Conforme los refugiados cruzan el portal, se encuentran con un recibimiento que no esperaban.
Los ciudadanos del lugar se acercaban con calma, guiándolos directamente hacia el hospital del pueblo para que los médicos los revisen y se aseguren de que el tiempo que pasaron encerrados no les dejó secuelas graves.
Entre las revisiones, algunos vecinos les ofrecen platos de ceviche, los recién llegados, todavía procesando la situación, aceptan la comida mientras empiezan a soltar la tensión de los últimos días.
Un grupo de voluntarios locales se acercó también. Con una sonrisa, cada voluntario les entregaba un pequeño dispositivo metálico, apenas del tamaño de una semilla, diseñado para ajustarse detrás de la oreja.
Speed sostuvo el suyo entre dos dedos, mirándolo con sospecha mientras fruncía el ceño. A su alrededor, escuchaba a varios residentes pasar caminando, envueltos en conversaciones rápidas y fluidas en un idioma que le resultaba completamente ajeno
-¿Y esto para qué es? *preguntó Speed, girándose hacia Artie* ¿Un rastreador? ¿Un audífono para ancianos?
Artie, que ya tenía el suyo colocado tras la oreja derecha, soltó una pequeña risa y le hizo un gesto para que se lo pusiera.
-Póntelo, chico veloz
Speed suspiró y se colocó el auricular. En el momento en que el dispositivo hizo contacto con su piel, sintió una brevísima vibración, casi imperceptible. De repente, las voces de dos mujeres que pasaban a su lado cargando suministros cambiaron.
—...y recuerda que la cena se sirve a las siete en el ala norte, hoy hay lomo saltado *decía una de ellas
Speed abrió los ojos de par en par, tocándose el dispositivo.
-¡Oye! ¡Puedo entenderlas! *exclamó, mirando a Artie* ¿Cómo es posible?
-Legión las diseñó *explicó Artie* Sabía que traer gente de todo el mundo causaría un caos de comunicación. El idioma predilecto aquí es el español y la mayoría de los rescatados locales lo hablan. Así que, hasta que los nuevos aprendan a defenderse con el idioma, pueden usar estos tanto como quieran.
Speed asintió, impresionado
Los tres jovenes comenzaron a caminar juntos, siguiendo a los refugiados mientras que la científica Martha camina a su lado con las manos atadas, analizando todo con desconfianza.
Al pasar por las calles, el panorama era sorprendente, el asfalto estaba impecable, las casas se ven limpias y cuidadas, y hay un movimiento constante de gente.
Lo que más llamaba la atención es cómo conviven humanos y metahumanos.
En una esquina, se podía ver a un hombre con piel de roca trabajando en la cimentación de un edificio nuevo, compactando el terreno con sus propios pasos; más allá, una joven con la capacidad de enfriar objetos ayuda en la conservación de suministros médicos, manteniendo la temperatura de los contenedores sin necesidad de refrigeración eléctrica. Incluso en los talleres, se ve a alguien con extremidades adicionales reparando maquinaria con una velocidad y precisión imposibles para una persona común.
Muchos de los que pasan saludan a Legión con respeto y él responde con gestos breves y sencillos. Speed suelta un silbido, mirando a su alrededor con asombro.
-Oye, cuando dijiste "pueblo" me imaginaba algo mucho más básico
Artie sonrió, orgulloso del lugar que habían construido.
-Antes de que esto fuera así, este sitio era un refugio de esclavistas y supremacistas humanos *explicó mientras avanzaban* Nos vendían o nos obligaban a pelear en arenas para apostar. Pero desde que Legión llegó y se encargó de ellos, todos nos hemos esforzado por mejorar el lugar para estar cómodos. Además, los dones de muchos ayudaron a que todo fuera más rápido: levantar casas, pavimentar, montar la red eléctrica, el agua... y bueno, con la ayuda de nuestro "gran salvador", por supuesto.
Artie lo dijo con un tono de burla cariñosa que hizo que Legión resoplara de inmediato.
-¿Todavía siguen con eso? *gruñó bajo el casco.
Artie soltó una carcajada.
