Capitulo 107 – Eve Roger (Parte 3)
La sala de tatuajes estaba más tranquila después de la discusión, aunque todavía se respiraba un aire pesado. Grace permanecía en el sillón, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo, mientras Odette jugueteaba con un mechón de su cabello, intentando disimular la tensión. Cody estaba de pie, cerca de la moto, observando todo con esa calma que parecía siempre acompañarlo. Yo lo llevé a mi habitación, buscando un espacio más íntimo para hablar.
Al cerrar la puerta, lo miré directamente. "Gracias" murmuré. "Si no hubieras estado aquí, todo habría terminado peor."
Cody se sentó en el borde de mi cama, apoyando los codos en las rodillas. "No tienes que agradecerme. Solo quería que dejaran de pelear. Pero, Eve, no vuelvas a decir que vas a dejar la escuela. Eso no es justo para ti."
Bajé la mirada, sintiendo el calor subir a mis mejillas. "Lo sé... pero verlas así me hace sentir inútil. Quiero ayudar."
Él respiró hondo, como si estuviera pensando en algo. "Tal vez la solución no sea que tú trabajes más, sino que ellas tengan más clientes. El problema no es tu escuela, es que la gente no conoce lo suficiente el estudio ni el talento de Grace. Si logramos darlo a conocer, podrían mejorar las cosas."
Sus palabras me hicieron detenerme. La idea era simple, pero tenía sentido. Me levanté y caminé hacia mi escritorio. Saqué una carpeta donde guardaba algunos de los diseños de Grace, bocetos que había hecho en ratos libres y que yo había guardado con cuidado.
"Podríamos usar esto" dije, mostrándole las hojas. "Son diseños de Grace. Si los convertimos en posters llamativos, no solo mostrarían su calidad, también atraerían la atención de la gente. Podríamos incluir la ubicación del estudio, hacerlo visible."
Cody tomó los dibujos, observándolos con cuidado. Pasaba las páginas lentamente, como si quisiera absorber cada detalle. "Esto es justo lo que necesitamos. Son increíbles. Si los usamos, la gente verá lo que ella puede hacer. Y yo puedo ayudar a distribuirlos con Kevin."
Me acerqué un poco más, señalando uno de los diseños. "Podríamos resaltar su estilo, mostrar que no es cualquier tatuadora. Yo me encargaría de los posters, de que se vean bien. Tú y Kevin podrían encargarse de pegarlos en lugares estratégicos."
Él levantó la mirada y sonrió. "Eso suena perfecto. No tenemos que resolverlo todo hoy, pero ya tenemos un plan para empezar."
La premisa quedó flotando en el aire, como una promesa para un día posterior. No era un proyecto detallado, pero era suficiente para darme esperanza.
Me acerqué a él, todavía con los dibujos en las manos. "Gracias, Cody. No solo por calmar las cosas... sino por apoyarme."
Él me miró, y en ese instante la distancia entre nosotros desapareció. Sus labios encontraron los míos, y el beso fue suave al inicio, casi tímido, pero pronto se volvió más profundo. Sentí el calor recorrerme, la certeza de que no estaba sola.
Cuando nos separamos, mi rostro estaba ardiendo. Cody sonrió, y yo no pude evitar devolverle la sonrisa.
"Nos vemos mañana" dijo, levantándose con esa tranquilidad que parecía siempre tener.
Lo acompañé hasta la puerta, y antes de salir, me dio un último beso rápido, como un recordatorio de lo que acababa de suceder.
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Cuando Cody se despidió aquella noche, no pude evitar seguirlo con la mirada. Su presencia aún me envolvía, y aunque había cerrado la puerta de mi habitación, mis pasos me llevaron hacia el pasillo. Algo dentro de mí quería prolongar ese instante, como si al seguirlo pudiera descubrir un pedazo más de lo que él pensaba, de lo que realmente significaba para él estar aquí.
