Cherreads

Chapter 2 - Capítulo 2: El mundo que responde

—Bosque del inicio un par de minutos después—

 

El ave descendió en círculos lentos antes de posarse sobre la rama más alta del claro.

 

Aoi levantó la vista de forma instintiva, siguiendo su movimiento hasta que las hojas lo ocultaron por completo.

 

—Lyn… —murmuró.

 

El nombre aún le resultaba extraño.

No como palabra, sino como concepto.

 

No era una mascota.

No era una herramienta.

 

Era… algo conectado a él.

 

Un suave destello apareció frente a sus ojos.

 

[Conexión activa con Lyn]

 

Aoi parpadeó.

 

—¿Eh?

 

Antes de que pudiera reaccionar, la sensación lo atravesó.

 

No fue mareo.

No fue dolor.

 

Fue… expansión.

 

De pronto, el mundo cambió.

 

El suelo desapareció bajo sus pies.

 

El bosque se volvió pequeño.

 

El cielo—

el cielo estaba demasiado cerca.

 

Aoi contuvo el aliento.

 

Veía.

 

Pero no desde donde estaba parado.

 

Veía desde arriba.

 

Las copas de los árboles se extendían bajo él como un mar verde, meciéndose suavemente con el viento. La luz del sol se filtraba entre las hojas, creando patrones dorados que se desplazaban lentamente.

 

—¿Q-qué…? —intentó decir.

 

Su voz no salió.

 

Porque esa boca no era suya.

 

Lyn batió las alas.

 

Y Aoi sintió el viento cortando a su alrededor.

 

—...…

 

No necesitó moverse.

 

No necesitó pensar en "cómo".

 

Bastó con desear mirar.

 

El ave giró.

 

El claro apareció abajo, pequeño, casi frágil. Vio a Hina y Kaede desde lo alto, dos figuras quietas observando su cuerpo inmóvil en el suelo.

 

Su cuerpo real.

 

Aoi sintió un estremecimiento.

 

—Estoy… viendo desde sus ojos… —pensó, con incredulidad.

 

Un nuevo panel se desplegó.

 

[Habilidad adquirida]

 

[Visión Vinculada — Lyn

Permite compartir sentidos visuales con la criatura vinculada.

Consumo bajo.

Duración: mientras exista conexión activa.]

 

—Esto es… —pensó—. Esto no es normal.

 

No como "no normal" en un videojuego.

 

Sino como algo que no debería sentirse tan natural.

 

Lyn planeó suavemente, ascendiendo más alto.

 

Aoi vio el mundo abrirse ante él.

 

El bosque.

Los senderos.

Pequeñas criaturas moviéndose entre la maleza.

 

Todo estaba ahí.

 

Claro.

Definido.

Vivo.

 

—Aoi.

 

La voz de Kaede llegó desde abajo, distante, como si viniera de otro mundo.

 

La conexión se rompió.

 

De golpe, el cielo desapareció.

 

Aoi cayó de rodillas, apoyando una mano en el suelo para no perder el equilibrio.

 

—¡Hey! —Hina se acercó de inmediato—. ¿Estás bien?

 

Aoi respiró hondo.

 

Una vez.

Dos.

 

—Sí… —respondió—. Creo que sí.

 

Levantó la mirada lentamente.

 

Lyn descendió y se posó sobre su hombro con total naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido ahí.

 

Aoi lo miró de reojo.

 

—Eso… fue increíble.

 

Kaede lo observaba con atención, más seria que antes.

 

—¿Qué viste? —preguntó.

 

Aoi dudó.

 

¿Cómo se explicaba algo así?

 

—El bosque —dijo al final—. Desde arriba. Como si… volara.

 

Hina abrió los ojos.

 

—¿En serio?

 

Aoi asintió.

 

—Cuando se formó el lazo… apareció una habilidad nueva.

 

Kaede frunció ligeramente el ceño.

 

—Eso no suele pasar tan rápido —murmuró.

 

Aoi no respondió.

Estaba demasiado concentrado en la sensación que aún recorría su cuerpo.

 

No poder.

No euforia.

 

Conexión.

 

Levantó la vista hacia Lyn una vez más.

 

—¿Tú también lo sientes? —pensó.