-En realidad todos respetan que no quieras que te llamen así, pero el hecho es que nos salvaste a todos. No puedes culparlos por estar agradecidos.
Legión solo negó con la cabeza, dándose por vencido. El niño entonces suavizó el tono y lo miró con más atención.
-¿Y tú cómo has estado? La semana pasada, cuando pasaste por aquí, se te veía más cansado de lo habitual.
-¿De qué hablas? Si hasta jugamos a la pelota y les hice de comer a todos. Estaba como siempre.
Artie sonrió de lado, sin dejarse convencer del todo.
-Puede que otros no lo noten, pero aquí hay muchos que te prestamos mucha atención. Esas ligeras señales de cansancio no pasan desapercibidas y la gente se preocupa por tu salud.
Legión restó importancia al asunto con un gesto rápido de la mano.
-El Omnitrix se encarga de que mi organismo esté en óptimas condiciones, no tienes de qué preocuparte.
-Está bien, solo quería asegurarme *asintió Artie antes de cambiar de tema* Por cierto, ¿vas a estar en la semifinal del torneo de fútbol?
Legión se quedó pensando un momento, repasando su agenda mental.
-Sí, debería poder ir. ¿Quiénes juegan esta vez?
Entonces, la voz de Sid resonó desde los sistemas del casco
-Juegan el equipo "Legión es el mejor" contra el equipo "Legión My Lover".
Al escuchar los nombres, se pasó la mano por la placa frontal del casco en un gesto de vergüenza, mientras Artie y Speed se miraban y soltaban una carcajada
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Finalmente llegaron al hospital, un edificio de dos pisos que destacaba por lo bien cuidado que estaba.
Al entrar, el movimiento era constante; Legión se detuvo un momento a observar cómo los médicos y varios metahumanos trabajaban en equipo, revisando a los recién llegados con paciencia
El heroe se giró hacia Martha y le quitó el bozal metálico. Al tenerlo en sus manos, el metal comenzó a moverse, cambiando de forma hasta convertirse en un collar liso que le colocó en el cuello. Martha respiró hondo, recuperando el aliento, y miró a su alrededor con una mueca de asco profundo antes de centrarse en Legión.
-¿Por qué demonios me trajiste aquí? *espetó ella con veneno* En medio de toda esta... mugre. Ver a tantas aberraciones viviendo como si fueran personas es repugnante.
Speed dio un paso al frente, apretando los puños.
-Oye, ten un poco de...
Pero Artie le puso una mano en el hombro, deteniéndolo con un gesto silencioso.
Legión, mientras tanto, terminó de asegurar el collar y le quitó las esposas a la mujer. Martha se frotó las muñecas, confundida por la situación.
-Has vivido toda tu vida alimentando ese odio. Creciendo con la idea de que los que llamas "mutantes" son monstruos. Así que te traje aquí para que lo veas con tus propios ojos. Quiero que veas a los humanos y a los metahumanos conviviendo, y que toda esa imagen que tienes en la cabeza se derrumbe por sí sola, no con palabras, sino con hechos.
Martha frunció el ceño, mirándolo como si estuviera loco, pero Legión continuó
-Por supuesto, no confío en ti. Ese collar es un seguro. Mi compañera, Sid, te vigilará las veinticuatro horas del día. Se encargará de que no dañes a nadie aquí, ni que te dañes a ti misma. ¿Cómo? Es sencillo. Tiene funciones para dar descargas eléctricas y sedantes. Cualquier cosa que trames, ella lo sabrá y me informará de inmediato.
Martha rio, llena de desprecio.
-Pensé que al menos eras valiente después de todo lo que hiciste, pero ¿esto? Me equivoqué contigo. Solo eres un niño estúpido.
Legión asintió levemente y se acercó un poco a ella, bajando el tono.
-Esta es una oportunidad, Martha. Una que podría cambiar tu vida entera. Te ruego que no la desperdicies, porque no vas a tener otra.
Se quedaron observándose unos segundos en silencio, hasta que ella hizo un ruido de asco y desvió la mirada.