Lo vi detenerse en la sala, donde Grace aún permanecía. Ella estaba sentada en el sillón, con los brazos cruzados y la mirada perdida. Su semblante era duro, pero detrás de esa expresión había un cansancio que pocas veces mostraba. Cody se acercó con calma, y yo me quedé en la penumbra del pasillo, observando sin ser vista.
"¿Estás bien?" preguntó él, con esa voz tranquila que parecía siempre encontrar la manera de suavizar las cosas.
Grace soltó un suspiro largo, como si hubiera estado conteniendo demasiado. "No, Cody. No estoy bien. Todo se siente como una carga. El estudio, las cuentas, la moto... y encima Eve. Ella quiere ayudar, pero no entiende. No quiero que sacrifique su vida por esto."
Sentí un golpe en el pecho al escuchar mi nombre. Me quedé quieta, con el corazón latiendo fuerte, temiendo que cualquier movimiento me delatara.
Cody se inclinó un poco hacia ella. "Grace, sé que es difícil. Pero no estás sola. Eve te admira más de lo que imaginas. Ella quiere ayudarte porque te quiere, porque te ve como su ejemplo. No la rechaces por eso."
Grace bajó la mirada, y por un instante su voz se quebró. "A veces siento que no soy suficiente para ella. Que no puedo darle lo que necesita."
Cody negó suavemente con la cabeza. "Eres más que suficiente. Ella habla de ti con cariño, con respeto. No lo olvides. Y yo... yo también creo que Eve tiene algo especial. No la subestimes."
Las palabras me atravesaron como un filo dulce y doloroso al mismo tiempo. Escuchar cómo hablaban de mí, cómo Cody me describía con esa ternura, me hizo sentir un calor extraño en el pecho. Pero también me hizo llorar. Lágrimas silenciosas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, y tuve que cubrirme la boca para no soltar un sollozo que los delatara.
Grace asintió lentamente, como si las palabras de Cody hubieran logrado aliviar un poco su carga. "Gracias" murmuró. "No sé cómo lo haces, pero siempre encuentras la manera de dar calma."
Cody sonrió apenas. "Solo digo lo que veo. Y lo que veo es que Eve necesita que confíes en ella, tanto como ella confía en ti."
No pude escuchar más. El peso de la emoción me obligó a dar un paso atrás, a retirarme antes de que me descubrieran. Caminé hacia mi habitación con el corazón desbordado, las lágrimas aún cayendo, sintiendo que había presenciado algo que no estaba destinado para mí.
Me encerré en mi cuarto y me dejé caer sobre la cama. Lloré en silencio, no por tristeza, sino por la mezcla de sentimientos que me atravesaban: el amor que sentía por Grace, la gratitud hacia Cody, y la certeza de que, aunque no lo dijeran frente a mí, ambos me miraban con cariño.
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El fin de semana llegó más rápido de lo que esperaba. Era sábado, aunque para mí se sentía como si fuera un día especial, distinto a cualquier otro. Me desperté temprano, mucho antes de lo habitual. El sol apenas comenzaba a filtrarse por la ventana, y yo ya estaba de pie, arreglándome con más cuidado de lo normal. No era como cuando me preparaba para la escuela; esta vez quería sentirme lista, como si el día tuviera un propósito.
Me puse una blusa sencilla, pero que me hacía sentir cómoda, y recogí mi cabello con calma. Antes de salir, pasé por la sala de tatuajes, donde Grace estaba revisando algunos papeles y Odette dibujaba distraída en una libreta.
"Voy a salir con Cody" les avisé, intentando sonar casual. "Vamos a trabajar en algo para el estudio."
Grace levantó la mirada, sorprendida, pero no dijo nada. Odette arqueó una ceja y sonrió con esa picardía que siempre la acompañaba. "Ya nos contarás después."
Salí con el corazón latiendo fuerte. Afuera, Cody me esperaba en el auto de su madre. Era un coche sencillo, pero verlo ahí, al volante, me hizo sonreír. Me abrió la puerta con un gesto natural, como si lo hubiera hecho mil veces.
"¿Lista?" preguntó.
