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Chapter 21 - El Rugido del Dragón de Plasma y el Desafío de los Siglos

El cielo de Neo-Karakorum no era negro, sino un caleidoscopio de luces de neón que se reflejaban en los anillos orbitales. Mientras las grúas láser terminaban de llenar la bodega de la nave de Marcus, Gengis Kan condujo a los gemelos hacia el Borde de la Ascensión, una pista de carreras que rodeaba el planetoide, suspendida en el vacío por potentes campos magnéticos.

—"Vuestra nave está casi lista" —dijo Gengis, ajustándose su capa de piel de tigre blanco—. "Pero nadie se va de mi dominio sin probar la verdadera velocidad. Aura, he preparado un Dragón de Plasma X-9 para ti. Si puedes completar una vuelta al anillo orbital antes que mis mejores pilotos, te daré un cargamento extra de motores de repulsión".

Aura dio un salto de alegría, sus ojos brillando con una chispa competitiva. —"¡Acepto! ¡No hay nada que no pueda domar, ya sea una bestia o una máquina!"

Aura, sentada en la cabina del Dragón de Plasma X-9, sentía la vibración del motor de antimateria viajando por su columna. A su lado, en la línea de salida, se encontraban los Jinetes de la Tormenta, la guardia de élite de Gengis Kan. Eran demonios que habían nacido y crecido en cabinas de combate, con reflejos mejorados cibernéticamente y siglos de experiencia en circuitos mortales.

—"No te confíes, pequeña" —resonó la voz de uno de los pilotos, un demonio de cuatro brazos llamado Kahn-Zul, a través del canal abierto—. "En esta pista, la magia de tu mundo no te servirá. Aquí solo importa la sincronización con el núcleo".

La Conversación: La Sombra de Saifer y el Terror de la Purga

Mientras Aura se preparaba en la línea de salida, ajustándose un casco aerodinámico de color rojo sangre, Gengis Kan se sentó en un trono portátil junto a Mare, quien observaba la pista con su habitual nerviosismo. El Kan exhaló un suspiro, observando el horizonte de pagodas tecnológicas.

Gengis Kan se acarició la cicatriz de su cuello, una marca que parecía arder ante el recuerdo. Miró a Mare con una seriedad que hizo que el pequeño guardián se tensara.

—"¿Conocerlo? Ese Viejo Lobo y yo hemos sangrado en los mismos campos de batalla. Viajamos juntos por los confines más oscuros del Anillo del Orgullo cuando todavía éramos jóvenes... y en aquel entonces, el Infierno era mucho más aterrador porque él estaba allí: Saifer".

Gengis Kan exhaló un humo denso, su mirada perdida en el vacío.

—"Cuando Marcus y yo apenas estábamos escalando posiciones en la jerarquía, Saifer ya era un Overlord de Élite de Rango IX. Imagínatelo, pequeño: nosotros éramos poco más que soldados con ambición, y él ya era un Nephilim mitad Saiyajin capaz de fracturar la realidad con un grito. Era un híbrido imposible; tenía la arrogancia de un ángel caído y esa sangre guerrera que lo hacía reconstruirse más fuerte cada vez que lográbamos, por puro milagro, herirlo".

El Kan hizo una pausa, y por un momento, su voz bajó de volumen, cargada de una incertidumbre pesada.

—"Nos enfrentamos a sus legiones cerca de lo que hoy es Nightmare City. Marcus se movía entre ellos como una sombra imparable, pero incluso él sabía que Saifer estaba en otro nivel. Si ese monstruo sigue vivo, hoy debe ser un Archidemonio de Rango VIII, alguien cuyo poder podría reducir múltiples galaxias a cenizas en un parpadeo. Pero... en este lugar nada es seguro".

Gengis Kan señaló hacia el cielo carmesí del Orgullo.

—"Hace décadas que no se escucha su nombre. Nadie sabe si se retiró a miles de archipiélagos demoniacos de distancia para cultivar su poder o seguir luchando contra seres poderosos, también pudo ser exterminado. Incluso un Rango IX puede caer si un Ángel Exterminador de seis alas o un grupo de Ángeles de cuatro alas lo acorralan durante las purgas anuales. Esos malditos emplumados no distinguen entre rangos cuando bajan a limpiar el exceso de población. Si Saifer cayó ante sus lanzas sagradas, entonces el anillo del orgullo perdió a uno de sus guerrero más temible. Pero si sobrevivió a las purgas... entonces solo está esperando el momento para reclamar todo lo que dese".

Se giró hacia la nave, viendo la figura de Marcus en la distancia.

—"Dile a tu maestro que el recuerdo de Saifer todavía me quita el sueño. Y pregúntale... si él cree que el 'Emperador Híbrido' fue realmente borrado por los Ángeles, o si solo está esperando a que bajemos la guardia".

La Carrera: Humillación y Aprendizaje

—"¡¡FUERA!!"

Al estallar la señal, Aura pisó el acelerador a fondo, pero para su sorpresa, los Jinetes de la Tormenta desaparecieron en un estallido de luz antes de que ella pudiera reaccionar. No solo eran rápidos; utilizaban el "Salto de Rebufo", una técnica avanzada que aprovechaba la estática del helipuerto para impulsarse.