-¿Y entonces qué? ¿Voy a estar dando vueltas por aquí como una idiota?
-No exactamente *respondió Legión, guiándola por el pasillo hasta una habitación equipada con instrumentos médicos* Aquí es donde vas a trabajar. Usarás tus conocimientos para tratar a las personas que vengan y te asegurarás de ayudarlas.
Martha lo miró con furia.
-No esperarás que haga eso. Yo, una reconocida intelectual, usando mi cerebro para tratar a... a... ¡aberraciones de la naturale...!
Antes de terminar la frase, una descarga eléctrica recorrió su cuerpo. Martha soltó un chillido de dolor y se dobló, apoyándose en sus piernas mientras jadeaba.
-Ah, ah... cuidado con esa forma de hablar *le advirtió Legión.
-Debes cuidar tu vocabulario *añadió la voz de Sid, saliendo directamente del collar en el cuello de Martha* No es una forma educada de referirse a las personas.
Martha, roja de la rabia, levantó la vista.
-¡Ellos no son person...!
Otra descarga la golpeó, esta vez más fuerte, haciéndola caer al suelo de espaldas. Se quedó mirando el techo, con los músculos todavía tensos por la electricidad.
-¿Decías? *preguntó Sid a través del collar.
Martha gruñó, apretando los dientes mientras intentaba incorporarse.
-Está bien... haré esta tontería *masculló entre dientes* Te seguiré el maldito juego... por ahora.
Legión asintió con calma y le hizo una seña a un hombre que esperaba en la fila para ser atendido.
Era un señor de unos treinta y tantos años cuya mutación era evidente a simple vista, su piel tenía un tono grisáceo y sus pupilas eran horizontales, muy parecidas a las de una cabra. A pesar de su aspecto, el hombre saludó a Legión con mucha cordialidad y le extendió la mano.
-¡Martin! Ha pasado tiempo ¿Cómo has estado? *le preguntó Legión mientras estrechaba su mano.
-Bien chico, gracias por preguntar. Solo que últimamente no me he sentido del todo bien *respondió Martin con un tono amable* Creo que es un resfriado o algo parecido, pero mejor prevenir.
Legión asintió, comprendiendo la situación, y le puso una mano en la espalda para guiarlo hacia la habitación donde estaba Martha.
Al entrar, la científica retrocedió instintivamente al ver al "mutante". Sus ojos se abrieron, pero una descarga correctiva la sacudió al instante.
-Modales, Martha. Recuerda lo que hablamos *le advirtió la voz de Sid desde el collar.
Legión ignoró el gesto de asco de la mujer y se dirigió a Martin.
-Acabamos de integrar a una nueva colaboradora, una...pasante *dijo señalando a Martha, quien frunció las cejas indignada por el título, pero prefirió guardar silencio para evitar otro corrientazo.
Martin asintió, agradecido por la atención. Legión se acercó a Martha y le puso una mano pesada sobre el hombro
-Vas a ayudarlo, ¿cierto? *le preguntó con una voz que no admitía discusiones.
Martha lo pensó más de la cuenta, debatiéndose contra su propio orgullo, Legión volvió a preguntarle con un tono más serio, hasta que ella finalmente suspiró y asintió de mala gana.
-Perfecto *concluyó Legión mientras salía de la habitación, dejando a los dos solos.
Se hizo un silencio incómodo en el cuarto. Martin, tratando de romper el hielo, dejó escapar una risita leve y se presentó con un gesto amable.
-Legión dijo que eres nueva, así que bienvenida al pueblo *le dijo con sinceridad* Sé que al principio puede ser un poco difícil adaptarse, pero aquí las cosas van viento en popa. Si necesitas algo o tienes alguna duda, puedes buscarme; te ayudaré encantado.
Martha lo observó en silencio, levantando una ceja con incredulidad.
Al no responder, el collar emitió una pequeña descarga de advertencia que la hizo saltar en su sitio. Martin abrió los ojos, preocupado.
-¿Estás bien? ¿Te pasó algo? *preguntó dando un paso hacia ella.
Martha levantó una mano para detenerlo, apoyándose contra el escritorio mientras recuperaba la compostura.