Asentí, y nos pusimos en marcha. El trayecto hasta su casa fue tranquilo. Conversamos de cosas simples: música, películas, anécdotas de la semana. Yo lo escuchaba y me sorprendía de lo fácil que era hablar con él, de lo natural que se sentía compartir esos momentos.
Cuando llegamos, me llevó directamente a su habitación, donde ya tenía preparado un espacio para trabajar. Sobre la mesa había hojas, marcadores, y su computadora encendida.
"Hoy vamos a empezar con los pósters" dijo, con entusiasmo. "La idea es mostrar el talento de Grace y dar a conocer la ubicación del estudio. Si la gente ve lo que ella puede hacer, van a querer ir."
Me senté a su lado y saqué la carpeta con los diseños que había guardado de Grace. Bocetos, tatuajes terminados, trazos que mostraban su estilo único. Cody los tomó y los fue colocando sobre la mesa, organizándolos como si fueran piezas de un rompecabezas.
"Estos son increíbles" murmuró. "Podemos hacer que cada póster tenga un diseño llamativo, acompañado de la dirección del estudio y un mensaje claro."
Yo asentí, y poco a poco comenzamos a trabajar. Entre risas y comentarios, fuimos diseñando los pósters. Cody se encargaba de la parte digital, ajustando los colores y las tipografías, mientras yo seleccionaba los dibujos y proponía cómo combinarlos. Era un trabajo en equipo, y cada decisión parecía fluir con naturalidad.
Pasamos horas en eso, hasta que finalmente teníamos varios diseños listos. Los miré y sentí un orgullo extraño, como si fueran más que simples pósters. Eran un reflejo del talento de Grace, de nuestra unión como familia, y del esfuerzo compartido con Cody.
"Vamos a imprimirlos" dijo él, levantándose. Tomó su teléfono y comenzó a hacer llamadas. Yo lo observaba mientras hablaba con amigos y conocidos, pidiéndoles ayuda para distribuir los folletos. Su voz era segura, convincente, y me sorprendía lo fácil que parecía para él conseguir apoyo.
Al cabo de un rato, más personas comenzaron a llegar. Kevin apareció primero, con su energía habitual, seguido de otros chicos que conocían a Cody. Traían entusiasmo y disposición, como si el proyecto fuera también suyo.
Fuimos juntos a una imprenta cercana. El olor a tinta y papel recién salido de las máquinas me envolvió, y ver los pósters impresos me llenó de emoción. Eran reales, tangibles, listos para ser repartidos.
Con los paquetes en las manos, salimos a recorrer la ciudad. Caminamos por calles llenas de gente, pegamos los pósters en muros y postes, entregamos folletos a quienes pasaban. Algunos se detenían a mirar los diseños, otros los guardaban sin decir nada, pero cada entrega era un pequeño paso hacia algo más grande.
El sol comenzó a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Estábamos cansados, pero felices. Cody caminaba a mi lado, con una sonrisa que parecía no apagarse nunca.
"Lo hicimos" dijo, mirándome. "Y apenas es el comienzo."
Yo lo miré, con el corazón latiendo fuerte. No respondí, pero mi sonrisa fue suficiente.
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El sol ya comenzaba a caer cuando terminamos de repartir los pósters por la ciudad. Estaba cansada, con los pies adoloridos y las manos llenas de tinta y papel, pero también sentía una satisfacción que pocas veces había experimentado. Habíamos trabajado duro, y por primera vez, el esfuerzo parecía tener un propósito claro.
Cody me miró mientras guardábamos las últimas cosas en el auto. "¿Quieres relajarte un poco? Podemos ir al cine."
La idea me sorprendió, pero sonreí de inmediato. "Sí, me encantaría."
El trayecto fue corto. El cine estaba lleno de gente, familias, parejas, grupos de amigos. Yo no solía salir mucho, y estar ahí con él me hacía sentir fuera de mi rutina, como si el mundo se hubiera abierto un poco más. Compramos boletos para una película de acción, nada demasiado profundo, pero perfecta para distraernos.
