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Hazbin Hotel: La Exorcista Perfecta

DarksunElAlicornio
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Synopsis
Elias era un universitario de 21 años que termino reencarnado en el universo de Hazbin Hotel como una Ángel Exterminadora. Ahora renombrada como Vesper encuentra una misión en purgar el infierno de una forma verdaderamente eficiente. Mientras destruiye el idealismo hipócrita y la ingenuidad de Charlie. Patreon: https://www.patreon.com/cw/DarksunElAlicornio
Table of contents
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Chapter 1 - Capítulo 1

Capítulo 1: Despertar

Cuenta regresiva para el canon 7 años.

La oscuridad no duró. No hubo túnel de luz, ni repaso de los pecados de su vida, ni un juicio final. Solo un parpadeo.

Elias abrió los ojos. O lo que sea que tuviera ahora por ojos.

Lo primero que lo golpeó fue la luz. No era la luz cálida del sol ni el brillo azul de la pantalla de su laptop a altas horas de la noche. Era una luminosidad estéril, dorada, que parecía emanar de las mismas paredes de mármol blanco y cristal que lo rodeaban. Se encontraba en una sala vasta, una catedral que desafiaba las leyes de la física por su escala.

Intentó respirar hondo para calmar el pánico, pero no sintió el aire llenar sus pulmones de la misma manera. Se sentía... ligero. Demasiado ligero.

Elias bajó la mirada a sus manos. No eran sus manos. Eran largas, delgadas, cubiertas por guantes de un material que parecía cuero blanco griseso largos qué llegaba hasta el brazo.

Miro la ropa que tenía puesta. Llevaba un uniforme que consisten en un minivestido gris de manga larga con cuello alto estampado de plumas y degradado gris, con un cinturón de faja blanco grisáceo y medias negras debajo.

Incluía botas altas de tacón alto hasta el muslo con una sola raya gris en los puños, debajo de las cuales llevan otro par de guantes largos gris oscuro y medias hasta el muslo.

Elías reconoció que era Un uniforme. Un puto uniforme militar y lo peor no solo era que mirar su cuerpo ahora femenino o la sensación de dos nuevas extremidades en su espalda, sino que le Uniforme le resultaba demasiado familiar.

Una ráfaga de frío mental lo atravesó. El pánico inicial, el caos emocional que debería haber sentido un estudiante de veintiún años al despertar en un lugar desconocido, fue brutalmente sofocado.

Fue como si un interruptor se hubiera apagado en su cerebro. La sorpresa permanecía, la confusión estaba allí, pero eran sensaciones distantes, analizadas con una frialdad clínica que no reconocía como propia.

—Evaluación del sujeto: Funcional. —Una voz, femenina plana y sin rastro de su antigua voz masculina resono dentro de su cabeza.

Elías reconio qué esa era su nueva voz, porque intentaba analizar las cosas como una maldita computadora. A quien mierda le importa, todo esto era una locura.

Miró a su alrededor.

Estaba rodeado. Cientos, quizás miles de ¿Ángeles? todas eran putos ÁNGELES , tenían figuras idénticas a él estaban de pie, en formación perfecta, en filas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.

Todas llevaban la misma uniforme, el mismo alo negro, las mismas alas con degradado negro a gris con blanco en el interino, el mismo caso con cuernos y esas malditas sonrisas LED qué empezaba a reconocer.

Pero lo que inquieto a Elías era que todas estaban en un silencio absoluto, casi como robóts esperando que alguien precione el botón "Activar".

Eran mujeres. Todas ellas ningún hombre a la vista en las filas militares.

Y Elias, el Elias que había pasado la noche anterior terminado su tesis para terminar su carrera de Mecánica Automotriz, ahora era una de ellas.

El instinto de lucha o huida intentó activarse, pero su nuevo cerebro lo descartó de inmediato como ineficiente. La lógica se impuso. Si esto es un sueño, es demasiado detallado. Si estoy muerto... esto no se parece al Purgatorio.

—...el orden es primordial, Adán.

La voz era melodiosa, pero cargada con el peso de la eternidad.

Elías levantó la vista. Al final del inmenso salón, en un estrado elevado, había una figura imponente. Era Sera.

La Sera que recordaba haber visto en la pantalla. Su túnica blanca fluía como si no hubiera gravedad, y su rostro, aunque sereno, mostraba una tensión apenas contenida. Sus múltiples alas apenas se movían detras de ella.

A su lado, un hombre estaba de pie, con los brazos cruzados, una expresión de aburrimiento supremo en su máscara LED. Adán. Llevaba su túnica dorada habitual y su halo flotaba sobre su cabeza como una corona de desdén.

—Sí, sí, Sera. El orden, el equilibrio, la "opción difícil". Ya me lo sé de memoria —dijo Adán, agitando una mano con desdén. Su voz era fuerte, arrogante, exactamente como Elias la recordaba.