-Sí... estoy bien *respondió con los dientes apretados* Ahora... gracias por sus palabras. Dígame qué le aqueja para poder... ayudarlo.
Pronunció esa última palabra con mucha dificultad, como si le costara aceptar que estaba ahí para servir a alguien que, según sus prejuicios, ni siquiera era humano.
===
Legión, Artie y Speed se sentaron en una pequeña mesa de un restaurante local, disfrutando de un momento de calma.
Frente a ellos tenían unos platos con papa rellena, doradas y humeantes. Speed cortó un pedazo grande y se lo llevó a la boca; al probarlo, cerró los ojos y dejó escapar un gemido de pura satisfacción, saboreando cada bocado.
-Mi tía me mostró una vez, cuando era niño, un libro donde salía esto... Eran... ¿papas, no? *preguntó Speed, todavía maravillado con el sabor.
Artie lo miró con extrañeza, deteniendo su cubierto en el aire.
-¿Me estás diciendo que nunca habías comido una papa? *preguntó Artie, sin poder creérselo.
Speed negó con la cabeza mientras terminaba de tragar.
-Nunca. Mi tía siempre decía que se podían usar para muchísimas cosas, pero como el suelo de donde vengo estaba tan contaminado, plantar cualquier cosa era simplemente imposible. Así que nunca pude probar una... *Su voz se apagó un poco y bajó la mirada hacia su plato* Ojalá ellos estuvieran aquí para probarla también.
Se hizo un silencio breve en la mesa. Artie buscó la mirada de Legión, preguntándole en silencio si había alguna posibilidad de traer al resto de la familia de Speed. Legión, sin embargo, solo negó levemente con la cabeza y murmuró de forma casi imperceptible:
-Es algo complicado.
Artie asintió, comprendiendo que no era el momento de hacer más preguntas. Decidió cambiar el ambiente y dejar que Speed siguiera disfrutando de su comida, viendo cómo el velocista volvía a atacar su plato con renovado entusiasmo.
Los tres continuaron sentados en la pequeña mesa del restaurante, disfrutando de la calma del pueblo.
Speed, ya un poco más animado tras el primer bocado, empezó a parlotear sobre lo extraño que le resultaba ver a la gente caminar tan despacio por las calles, mientras Artie le contaba algunas anécdotas sobre los torneos de fútbol y cómo algunos metahumanos terminaban usando sus poderes sin querer, lo que siempre acababa en risas o en reparaciones de último minuto.
Legión escuchaba en silencio mientras masticaba un trozo de papa rellena. Aunque parecía relajado, su mente estaba en otro lugar
-Sid *murmuró por lo bajo* ¿no has recibido ninguna alerta?
-Señor, esta comiendo ahora mismo *respondió la voz de la IA en su oído* Debería disfrutar de la comida, el sabor es excelente según sus niveles de dopamina.
-Eso no importa *replicó él* Sabes que si hay alguna situación urgente, debes notificarlo de inmediato. No importa lo que esté haciendo.
Sid permaneció en silencio unos segundos, lo suficiente como para que Legión dejara de masticar y frunciera el ceño.
-¿Sid? *insistió.
-Entendido *respondió ella finalmente* Hay un huracán que se está acercando peligrosamente a las costas de México. Según los reportes meteorológicos y la red de vigilancia, no parece haber ningún individuo con capacidades especiales en la zona que pueda intervenir a tiempo para minimizar el desastre.
Legión asintió para sí mismo. Sin decir una palabra, se levantó de la mesa y tomó un largo trago de su vaso de agua para terminar de pasar el bocado. Artie lo miró extrañado, dejando el cubierto de lado.
-¿A dónde vas? Ni siquiera has terminado de comer, todavía queda la mitad *le dijo Artie, confundido por la repentina prisa.
-Hay gente que me necesita ahora mismo *contestó Legión mientras se ajustaba el dispositivo del brazo* Lo siento, pero tengo que irme, disfruten de la comida por mi ¿si?
Speed, que tenía la boca medio llena, se señaló el cuello con urgencia.