 

El ave ladeó la cabeza, como si entendiera.

 

Y entonces, por primera vez desde que entró al juego,

Aoi sonrió sin darse cuenta.

 

No era una sonrisa grande.

No era segura.

 

Pero era real.

 

—Mas tarde—

 

Muy por encima del bosque,

Lyn volvió a elevarse.

 

Y el mundo, silenciosamente,

comenzó a mirar a Aoi desde otra perspectiva.

 

El bosque se desplegaba como un mapa vivo bajo los ojos de Aoi.

 

No era una vista perfecta.

No había marcadores, ni indicadores brillantes.

 

Pero había algo mejor.

 

Movimiento.

 

Lyn planeaba a baja altura, describiendo círculos amplios mientras el viento le acomodaba las plumas. Desde arriba, Aoi distinguía sombras entre los arbustos, pequeños desplazamientos que delataban vida oculta.

 

—Tres… no —corrigió—, cuatro criaturas al noreste.

 

Su voz era tranquila. Sorprendentemente tranquila.

 

Hina levantó la vista desde el claro.

 

—¿Tipo?

 

Aoi cerró los ojos un instante, concentrándose.

 

El mundo volvió a elevarse.

 

Vio cuerpos pequeños, compactos, con colas cortas y colmillos apenas visibles cuando se movían entre la maleza.

 

—Bestias menores —respondió—. Nivel bajo. Se mueven en grupo.

 

Kaede asintió sin mirar atrás.

 

—Entonces vamos por ellas.

 

Aoi abrió los ojos.

 

Desde el suelo, la escena era completamente distinta.

 

Hina avanzó primero.

 

Su armadura clara reflejaba la luz del sol que se filtraba entre los árboles. Cada paso era firme, seguro, como si el terreno mismo se ajustara a su presencia. Cuando la primera criatura emergió del matorral, Hina no se detuvo.

 

Levantó el escudo.

 

—¡Adelante!

 

El impacto fue seco.

 

El golpe de la bestia rebotó contra la superficie reforzada sin hacerla retroceder ni un centímetro. Hina giró sobre su eje y, con un movimiento preciso, descargó su arma en un arco limpio.

 

No hubo exceso.

No hubo dramatismo.

 

Solo eficiencia.

 

La criatura cayó al suelo antes de poder reaccionar.

 

—Uno menos —dijo Hina, sin perder la postura.

 

Aoi observaba, atento, sin intervenir.

 

Kaede se movió a su lado como una sombra silenciosa.

 

Alzó el bastón y murmuró una palabra que Aoi no entendió.

 

El aire vibró.

 

Un círculo de runas apareció frente a ella, flotando a la altura de sus manos. La luz azulada se condensó, tomando forma.

 

—Ahora —dijo Kaede.

 

La magia salió disparada como una ráfaga controlada.

 

No explotó.

 

No arrasó el área.

 

Se dividió.

 

Cada fragmento impactó con precisión quirúrgica a las criaturas que intentaban rodear a Hina. El bosque se iluminó por un instante y luego volvió a la calma.

 

Aoi tragó saliva.

 

No por miedo.

 

Por comprensión.

 

—Esto… —pensó—. Esto es jugar en serio.

 

Desde el cielo, Lyn dio un giro brusco.

 

Aoi volvió a conectarse.

 

Vio nuevas sombras desplazándose más lejos, huyendo del ruido del combate.

 

—Al sur —dijo—. Se están retirando.

 

Hina sonrió.

 

—Buen ojo.

 

No persiguió.

 

Se limitó a bajar el arma y respirar hondo.

 

Kaede desactivó las runas con un gesto leve.

 

—No vale la pena —dijo—. El objetivo ya está cumplido.

 

Aoi se acercó lentamente.

 

—No tuve que hacer nada… —murmuró.

 

Hina lo miró por encima del hombro.

 

—Hiciste exactamente lo que debías.

 

Aoi levantó la vista, confundido.

 

—¿Qué?

 

Kaede habló esta vez.

 

—Nos diste información —explicó—. Nos movimos sin riesgos innecesarios. Eso es más valioso que lanzar golpes.

 

Aoi guardó silencio.

 

Miró a Lyn, que había vuelto a posarse cerca, observándolo con atención.