—Esto debe permanecer en absoluto secreto —insistió Sera, su voz endureciéndose un tono—. Los otros serafines no pueden saberlo. Los Ancianos no pueden saberlo. Nadie puede saberlo. La sobrepoblación del Infierno es una amenaza directa a la Estabilidad Celestial. Lo que estamos creando hoy es un mal necesario.

Elías procesó la información. Secreto. Sobrepoblación. Mal necesario.

Las piezas del rompecabezas encajaron con una velocidad aterradora. Su mente fría y analítica, la que había usado para memorizar los nombre de los componentes de un motor, ahora le estaba dando la respuesta en bandeja de plata.

Estoy en Hazbin Hotel.

No solo eso. Estoy en el Cielo.

Y no soy un alma humana. Soy un ángel exterminador. Una Exorcista.

La comprensión no lo hizo gritar. Simplemente ajustó su comprensión de la realidad. Estoy aquí. Esto es real. Y estoy del lado que empieza el genocidio.

—Bien, bien. El gran secreto. Entendido —dijo Adán, bajando del estrado y acercándose a la formación de ángeles. Sus botas de cuero dorado resonaban en el mármol. Se detuvo frente a la primera fila, con una sonrisa depredadora en el rostro—. Ahora, pasemos a la parte divertida. Mis chicas.

Adán se paseó frente a ellas, inspeccionándolas como un general inspecciona a sus tropas... o como un coleccionista inspecciona sus juguetes nuevos.

—Sera las hizo perfectas, pero yo soy el que les da el toque final —declaró Adán, deteniéndose frente a una de las exorcistas de la primera fila—. Les falta alma. Les falta... actitud. Y eso empieza con un buen nombre. Tú. —Señaló con un dedo enguantado a la exorcista frente a él—. Tú serás... Alfa. Sí, Alfa. Me gusta. Suena potente.

La exorcista, Alfa, no reaccionó en absoluto, pero un destello de luz dorada pareció nacer en la máscara digital que cubría su rostro.

Adán continuó su marcha. Elías, de pie en la quinta fila, sintió que la fila se movía. Automáticamente, sus piernas se movieron en perfecta sincronía con las demás, formándose en una fila india que avanzaba hacia Adán.

El mecanismo ya estaba en marcha. La instrucción era clara: formarse para ser "bautizada".

Elías analizó su situación actual con esa nueva frialdad que la poseía. Había reencarnado como una exterminadora común de la primera generación. Era un soldado raso. Una de las cientos de "chicas" creadas para una sola tarea.

Miró a su alrededor. Estaban en el momento crucial. Faltaban siete años para que Charlie Morningstar intentara convencer a Adán en la reunión de la Embajada. Siete años de masacres anuales. Siete años de los cuales ella, el alma de un estudiante universitario Cínico pero pacifista atrapado en el cuerpo de una máquina de matar celestial, sería protagonista.

Estoy en la primera generación —pensó Elias, ahora una mente atrapada en el cuerpo de una Exorcista—. Eso significa que soy más fuerte que las generaciones posteriores. Soy "pura". Fui creada directamente por Sera.

Su mente analizó las implicaciones tácticas. Su cuerpo estaba diseñado para la guerra. Tenía alas, garras y la capacidad de empuñar armas angelicales, las únicas capaces de matar permanentemente a un demonio.

El instinto de violencia estaba ahí, latente, como una aplicación en segundo plano esperando a ser activada.

Faltan siete años para el canon.

Ese fue el pensamiento final antes de que le tocara su turno. Elías se detuvo frente a Adán.

El Primer Hombre la miró de arriba abajo, con una sonrisa de satisfacción de su casco LED que le provocó un escalofrío de repulsión que logró suprimir rápidamente.

Adán le dio una palmada en el hombro, un gesto que se sintió invasivo a pesar de que era solo un toque normal.

—Y tú, mi pequeña... —dijo Adán, frotándose la barbilla—. Tienes algo diferente en tu postura. Un poco más... afilada.

Elias se quedó rígida, controlando cada músculo de su nuevo cuerpo para no reaccionar.

—Tú serás... Vesper —declaró Adán con una risa autosuficiente—. Vesper. Como la estrella de la tarde. Bonito y mortal. Me encanta mi propia genialidad.

Adán pasó a la siguiente chica, dejándola atrás.

Elias, ahora Vesper, miró hacia el frente, hacia Sera, que la observaba con una expresión de melancolía que no lograba ocultar su complicidad.

Vesper, la mente de Elias atrapada en un cuerpo que no era el suyo, en un lugar que no era su hogar, en un tiempo que no era su tiempo, solo tenía una certeza.

El Primer Exterminio estaba a punto de comenzar. Y ella no tenía más remedio que participar.