-¡Oye! ¿Y qué pasa con esto? *preguntó refiriéndose al collar que él también llevaba* ¿Me lo vas a dejar puesto?
Legión lo miró un segundo antes de responder con voz plana.
-Ya sabes la respuesta a eso, Speed. Pórtate bien.
Sin esperar réplica, presionó el Omnitrix. En un destello verde, se transformó en XLR8. Las esferas de sus pies golpearon el suelo y, antes de que Artie pudiera despedirse o Speed pudiera protestar, desapareció del restaurante convertido en un borrón azul a gran velocidad, dejando solo una ráfaga de viento que desordenó las servilletas de la mesa.
Speed se quedó mirando el espacio vacío donde hacía un segundo estaba Legión, con el cabello todavía revuelto por la ráfaga de viento que dejó al salir. Parpadeó un par de veces y luego se giró hacia Artie.
-¿Siempre hace eso? *preguntó, recargándose en el respaldo de la silla* ¿Irse así, a mitad de todo, solo porque algo pasó al otro lado del mundo?
Artie asintió con una mueca de resignación mientras tomaba un sorbo de su vaso.
-Casi siempre *respondió Artie, dejando el vaso sobre la mesa con un suspiro* Por eso hay tanta gente aquí preocupada por él. Se esfuerza demasiado
El niño se quedó mirando el plato de Legión, que todavía tenía la mitad de la papa rellena y los cubiertos a un lado, como si su dueño fuera a regresar en cualquier segundo.
-Ni siquiera se permite comer en paz *añadió Artie en voz baja*
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La oscuridad en la habitación era tan densa que se sentía pesada sobre la piel.
El soldado wakandiano, con las extremidades firmemente inmovilizadas y los ojos cubiertos por una venda que no dejaba pasar ni un hilo de luz, intentaba regular su respiración. Su mente, sin embargo, trabajaba a una velocidad frenética, repasando cada segundo antes de perder el conocimiento.
Había sido una guardia rutinaria, una patrulla más en los límites del territorio, hasta que esos malnacidos lo emboscaron.
-Tal vez sean los Talokenses *pensó para sí mismo, apretando los dientes* Pero no encaja. Ellos han estado atacando zonas urbanas, buscando propagar el miedo, no capturando patrullas aisladas en el silencio. No es su forma de actuar.
Descartada esa opción, su mente se dirigió hacia las fronteras internas.
-O tal vez sean los Jabari. Esos malditos salvajes deben estar tramando algo de nuevo. Seguramente querrán interrogarme para saber los horarios de rotación en el palacio. Son grandes guerreros, sí, pero nunca han destacado por su inteligencia...tal vez me golpeen hasta que consigan algo de mi
Un pequeño rayo de esperanza cruzó por su mente. Si eran los Jabari, tenía una oportunidad. Podría engañarlos, darles información falsa que pareciera valiosa y hacerles creer que estaba dispuesto a colaborar. Solo necesitaba ganar tiempo. Si lograba un descuido, podría escapar o, con suerte, enviar una señal a la central.
O mejor aún, contactar a Hunter.
Sabía que su jefe seguía resentido con el Rey T'Chaka por haber disuelto a los Hatut Zeraze, pero conocía al hombre, era como un hermano para el. Pocos amaban tanto a Wakanda como Hunter, a pesar de su exilio de las fuerzas oficiales. Estaba seguro de que, si lograba hacerle llegar un mensaje, el movería cielo y tierra para sacarlo de ahí.
-Mantén la calma *se ordenó mentalmente* Recuerda el entrenamiento. El miedo es solo una reacción química, no permitas que afecte tu mente
En ese instante, el silencio de la celda se rompió.
El chirrido metálico de una puerta al abrirse resonó en las paredes de piedra, seguido de unos pasos ligeros y rítmicos que se acercaban hacia él.
-Mi nombre es Kwame, de la Tribu del Río *soltó el soldado, forzando una voz firme a pesar de la negrura que lo rodeaba* Fui uno de los Hatut Zeraze, los Perros de la Guerra de Wakanda. Ahora exijo saber quién me tiene aquí y qué es lo que buscan.