 

—Supongo que… puedo ayudar de esta forma.

 

Hina se cruzó de brazos.

 

—Y bastante bien, por cierto.

 

Un nuevo panel apareció frente a Aoi.

 

[Experiencia compartida]

[Aoi ha obtenido experiencia por asistencia]

 

—¿Asistencia…? —leyó.

 

Kaede asintió.

 

—El sistema reconoce tu rol —dijo—. No todos tienen que estar al frente.

 

Aoi sintió algo aflojarse en su pecho.

 

No presión.

No expectativa.

 

Aceptación.

 

El bosque volvió a quedarse en silencio.

 

Pero no era un silencio vacío.

 

Era el tipo de silencio que llega después de que algo funciona.

 

Aoi miró el cielo una vez más.

 

—Gracias, Lyn.

 

El ave emitió un sonido suave, casi imperceptible.

 

Y mientras el grupo se preparaba para avanzar,

el mundo registraba, sin hacer ruido,

que Aoi Mizuchi había encontrado un lugar

desde el cual ver sin desaparecer.

 

—zona de caza—

 

El claro volvió a quedar en silencio.

 

Los cuerpos de las criaturas derrotadas se disiparon lentamente en partículas de luz, dejando atrás fragmentos sólidos: colmillos, garras, núcleos menores. Hina ya estaba agachada, revisando los restos con la eficiencia de alguien acostumbrada a ese trabajo.

 

—Nada raro —comentó—. Materiales básicos.

 

Kaede asentía mientras organizaba los objetos en su inventario.

 

Aoi caminaba unos pasos detrás.

 

No buscaba botín.

 

Algo… lo había inquietado.

 

Se detuvo.

 

—Esperen.

 

Hina alzó la vista.

 

—¿Qué pasa?

 

Aoi no respondió de inmediato. Avanzó con cuidado hacia el borde del claro, donde la vegetación se espesaba. El olor a tierra húmeda era más fuerte ahí.

 

Entre las sombras, algo se movió.

 

Un quejido bajo. Apenas audible.

 

Aoi se agachó lentamente y apartó unas ramas.

 

Allí estaba.

 

Un lobo.

 

No uno cualquiera.

 

Era más grande que las criaturas que habían derrotado. Su pelaje gris oscuro estaba manchado de luz residual, señal de que había participado en el combate… y perdido. Una de sus patas traseras estaba doblada en un ángulo imposible, y su respiración era irregular.

 

Sus ojos, amarillos y atentos, se clavaron en Aoi.

 

No había furia.

 

Solo dolor.

 

—…sigue vivo —murmuró.

 

Hina se acercó de inmediato.

 

Su mano fue directa al arma.

 

—Está herido —dijo—. No podrá atacar, pero tampoco sobrevivirá mucho tiempo.

 

Alzó el arma.

 

—Mejor terminar con esto.

 

—¡Espera! —dijo Aoi, alzando la voz sin darse cuenta.

 

Hina se detuvo a medio movimiento.

 

—Aoi —dijo con firmeza—. Es un monstruo. Si lo dejamos así, va a—

 

—Lo sé —interrumpió él, respirando hondo—. Pero… quiero intentarlo.

 

Kaede, que había llegado detrás, frunció el ceño.

 

—¿Intentar qué?

 

Aoi miró al lobo.

 

Luego, su panel.

 

Su nivel aún era bajo.

 

Ese lobo… no.

 

—Mi habilidad —dijo—. La Afinidad Natural.

 

Hina apretó el arma con más fuerza.

 

—Aoi, ese lobo es de nivel superior al tuyo.

 

Aoi asintió.

 

—Normalmente, sí —dijo—. Pero está herido. Casi no tiene energía. Tal vez… tal vez eso cuente.

 

Kaede lo observó en silencio durante varios segundos.

 

—El sistema no suele ser flexible con las restricciones —dijo—. Pero… —miró al lobo—. No he visto un caso así.

 

El lobo gruñó débilmente, intentando incorporarse sin éxito.

 

Aoi dio un paso adelante.

 

Hina lo detuvo sujetándole el brazo.

 

—Si falla —dijo—, atacará.

 

Aoi la miró.

 

No había miedo en sus ojos.