Dentro de la sala, las luces se apagaron y la pantalla se iluminó. Cody se acomodó a mi lado, y yo sentí el roce de su brazo contra el mío. No hablamos mucho durante la película, pero compartimos risas en las escenas absurdas y comentarios en voz baja cuando algo no tenía sentido. Era simple, pero me hacía feliz.
Al salir, la noche ya había caído. Cody me propuso pasar por el centro comercial antes de regresar. "Necesito comprar unas cosas" dijo, y yo acepté.
El centro comercial estaba iluminado, lleno de vitrinas brillantes y música de fondo. Caminamos juntos por los pasillos, y Cody comenzó a elegir regalos para otras personas: una bufanda para su madre, un libro para Kevin, pequeños detalles que mostraban lo atento que era con quienes lo rodeaban. Yo lo observaba en silencio, admirando esa parte de él que pocas veces se veía en la escuela.
En un momento, se detuvo frente a una tienda de papelería. Entró sin decir nada, y yo lo seguí. Caminó directo hacia una sección de cuadernos, tomó uno de tapa dura con un diseño artístico y me lo entregó.
"Es para ti" dijo, con una sonrisa tranquila. "Para que sigas dibujando."
Me quedé mirándolo, sorprendida. El cuaderno era hermoso, con hojas gruesas y limpias, perfectas para guardar mis trazos. Sentí un calor recorrerme, no por el objeto en sí, sino por lo que significaba. Cody había pensado en mí, en lo que me gustaba, en lo que me hacía sentir viva.
"Gracias" murmuré, con la voz temblorosa. "De verdad... gracias."
Él no respondió, solo me miró con esa expresión serena que parecía decir más que cualquier palabra. Caminamos juntos por el centro comercial, yo con el cuaderno en las manos, sintiendo que ese día había sido más que trabajo, más que esfuerzo. Había sido un día nuestro, un día que me recordaba que, incluso en medio de las dificultades, había espacio para la alegría y para los pequeños gestos que lo cambiaban todo.
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Cuando Cody me dejó frente al estudio, todavía llevaba en las manos el cuaderno nuevo que me había regalado. El día había sido largo, lleno de trabajo y risas, pero no esperaba lo que encontraríamos al regresar.
Al abrir la puerta, nos recibió un murmullo constante, un movimiento frenético. La sala de tatuajes estaba llena, abarrotada de gente. Una fila se extendía hasta la entrada, con clientes esperando, algunos hojeando catálogos, otros preguntando por turnos. Odette iba de un lado a otro, tomando notas apresuradas, mientras Grace atendía a dos personas al mismo tiempo. Incluso Tuku estaba allí, ayudando a organizar materiales y acomodar a los clientes.
Me quedé quieta unos segundos, sorprendida. Nunca había visto el estudio tan vivo, tan lleno de energía. Cody también se detuvo, observando con una sonrisa leve, como si todo aquello fuera la confirmación de que nuestro esfuerzo había valido la pena.
En cuanto Grace nos vio, dejó lo que estaba haciendo y corrió hacia nosotros. Me abrazó con fuerza, casi sin darme tiempo de reaccionar.
"¡Lo lograron!" dijo, con la voz emocionada. "No saben lo que hicieron. La gente empezó a llegar desde temprano, preguntando por los pósters, por los diseños. ¡El estudio está lleno gracias a ustedes!"
Sentí el calor de sus palabras y la fuerza de su abrazo. Cody recibió también su agradecimiento, y Grace, con los ojos brillantes, nos mostró uno de los pósters que habíamos diseñado e impreso. Lo tenía colgado en la pared, y verlo ahí, enmarcando el espacio, me llenó de orgullo.
"Esto es increíble" continuó Grace. "Nunca pensé que algo así pudiera funcionar. Gracias, de verdad."
La emoción era contagiosa. Odette se acercó, aún con la libreta en la mano, y nos dio una sonrisa cansada pero sincera. "Necesitamos ayuda. Hay demasiada gente, y no damos abasto."