Kwame guardó silencio, aguzando el oído. Esperaba una amenaza, una risa burlona o el golpe de una bota contra su rostro, pero no recibió nada.
Esa ausencia de respuesta empezó a ponerlo nervioso. Aun así, decidió jugar su carta, apretando los puños contra las ataduras.
-No sé qué es lo que quieren... pero deben saber que no le debo ninguna lealtad ciega al hombre que se sienta en el trono *continuó, dejando que el veneno se notara en sus palabras* El Rey T'Chaka, ese gobernante ilegítimo, disolvió a los Hatut Zeraze. Nos humilló, nos separó y nos envió a diferentes filas como si fuéramos simples reclutas sin experiencia. Mi orgullo como guerrero ha sido pisoteado y escupido por él.
Hizo una pausa dramática, tratando de detectar algún cambio en la respiración de quien estaba frente a él.
-Tal vez podamos llegar a un acuerdo. Tengo información valiosa: rutas de patrullaje, códigos de acceso, horarios de la guardia real... Y no soy el único. Hay muchos más como yo, guerreros de élite descontentos que solo esperan una oportunidad para devolverle el golpe a T'Chaka. Pero no diré una palabra más si no sé quién me escucha. ¿Quién eres?
Kwame sintió una mano delicada, casi etérea, posarse sobre su cabeza. El contacto no era violento, pero le recorrió un escalofrío por la nuca cuando escuchó una risa ligera
-Sé perfectamente quién eres, Kwame de la Tribu del Río *dijo la voz de la mujer, suave pero con un filo peligroso* Sublíder de los Hatut Zeraze. Es precisamente por eso que estás aquí, porque tu situación nos es muy favorable.
-Sigo sin saber quién eres *murmuro Kwame, tratando de mantener la compostura mientras la oscuridad seguía pesando sobre sus ojos.
-¿Que quién soy? *La mujer soltó una carcajada melódica* Por supuesto, soy T'Chaka. Soy tu rey, aquel a quien le juraste lealtad y el gobernante del país que juraste proteger con tu vida.
Kwame fruncio el ceño bajo la venda.
¿De qué hablaba esta lunática?
Estaba por llamarla loca, pero ella continuó antes de que él pudiera articular palabra.
-Esos malditos Talokanes, la gente de Atlantis... han estado sembrando el terror en Wakanda *siguió ella, caminando lentamente alrededor de él* Intentan esparcir el miedo solo para alejar a nuestra gran nación del descubrimiento del cristal sagrado, ese que con tanto ahínco ellos han custodiado. Por eso, tengo una misión para ti.
Kwame sintió cómo la mujer movía su mano sobre su cráneo
-No estarás solo. Irás con tres de tus compañeros que, al igual que tú, desean demostrar su orgullo como guerreros. Ellos también desean demostrarme que los Perros de la Guerra son fundamentales para este país y que merecen recuperar su puesto. Así que les encargare una misión secreta...para asesinar a la princesa de Atlantis.
Kwame tensó cada músculo de su cuerpo. El plan era una locura suicida que desataría una guerra total.
-De esta forma *continuó la mujer, acercándose a su oído* le demostraremos a esos peces que Wakanda puede defenderse. Que nuestras garras, sin importar qué tan profundo estén en el agua, pueden alcanzar sus cuellos. Los haremos temblar ante nosotros y les exigiremos el cristal...o el próximo ataque irá directo a la garganta de su rey.
Kwame intentó soltar una carcajada amarga, pero solo le salió un carraspeo seco.
-Estás loca... *susurró con desprecio*
La mujer no se inmutó. La suavidad de su mano desapareció de golpe, convirtiéndose en una garra de hierro que le estrujó el cráneo con fuerza. Su voz perdió toda calidez, volviéndose fría como el hielo de una tumba.
-Cuando la asesinen, procuren sembrar tanto miedo y dolor como ellos han intentado hacer en nuestro pueblo *sentenció ella, ignorando sus protestas* No importa quiénes sean. Si es posible, prioricen a las embarazadas y a los niños.