 

—Entonces retrocederé —respondió—. Pero quiero intentarlo.

 

Hina dudó.

 

Luego bajó el arma.

 

—Una oportunidad —dijo—. Si se mueve, intervengo.

 

Aoi asintió.

 

Se acercó despacio.

 

No extendió la mano de inmediato.

 

Se agachó frente al lobo, manteniendo la distancia.

 

—No quiero hacerte daño —dijo en voz baja—. Ya has peleado suficiente.

 

Los ojos del lobo no se apartaron de él.

 

Aoi cerró los ojos.

 

Sintió esa presión en el pecho.

 

No una orden.

 

No una imposición.

 

Una intención.

 

Activó la habilidad.

 

El mundo no brilló.

 

No hubo anuncio inmediato.

 

Solo una sensación distinta.

 

El lobo dejó de gruñir.

 

Su respiración se calmó apenas.

 

Una luz tenue, casi imperceptible, comenzó a rodearlos a ambos.

 

Kaede abrió los ojos con sorpresa.

 

—…Aoi.

 

El panel apareció.

 

[Lazo inestable detectado]

[Diferencia de nivel: crítica]

[Condición especial: objetivo incapacitado]

 

Aoi apretó los dientes.

 

—Aguanta… —susurró.

 

Extendió la mano.

 

Esta vez, el lobo no se apartó.

 

Su hocico rozó los dedos de Aoi.

 

La luz se intensificó.

 

[Lazo establecido]

 

Aoi abrió los ojos de golpe.

 

El lobo soltó un suspiro profundo y dejó caer la cabeza sobre el suelo, ya sin tensión.

 

—¿Lo… logré? —murmuró.

 

Hina y Kaede se quedaron inmóviles.

 

—Eso… —Hina bajó el arma lentamente—. Eso no debería ser posible.

 

Un nuevo mensaje apareció.

 

[Nombra a tu compañero]

 

Aoi miró al lobo.

 

Su pecho subía y bajaba con dificultad, pero sus ojos ya no mostraban hostilidad.

 

—…Fen —dijo—. Te llamarás Fen.

 

El lobo emitió un leve sonido, grave, casi como un reconocimiento.

 

[Fen ha sido registrado]

 

Una luz más fuerte envolvió al lobo.

 

Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente. No del todo, pero lo suficiente para estabilizarlo.

 

Aoi sintió el tirón.

 

La experiencia fluyó hacia él.

 

[Nivel aumentado]

[Aoi ha subido a nivel 3]

 

Cayó hacia atrás, sentándose en el suelo, exhausto.

 

—Esto… fue distinto —dijo, respirando con dificultad.

 

Kaede se acercó, claramente seria.

 

—Forzaste una excepción del sistema —dijo—. Y el sistema… respondió.

 

Hina miró a Fen, que ya intentaba incorporarse, aún cojo, pero vivo.

 

—Aoi —dijo—. Acabas de hacer algo que ningún jugador normal debería poder hacer.

 

Aoi miró al lobo… y luego a Lyn, que descendió y se posó cerca.

 

Dos miradas distintas.

 

Dos lazos.

 

—Yo solo… no quería que muriera —dijo en voz baja.

 

El bosque guardó silencio.

 

Y en algún lugar, lejos de ahí,

algo que observaba el mundo

tomó nota.

Fen respiraba con dificultad, pero ya no estaba al borde del colapso.

 

Hina abrió su inventario y extrajo una pequeña botella de cristal. El líquido en su interior brillaba con un tono verde suave, casi cálido.

 

—Poción de curación media —dijo—. No es milagrosa, pero bastará.

 

Se agachó con cuidado frente al lobo.

 

—Tranquilo.

 

Fen mostró los colmillos por reflejo… y luego se detuvo. Sus ojos amarillos se deslizaron hacia Aoi, que estaba a un paso de distancia.

 

Aoi asintió levemente.

 

—Está bien.

 

Hina vertió la poción con cuidado sobre la herida principal. La luz envolvió la pata dañada y, poco a poco, la tensión en el cuerpo del lobo comenzó a disiparse. No quedó completamente curado, pero el temblor desapareció y Fen logró incorporarse, apoyando el peso con más firmeza.

