo Sasuke, notando el hueco en la formación—. ¿Dónde está el idiota?
Kakashi miró hacia atrás. Naruto no estaba.
En la casa de Tazuna, Naruto seguía durmiendo.
Su sistema nervioso, tras el encuentro con Haku y el estrés acumulado de mantener su sangre bajo control, había forzado un apagado de emergencia. Un "reinicio" biológico. Naruto no estaba allí para cubrirles la espalda.
Una risa fría resonó en todas direcciones.
—Lamento la espera —dijo la voz de Zabuza—. Veo que traen a los niños de nuevo. Pero falta uno... el que temblaba tanto. ¿Huyó?
—Naruto no huye —dijo Sakura, con voz temblorosa pero firme.
Zabuza emergió de la niebla frente a ellos.
A su lado, estaba el cazador enmascarado.
Haku.
Ya no llevaba el kimono rosa.
Llevaba su uniforme de combate y la máscara de porcelana.
La conversación del bosque había sido borrada. Ahora solo eran enemigos.
—Kakashi... —gruñó Zabuza, levantando su espada gigante—. Esta vez, tú eres mío. Haku, encárgate de los mocosos.
—Entendido —dijo Haku.
Zabuza se lanzó contra Kakashi. El choque de metal y chakra sacudió el puente. Kakashi sabía que no podía usar el Sharingan por mucho tiempo. Tenía que acabar rápido.
Mientras tanto, Haku avanzó hacia Sasuke. —No quiero matarlos —dijo Haku—. Por favor, entréguenme al constructor y váyanse.
Sasuke sonrió con arrogancia. Su ego Uchiha se encendió. —¿Tú? ¿Contra mí? No me hagas reír.
Sasuke atacó. Era rápido. Había mejorado en la última semana. Su velocidad rivalizaba con la de Haku en el combate cuerpo a cuerpo inicial. Sasuke logró patear a Haku, haciéndolo retroceder.
—¡Soy más rápido que tú! —gritó Sasuke, eufórico.
Haku se levantó lentamente. —Ya veo. Tienes talento.
Haku hizo una señal con una sola mano. El aire se congeló. La temperatura bajó diez grados en un segundo.
—Entonces, tendré que ser un poco más serio.
Sasuke se preparó, confiado. No sabía que estaba a punto de entrar en un infierno de hielo. Y Naruto, el único que entendía la verdadera naturaleza de Haku, no estaba allí para advertirle.
En la casa de Tazuna, los ojos de Naruto se abrieron de golpe. Su sangre le dio un aviso punzante.
La batalla ha empezado.
—Llegas tarde, héroe —se burló Kurama.
Naruto saltó de la cama, agarró su banda y su espada barata.
Salió por la ventana sin tocar el marco.
—No soy un héroe —pensó Naruto, corriendo hacia el puente con una velocidad que ningún Genin debería tener—. Soy el equipo de limpieza.
