Nota del compilador
El registro que sigue corresponde a los días inmediatamente anteriores al momento en que la población general comenzó a cuestionarse si algo estaba ocurriendo realmente.
No existe una fecha precisa asociada a este archivo.
Los registros previos a este punto son escasos y, en su mayoría, incoherentes. Muchos consisten en grabaciones breves sin contexto, fragmentos aislados de la vida cotidiana o archivos que fueron descartados por considerarse irrelevantes. En ese momento, no existía conciencia alguna sobre el desenlace que se aproximaba.
El tiempo hizo su trabajo.
Archivos borrados.
Dispositivos dañados.
Registros sobrescritos o abandonados.
Por esa razón, el material disponible de este período es limitado.
No puedo ofrecer más detalles sobre lo ocurrido antes.
No estuve allí.
Nací después de los eventos.
Lo que sigue es uno de los pocos registros visuales que sobrevivieron completos del período inmediatamente anterior al quiebre.
[Archivo 06 – Grabación aérea / Origen desconocido]
El metraje comienza sin introducción.
No se escuchan voces humanas.
No hay comentarios.
No hay música.
Solo el ambiente.
La cámara de un dron se desplaza a una altura moderada sobre un bosque inmenso. Abajo, la taiga siberiana se extiende hasta donde alcanza la vista: árboles altos y densos, troncos oscuros, copas cerradas que apenas permiten ver el suelo. La luz es fría, difusa, filtrada por una capa constante de nubes bajas.
Durante varios minutos, no ocurre nada fuera de lo común.
El dron avanza de forma estable, describiendo un recorrido amplio y continuo. En el suelo, ocasionalmente se distinguen animales propios de la región: pequeños mamíferos desplazándose entre la vegetación, aves levantando vuelo al paso de la sombra mecánica.
Todo parece normal.
De pronto, el movimiento del dron cambia.
La cámara gira levemente hacia la derecha y desciende unos metros, como si quien lo controlara hubiera detectado algo fuera de cuadro. El desplazamiento deja de ser automático y se vuelve intencional.
El dron avanza hacia una zona donde los árboles se separan ligeramente.
Entonces, algo cruza el encuadre.
No se distingue con claridad. La figura aparece solo unos segundos, parcialmente oculta por la vegetación. Se mueve con rapidez, a dos patas, más alta que un ser humano promedio, con un desplazamiento ágil y antinatural para cualquier animal moderno de la región.
La silueta es alargada.
La cabeza se proyecta hacia adelante.
Los brazos son cortos, recogidos contra el cuerpo.
La criatura corre entre los árboles sin emitir sonido audible, perdiéndose rápidamente en la espesura.
El dron intenta seguirla. La cámara desciende un poco más, pero la figura ya no está. Solo quedan ramas agitadas y el bosque cerrándose nuevamente sobre sí mismo.
Tras unos segundos de búsqueda infructuosa, el dron se eleva.
El recorrido continúa.
No hay más anomalías.
El archivo termina sin cortes abruptos.
Nota del compilador
Este registro no fue analizado en profundidad en su momento.
No se le dio un nombre.
No se le asignó una categoría.
No fue considerado prueba de nada.
Hoy, al revisarlo con el contexto que poseemos, resulta imposible no reconocerlo como uno de los primeros registros visuales claros de una presencia que no debería haber estado allí.
No fue el inicio del fenómeno.
Pero fue una confirmación temprana.
Para cuando este tipo de imágenes comenzaron a circular con mayor frecuencia, ya era demasiado tarde para preguntarse qué estaba ocurriendo.
La pregunta correcta habría sido otra:
¿cuánto tiempo llevaba ocurriendo sin que lo notáramos?
Reconocer no es aceptar
Nota del compilador
El registro que sigue fue grabado poco tiempo después de que el metraje aéreo comenzara a circular en espacios reducidos de internet.
No fue una noticia.
No apareció en medios oficiales.
Se compartió en foros, grupos cerrados y canales secundarios.
Decidí incluir este archivo porque conecta dos líneas que, hasta ese momento, parecían independientes:
la aparición de registros visuales imposibles y la reacción inmediata de quienes aún vivían dentro de la normalidad.