 

—Eso debería permitirle moverse —dijo Kaede—. No pelear al máximo… pero sí seguirnos.

 

Fen dio un par de pasos torpes… y luego se detuvo frente a Aoi.

 

Bajó la cabeza.

 

No como sumisión.

 

Como reconocimiento.

 

—Gracias —susurró Aoi sin darse cuenta.

 

Entonces ocurrió algo inesperado.

 

Fen se agachó ligeramente.

 

Aoi parpadeó.

 

—¿…eh?

 

Un nuevo mensaje apareció frente a él.

 

[Sincronización parcial completada]

[Opción disponible: Montura vinculada]

 

Hina alzó las cejas.

 

—¿Montura…?

 

Kaede lo miró con atención.

 

—Eso solo aparece cuando la criatura acepta proteger al usuario —dijo—. Si el sistema lo permite… entonces no es un error.

 

Aoi dudó.

 

—¿Puedo…?

 

—Inténtalo —respondió Hina.

 

Aoi se acercó con cuidado y apoyó una mano en el lomo del lobo. Fen no se movió. Subió con torpeza, acomodándose como pudo.

 

El mundo no protestó.

 

Fen se puso de pie con Aoi sobre él.

 

—…esto es real —murmuró.

 

El lobo avanzó un paso.

 

Luego otro.

 

Y luego, con naturalidad, comenzó a moverse entre los árboles a una velocidad que Aoi jamás habría alcanzado caminando.

 

El viento le golpeó el rostro.

 

—¡Es rápido! —dijo, sujetándose instintivamente.

 

Hina rió.

 

—Y eso que aún está herido.

 

Kaede observaba en silencio.

 

—Fen es ofensivo —dijo—. No pelea como tú, Aoi. Él atacará si detecta peligro.

 

Aoi miró al frente.

 

Lyn planeaba alto, vigilando el camino desde el cielo. Fen avanzaba con paso firme, atento a cada sonido. Él, en medio, observaba, guiaba, decidía cuándo detenerse.

 

No atacaba.

 

No comandaba.

 

Sostenía.

 

Así pasaron las siguientes horas.

 

Aoi indicaba rutas desde la visión de Lyn.

Hina enfrentaba a las criaturas que aparecían en el camino.

Kaede controlaba el campo, ralentizando, debilitando, asegurando que nada se saliera de control.

 

Fen protegía.

 

Lyn observaba.

 

Y Aoi… conectaba todo.

 

Cuando el terreno comenzó a cambiar, Aoi lo notó primero.

 

—La vegetación es distinta —dijo—. Más caminos… y estructuras.

 

—Eso significa— —empezó Hina.

 

—Ciudad —completó Kaede.

 

—Segunda ciudad: Lunvar—

 

La segunda ciudad apareció ante ellos poco después.

 

Muros más altos.

Puertas reforzadas.

Más jugadores entrando y saliendo, cargados de equipo, hablando en voz alta, formando grupos.

 

Fen redujo la velocidad al acercarse.

 

Aoi respiró hondo.

 

—Aquí… hay mucha gente.

 

—Sí —respondió Hina, sonriendo con malicia—. Y esta vez no vas a pasar desapercibido.

 

Entraron.

 

Las conversaciones no se detuvieron de inmediato.

 

Pero las miradas, sí.

 

Primero curiosidad.

 

Luego atención.

 

Luego murmullos.

 

Una chica montada sobre un lobo grande, acompañada por un ave que sobrevolaba la zona y dos jugadoras claramente experimentadas… no era algo común.

 

—¿Ese lobo es domesticado?

—¿Desde cuándo se puede montar así?

—¿Vieron el ave?

 

Aoi bajó un poco la cabeza, incómodo.

 

—Están… mirando.

 

Hina se inclinó hacia él.

 

—Acostúmbrate.

 

Kaede caminaba a su lado, tranquila.

 

—Este mundo ya reaccionó a ti —dijo—. No va a dejar de hacerlo ahora.

 

Fen avanzó con paso firme por la calle principal.

 

Lyn descendió un poco más, vigilando desde arriba.

 

Y sin darse cuenta,

Aoi Mizuchi entró en la segunda ciudad

no como un jugador más,

sino como algo que el mundo

aún no sabía cómo clasificar.

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