La mañana del primer día en la UA llegó demasiado rápido.
El uniforme le quedaba un poco rígido, como si aún no le perteneciera.
Izan se miró al espejo, acomodándose el cuello de la chaqueta.
—Te ves raro —murmuró—. Como alguien responsable.
Se colgó los auriculares al cuello y salió.
La entrada de la UA estaba llena de voces, risas nerviosas y estudiantes que miraban el edificio como si fuera un sueño gigante de concreto.
Izan caminó entre ellos, con las manos en los bolsillos.
Entró al aula y eligió un asiento cerca de la ventana.
—Buen lugar —dijo para sí.
La puerta se abrió.
El chico de cabello verde entró mirando alrededor como si estuviera en otro mundo.
—Oye —dijo Izan—. Tú eres el del robot gigante, ¿no?
El chico se sobresaltó.
—¡S-sí! Digo… soy Midoriya.
—Izan —respondió—. Buen salto ese día.
Midoriya se puso rojo.
—G-gracias.
La puerta se abrió de golpe otra vez.
—¿Esta es la clase 1-A?
Izan reconoció la voz.
El rubio del examen.
—Parece que sí —dijo—. Bienvenido al club.
Bakugo lo miró de arriba abajo.
—¿Y tú quién eres?
—El que estaba ahí cuando empujaste al chico verde —respondió Izan con calma.
Bakugo chasqueó la lengua y se fue a otro asiento.
—Genial —murmuró Izan—. Empezamos bien.
La puerta del aula se abrió con un sonido seco.
Aizawa entró arrastrando los pies, la bufanda colgándole como si fuera parte de su sombra.
—Soy Aizawa. Su profesor —dijo sin levantar la voz—. Si se demoran, se quedan atrás.
No hubo tiempo para preguntas.
Cinco minutos después, el grupo estaba en el campo de entrenamiento.
El viento movía la hierba y el sol caía directo sobre las líneas blancas marcadas en el suelo. Algunos estudiantes se estiraban nerviosos, otros miraban alrededor como si esperaran que algo saltara de entre los edificios falsos.
Aizawa levantó una pelota amarilla.
—Prueba de dones. Carrera, fuerza, lanzamientos —enumeró—. El último lugar…
Hizo una pausa.
—…queda fuera.
—¿¡QUÉ?! —gritó la clase al unísono.
Izan parpadeó.
—Empezamos suave, veo —murmuró.
—Bakugo —dijo Aizawa—. Primero.
Bakugo dio un paso al frente con una sonrisa torcida.
—Con gusto.
Tomó la pelota, apretó el puño y, en el siguiente segundo, una explosión sacudió el aire. El sonido retumbó en el campo.
La pelota desapareció en el cielo, convertida en un punto diminuto.
—¡¿ESO VALE?! —gritó alguien desde atrás.
Izan silbó por lo bajo.
—Sí… eso definitivamente vale.
Las pruebas siguieron una tras otra.
Carreras donde algunos corrían como atletas y otros como si el suelo se moviera bajo sus pies. Saltos que dejaban marcas en la arena. Pruebas de fuerza que hacían crujir las máquinas.
Cuando fue el turno de Izan, respiró hondo.
Pensó en la meta.
El mundo se estiró.
Por un segundo, su cabello se volvió rojo.
Apareció varios metros adelante.
—…Tch. Otra vez me pasé —murmuró, girándose para volver a la línea.
Aizawa lo observó sin decir nada, pero sus ojos no se apartaron de él.
Izan no destacaba como Bakugo.
No fallaba como otros.
Siempre en medio. Siempre donde hacía falta.
Entonces llegó el turno de Midoriya.
El chico de cabello verde apretó la pelota con ambas manos.
—Yo… yo puedo.
La lanzó.
Voló, sí.
Pero no tanto como esperaba.
Aizawa lo miró fijo.
—Estoy borrando tu don ahora mismo.
Midoriya se quedó rígido.
—¿E-Eraserhead…?
Aizawa dio un paso hacia él.
—¿Vas a romperte cada vez que uses tu poder? —preguntó—. Así no llegas lejos.
Izan cruzó los brazos.
—No se anda con rodeos —murmuró.
—Otro intento —añadió Aizawa.
Midoriya miró su mano. Tragó saliva. Levantó un solo dedo.
—¡AH!
La explosión fue pequeña, pero precisa.
La pelota salió disparada como un misil, perdiéndose en la distancia.
Midoriya cayó de rodillas, sujetándose el dedo.
—¡P-Puedo seguir!
El campo quedó en silencio.
Izan sonrió de lado.
—Eso sí fue mejor.
Bakugo apretó los dientes.
—¿Qué fue eso…?
Avanzó con chispas saltando de sus manos.
—¡EXPLÍCATE!
Izan se movió antes de pensarlo.
En un parpadeo, apareció frente a Bakugo y le agarró las muñecas, deteniendo las explosiones en seco.
—Ya basta —dijo con voz firme—. Estás en clase, no en una pelea.
Bakugo gruñó.
—¡Suéltame!
La bufanda de Aizawa salió disparada como una serpiente y lo estampó contra el suelo.
—Siéntate.
—¡Tch!
Izan levantó una ceja.
—Rápido el profe.
Aizawa revisó su tableta.
—Midoriya. Último lugar.
Midoriya bajó la cabeza.
Izan sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Pero no te vas —añadió Aizawa—. Era una prueba.
—¡¿QUÉ?! —gritó la clase.
Izan se dejó caer en el pasto, mirando el cielo.
—Lo sabía. Demasiado drama para ser real.
—Midoriya —continuó Aizawa—. A Recovery Girl. Ahora.
—¡S-Sí, señor! —Midoriya salió corriendo.
Más tarde, en la salida de la UA, Midoriya alcanzó a Iida y Uraraka.
—¡E-Esperen!
—¡Buen trabajo hoy! —dijo Uraraka con una sonrisa.
—Tu progreso es notable —añadió Iida, ajustándose las gafas.
Izan caminaba unos pasos atrás.
Midoriya se giró al verlo.
—Oye… ¿cómo hiciste eso con Bakugo?
Izan se encogió de hombros.
—Si algún día lo descubro, te aviso.
Bakugo pasó a su lado sin mirarlos.
—Tch.