Matías y Sebastián no eran conscientes de estar presenciando un punto de inflexión.
Solo discutían un video más.
[Archivo 07 – Interior / Tarde]
La grabación comienza de forma abrupta.
La cámara está apoyada sobre una superficie inestable. El encuadre muestra la mitad de la habitación de Sebastián. La luz entra por la ventana, apagada por nubes densas. El computador está encendido; en la pantalla, el metraje del dron se encuentra pausado.
—Te digo que no es normal —dice Sebastián, con la voz tensa—. No es un pájaro. No es un animal actual.
—Es un video borroso —responde Matías, desde fuera de cuadro—. Todo se ve raro si lo grabas desde un dron.
Sebastián avanza el video cuadro por cuadro.
—Mira la postura —dice—. Se mueve completamente erguido. El centro de masa está sobre las caderas, no inclinado hacia adelante como un oso o un alce.
—Podría ser una persona —contesta Matías—. Alguien corriendo.
Sebastián niega con la cabeza.
—No corre como una persona. La zancada es distinta. Es más elástica. Y mira la proporción.
Amplía la imagen todo lo que puede sin perder definición.
—Las piernas son largas en relación al torso. Los brazos son cortos, casi pegados al cuerpo. No hay balanceo humano.
Matías se cruza de brazos.
—Igual podría ser alguien con un traje raro.
—¿En medio de la taiga siberiana? —pregunta Sebastián—. ¿Solo? ¿Sin que nadie más aparezca?
Matías no responde de inmediato.
Sebastián respira hondo.
—No digo que sea eso —aclara—. Pero si tuviera que compararlo con algo…
Se detiene un segundo.
—Se parece a un Troodon.
Matías suelta una risa corta.
—Claro. Un dinosaurio. Obvio.
—Escúchame —dice Sebastián, girándose hacia él—. El Troodon no es como el T-Rex que todos imaginan. Era pequeño, ligero. Más o menos del tamaño de una persona, quizás un poco más alto. Tenía patas largas, hechas para correr. Y lo más importante…
Vuelve a señalar la pantalla.
—Tenía uno de los mayores índices de encefalización entre los dinosaurios no avianos. En proporción a su cuerpo, su cerebro era grande. Muy grande.
—¿Me estás diciendo que era inteligente? —pregunta Matías, con ironía.
—Estoy diciendo que, si algo así se moviera hoy, no lo haría torpemente —responde Sebastián—. Y esto no se mueve torpemente.
Matías se acerca a la pantalla.
—Sebastián… —dice—. Mira la calidad. Mira el zoom. Esto podría ser IA. O alguien editando por encima. Hoy en día puedes hacer que un dragón vuele sobre Santiago si sabes usar bien un programa.
—Sí —admite Sebastián—. Podría.
—Entonces ya está —dice Matías—. Caso cerrado.
Sebastián vuelve a reproducir el clip a velocidad normal.
—Lo que me inquieta —dice, más bajo— es que nadie está intentando llamar la atención con esto. No hay música. No hay títulos. No hay "suscríbete". Solo está ahí.
Matías se encoge de hombros.
—Capaz que el tipo ni se dio cuenta.
—Exacto —responde Sebastián.
Se quedan en silencio unos segundos, observando el bosque congelado en la pantalla.
—Además —añade Matías—, si fuera real… alguien más lo habría visto. Habría más videos claros. Noticias. Algo.
Sebastián asiente lentamente.
—Eso pensaba yo también.
La cámara sigue grabando. Ninguno de los dos habla.
Finalmente, Matías rompe el silencio.
—Igual… —dice—, si de verdad fuera lo que dices… sería imposible.
Sebastián no lo mira.
—Eso es lo que más me preocupa.
El archivo termina.
Nota del compilador
Reconocer una forma no implica aceptar su existencia.
Durante semanas, este fue el límite que la mayoría no estuvo dispuesta a cruzar. Mientras algo pudiera ser explicado como falso, borroso o improbable, el mundo seguía siendo comprensible.
La negación no fue ignorancia.
Fue un mecanismo de defensa.
Cuando incluso ese mecanismo dejó de funcionar, ya no quedó espacio para la duda.