-Estás enferma mujer... *Kwame empezó a forcejear, sintiendo una náusea repentina*
De pronto, el mundo desapareció. Kwame sintió una punzada eléctrica en el centro de su cerebro, como si una aguja incandescente estuviera cosiendo pensamientos nuevos directamente sobre su conciencia. Su cuerpo se tensó al límite, arqueándose contra las ataduras, su cabeza comenzó a sacudirse violentamente y un gemido ahogado escapó de su garganta.
-Los otros tres serán abatidos *continuó la mujer, su voz resonando ahora dentro de la mente de Kwame, no en sus oídos* Y tú te rendirás. Cuando te interroguen, diles tu propósito. Diles que el Rey T'Chaka te envía, que Wakanda no se quedará de brazos cruzados. Diles que todos morirán si no entregan el cristal.
Kwame sentía que su cerebro era revuelto. Un hilo de espuma blanca empezó a asomar por la comisura de su boca mientras sus ojos se ponían en blanco tras la venda. Sentía como si una mano atravesara su cabeza y jugara con su cerebro
-Todo para que el orgulloso pueblo de Wakanda se levante por sobre todos *susurró la voz* Por la gloria. Por su rey. Por su gente.
Tan rápido como empezó, el tormento cesó.
Kwame se desplomó, respirando con dificultad, pero su rostro ya no reflejaba dolor, sino una calma absoluta y vacía. Las esposas cayeron al suelo y la venda fue retirada de un tirón.
El soldado parpadeó, ajustando la vista a la luz. Frente a él, imponente y con la túnica real, estaba el Rey T'Chaka.
Kwame no se atrevió a cuestionar cómo había llegado allí
-¿Has entendido lo que debes hacer, guerrero? *preguntó el Rey con voz solemne.
Kwame se paro de inmediato. Cruzó los brazos sobre el pecho en el saludo oficial
-Wakanda por siempre *afirmó con voz firme* Comprendo la misión que debo realizar, mi Rey. Así se hará.
T'Chaka lo observó desde su altura y una sonrisa lenta se dibujó en su rostro.
Pero había algo mal en esa expresión que Kwame no supo identificar, sus ojos no eran los del hombre que el conocía.
Eran de un azul pálido, casi traslúcidos, que brillaban con una felicidad gélida y sobrenatural mientras contemplaban a su nueva marioneta.
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BUENAAAAS, COMO ANDAN? ESPERO QUE BIEN
BUENO MUCHACHOS, MARTHA A SIDO DEJADA EN PERU, SI, JUNTO A LOS DEMAS REFUGIADOS, ALLI, DEBERA DE CONVIVIR CON AQUELLOS A QUIEN A DESPRECIADO GRAN PARTE DE SU VIDA BAJO LA ATENTA MIRADA DE NUETRA QUERIDA SID.
NUESTRO HEROE AUN NO TIENE EL TIEMPO PARA DESCANSAR, PUES UNA NUEVA AMENAZA SE CIERNE SOBRE WAKANDA SIN QUE NADIE LO SEPA, Y EL, JUNTO A OTROS, SE VERAN ENREDADOS EN TAL COMPLICADA SITUACION
CON ESTO DICHO, RECUERDEN QUE TIENEN EN MI PERFIL UN LINK POR SI DESEAN APOYARME DE OTRA FORMA PARA CAMBIAR MI DIETA DE CARTON MOJADO
TAMBIEN COMENTARLES QUE ESTOY TRABAJANDO EN UNA SERIE DE RELATOS...DE TERROR? O SIMILAR, POR SI A ALGUNO LES INTERESA, AUN ESTOY TRABAJANDO EN ELLOS, ASI QUE NO SE CUANDO SUBIRE EL PRIMER CAPITULO, PERO BUENO, LO COMENTABA
COMO SIEMPRE, AGRADEZCO MUCHO TODO SU APOYO Y SUS COMENTARIOS ( EN EL CAP 51 SUPERAMOS UN RECORD, MAS DE 200 COMENTARIOS, DEEEAAM)
SE ME CUIDAN, BESITOS 😘