Sin pensarlo, Cody y yo nos pusimos manos a la obra. Él comenzó a organizar citas, hablando con los clientes y anotando horarios en una hoja. Su voz firme y tranquila ayudaba a calmar la impaciencia de quienes esperaban. Yo me encargué de mandar a algunos a casa, explicando que podían regresar en otro turno, y de programar nuevas fechas para los que querían trabajos más grandes.
Odette me pasó una caja con artículos: camisetas, stickers y pequeños accesorios que habían estado guardados. "Véndelos" me dijo. "La gente quiere llevarse algo, aunque no sea un tatuaje."
Me coloqué detrás de una mesa improvisada y comencé a ofrecer los productos. Para mi sorpresa, muchos aceptaban, comprando camisetas con diseños de Grace o pequeños stickers que mostraban su estilo. El estudio no solo estaba lleno de clientes, también de entusiasmo.
El tiempo pasó rápido entre voces, risas y trabajo. Cody se movía con soltura, organizando todo como si hubiera nacido para ello. Grace, aunque agotada, no dejaba de sonreír. Odette y Tuku corrían de un lado a otro, y yo me sentía parte de algo más grande, algo que por fin tenía sentido.
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El día había sido agotador, pero también uno de los más emocionantes que recordaba. El estudio estaba lleno, la agenda de Grace rebosaba de citas para los próximos tres meses, y hasta Odette había aprovechado el auge para programar sesiones de piercings. Tuku, como siempre, había desaparecido sin dejar rastro, nadie sabía dónde se había metido.
Cuando el último cliente se fue y la puerta del estudio se cerró, Grace nos reunió a todos con una sonrisa que pocas veces mostraba. "Hoy celebramos" dijo, levantando la voz con entusiasmo. "Tenemos trabajo asegurado por meses, y todo gracias a lo que hicimos juntos. Vamos a la azotea."
Subimos las escaleras con la emoción todavía vibrando en el aire. La azotea era sencilla, con algunas sillas viejas y una mesa improvisada, pero esa noche se transformó en nuestro lugar de fiesta. Odette apareció con botellas y vasos, Cody ayudó a repartir, y pronto estábamos todos sentados, riendo y hablando como si el cansancio no existiera.
Las bromas comenzaron a fluir con naturalidad. Odette proponía retos absurdos, como beber de un solo trago o contar historias vergonzosas. Grace se reía con fuerza, dejando atrás por completo la tensión que había cargado durante semanas. Cody, relajado, bebía con nosotras, participando en cada juego, cada broma, como si siempre hubiera sido parte de nuestra familia.
Yo lo observaba en silencio, con el corazón latiendo fuerte. Había algo en su manera de integrarse, de hacer que todo pareciera más ligero, que me hacía sentir que lo necesitábamos tanto como él nos necesitaba a nosotras.
En medio de las risas, me acerqué a él. No fue planeado, no fue un momento calculado. Simplemente sucedió. Lo besé. Al principio fue un roce breve, tímido, pero pronto se convirtió en un beso más profundo, cargado de todo lo que había estado guardando dentro de mí. Sentí el calor recorrerme, la certeza de que ese instante era nuestro.
Cuando nos separamos, mi rostro estaba ardiendo. Cody me miró con una sonrisa tranquila, como si entendiera exactamente lo que significaba.
Giré la cabeza, aún con el corazón desbordado, y entonces lo vi. Grace y Odette estaban juntas, más cerca de lo habitual. Se besaban, con una intensidad que me sorprendió, y sin decir nada se levantaron y caminaron hacia el dormitorio de Grace.
El silencio que siguió fue breve, pero suficiente para que todos lo notáramos. Yo me quedé quieta, procesando lo que acababa de ver, mientras Cody me tomó de la mano con suavidad, como si quisiera recordarme que lo importante era lo que estábamos viviendo en ese momento.
La fiesta continuó, entre risas y bromas, pero en mi interior sabía que esa noche había marcado un antes y un después. No solo para el estudio, que ahora tenía un futuro asegurado, sino para nosotras, para nuestra relación, para todo lo que estaba empezando a cambiar.
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