El momento en que dejó de ser una teoría
Nota del compilador
El registro que sigue corresponde al primer avistamiento directo ampliamente documentado.
No provino de una institución científica.
No fue confirmado por autoridades.
No fue tratado con seriedad en su origen.
Fue transmitido en vivo.
El autor del registro era un creador de contenido conocido dentro de su plataforma. No utilizo su nombre real aquí; me referiré a él como R.. El archivo original fue eliminado poco después de su publicación inicial. Lo que se conserva es una copia parcial, descargada por terceros antes de que fuera retirada.
El resto del metraje no pudo ser recuperado.
[Archivo 08 – Transmisión en vivo / Exterior / Noche]
La imagen comienza con una cámara frontal inestable. Se escuchan risas, respiraciones agitadas y el crujido de hojas secas bajo los pies.
—Chat, en serio —dice una voz masculina, divertida—. Si hoy encontramos un dinosaurio, me rapo.
Risas de fondo.
La cámara gira y muestra a tres personas más caminando entre árboles. Llevan linternas, mochilas pequeñas, teléfonos en la mano. El entorno es un bosque cercano a una zona urbana de Estados Unidos; se distinguen luces lejanas filtrándose entre los troncos.
—Todo esto es por ese video raro de Rusia —continúa R.—. La gente cree cualquier cosa hoy en día.
—Literalmente cualquier cosa —responde uno de los acompañantes—. Mañana alguien va a decir que vio un dragón.
—Ojalá —dice otro—. Tendríamos contenido.
Risas.
Caminan sin rumbo fijo. La transmisión avanza entre bromas, comentarios al chat y referencias constantes a los videos que circulan en internet. No parecen preocupados. El tono es ligero.
Tras aproximadamente una hora, el grupo se detiene.
—¿Escucharon eso? —pregunta uno de ellos.
El sonido es tenue. Un chasquido breve, casi imperceptible, proveniente de los arbustos a un costado del sendero.
—Debe ser un mapache —dice R., aún riendo—. O el famoso dinosaurio del chat.
Se acercan lentamente, enfocando con las linternas.
—Eh… —dice otra voz—. Eso no suena como un mapache.
El arbusto se mueve.
Algo pequeño emerge de entre la vegetación.
La criatura mide poco más de un metro de altura. Su cuerpo es delgado, cubierto por una piel escamosa que refleja la luz de forma irregular. Se mueve sobre dos patas, rápidas y nerviosas. La cabeza es alargada, con ojos grandes que brillan al ser iluminados directamente. Los brazos son cortos, terminando en manos con garras finas.
La criatura emite un sonido agudo, breve.
—¿QUÉ ES ESO? —grita alguien.
La cámara tiembla violentamente cuando R. retrocede un paso.
—No… no es un perro —dice—. Eso no es un perro.
El animal se mueve de lado, observándolos. Inclina la cabeza, emite otro sonido y da un salto rápido hacia atrás, manteniéndose a distancia.
—Chat —dice R., con la voz alterada—. Esto no es una broma.
Los cuatro enfocan a la criatura desde distintos ángulos. El animal parece indeciso, como evaluando la situación. Durante unos segundos, nadie se mueve.
—¿Eso tiene… garras? —pregunta uno de ellos.
La criatura se gira bruscamente y corre, perdiéndose entre los árboles con una velocidad imposible para cualquier animal pequeño conocido en la zona.
—¿Vieron eso? —grita alguien—. ¿Vieron eso?
respira con dificultad.
—Ok —dice—. Ok, ok, ok…
El sonido de hojas moviéndose vuelve a escucharse, esta vez más cerca.
La transmisión se corta.
Nota del compilador
El fragmento posterior a este punto fue eliminado del archivo original. No existen copias completas verificadas.
Las teorías sobre lo ocurrido después son múltiples y contradictorias. Algunas sostienen que el grupo huyó sin incidentes mayores. Otras afirman que algo más ocurrió en el bosque.
No dispongo de pruebas para confirmar ninguna versión.
Lo que sí puedo afirmar es que, tras esta transmisión, los videos dejaron de ser ignorados.
Por primera vez, el mundo dejó de preguntarse si algo estaba ocurriendo.
Y comenzó a preguntarse
qué era exactamente lo que había aparecido.