En los primeros cinco minutos, Aura se encontró en la última posición. El Dragón de Plasma era una bestia caprichosa. Cada vez que intentaba girar en las curvas cerradas de los anillos orbitales, la inercia amenazaba con lanzar su nave hacia el vacío profundo del espacio exterior.

—"¡Maldición! ¡No gira como un animal!" —gritó Aura, luchando con la palanca que vibraba violentamente—. "¡Es demasiado rígido!"

Desde el palco, Gengis Kan observaba con una sonrisa de suficiencia. —"Mira, Mare. Tu hermana tiene el fuego, pero mis pilotos tienen la técnica. Están 'encerrándola'. Mira cómo cortan su flujo de plasma".

Efectivamente, dos pilotos enemigos se colocaron justo delante de Aura, emitiendo una estela de escape pesada que "asfixiaba" las turbinas de su nave, haciéndola perder potencia. Aura estaba siendo dominada por la veteranía.

El Giro: La Intuición de la Domadora

Aura cerró los ojos un segundo, ignorando los indicadores de advertencia que parpadeaban en rojo en su pantalla. Recordó las palabras de Marcus: "Todo lo que tiene un núcleo, tiene una voluntad".

—"Está bien, pedazo de metal... deja de ser una máquina" —susurró Aura, soltando los controles manuales y colocando sus manos directamente sobre el núcleo expuesto del motor, usando su habilidad pasiva de Domadora de Bestias para sentir el flujo de energía—. "¡Muévete como un lobo cazando en la nieve!".

En lugar de luchar contra la máquina, Aura empezó a "domarla". En la siguiente curva, una espiral descendente de 90 grados, los Jinetes de la Tormenta frenaron ligeramente para asegurar la trayectoria. Aura, en cambio, aceleró.

—"¡¿Está loca?!" —gritó Kahn-Zul.

Aura utilizó su látigo para golpear el panel de control, sobrecargando el sistema. La nave realizó un derrape lateral imposible, rozando el borde magnético de la pista con un chirrido de metal que soltó una lluvia de chispas sobre la ciudad inferior. Al salir de la curva, estaba en tercera posición.

El Clímax: El Duelo de Miradas

La última vuelta fue un caos de maniobras agresivas. Los Jinetes de la Tormenta empezaron a usar tácticas de contacto, golpeando el casco de la nave de Aura para desestabilizarla. Kahn-Zul estaba a solo unos metros de la meta.

—"¡Nada mal para una novata!" —dijo Kahn-Zul, activando sus propulsores finales.

Pero Aura notó algo que los pilotos, acostumbrados a la tecnología, ignoraban: la pista estaba cargada de electricidad estática por la reciente tormenta de azufre. Usando su conocimiento de la naturaleza, Aura disparó un pulso de maná no hacia sus enemigos, sino hacia el suelo de la pista.

El arco eléctrico resultante golpeó la parte trasera de su propia nave, dándole un empuje violento que la lanzó hacia adelante como un proyectil. Pasó a Kahn-Zul por centímetros, cruzando la meta con el motor envuelto en llamas y los estabilizadores destrozados.

El Respeto Ganado

Aura bajó de la cabina, tambaleándose un poco por la fuerza G, con el rostro cubierto de hollín pero con una mirada de triunfo feroz. Los Jinetes de la Tormenta aterrizaron después, bajando de sus naves en silencio. Kahn-Zul se acercó a ella, se quitó el casco y, para sorpresa de Mare, hizo una reverencia profunda.

—"Has ganado por un pelo de demonio, pequeña" —dijo el veterano, mostrando una cicatriz en su mejilla—. "Hacía siglos que nadie nos obligaba a quemar nuestros motores de esa manera. Tienes la locura de los grandes corredores".

Gengis Kan bajó de su estrado, aplaudiendo con fuerza. —"¡Eso es lo que quería ver! El ingenio de Nazarick contra la experiencia de mi imperio. Has ganado el respeto de mis pilotos, Aura. Y eso, en Chinatown, vale más que el oro".

Gengis se acercó a Mare y Aura mientras los droides de carga terminaban de llenar la nave de Marcus.

—"Ese viejo lobo de Marcus..." —continuó Gengis, con un tono más íntimo— "...siempre decía que la fuerza bruta es para los aficionados. Que la verdadera victoria está en entender el ritmo de la batalla. Hoy lo has demostrado. Dile que sus alumnos están a su altura... casi".

Gengis Kan le entregó a Aura un pequeño cilindro de datos dorado. —"Esto contiene las configuraciones de motor que mis jinetes han perfeccionado durante quinientos años. Considéralo un regalo personal. No quiero que la próxima vez que nos veamos me des una victoria tan apretada".

Con el corazón latiendo a mil por hora y la nave de Marcus cargada hasta el límite con vehículos de guerra y tecnología prohibida, los gemelos se despidieron del Gran Kan, dejando tras de sí una estela de respeto en el planeta de la conquista.

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