Cherreads

Chapter 2 - ¡La complejidad de Raya Lucaria, visita inesperada!

Terra Magica. Ese era el nombre del hechizo ancestral transmitido por las mentes más brillantes de la academia en un pasado ya remoto.

La teoría básica dictaba que, al trazar un intrincado círculo rúnico de piedra refulgente sobre el suelo, cualquier mago que permaneciera dentro de sus límites experimentaría un aumento colosal en sus capacidades a la hora de lanzar magia.

Cuenta la leyenda que, en los años de gloria de la Academia, partiendo desde la aguja de la torre del reloj más alta, el domo de Terra Magica se extendía como un manto invisible que cubría cada rincón de Raya Lucaria.

Bajo los efectos de ese gran ritual, el talento y los dones cognitivos caían del firmamento como una lluvia suave y constante, nutriendo la mente de cada aprendiz.

Las experiencias de éxito y los destellos de iluminación de los antiguos sabios se imbuían directamente en los estudiantes, acelerando su comprensión de forma antinatural.

Se decía, incluso, que ese flujo masivo de conocimiento era capaz de transformar a un infante que apenas gateaba en un mago de piedras refulgentes perfectamente cualificado en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, en algún punto difuso de la historia, el gran grabado masivo de la torre del reloj perdió su luminiscencia y el escandaloso beneficio se disipó para siempre.

En su vida anterior, Reinhard habría teorizado que el hechizo se perdió debido a los estragos de la posterior guerra civil contra Caria o durante la Devastación, pero ahora comprendía que la decadencia venía de mucho más atrás. Como consecuencia directa, la calidad general de la academia se estaba desplomando año tras año.

—Oye, ¿te has enterado? Los del Aula de Karolos y los de la facción Lazuli casi desatan un baño de sangre en el seminario hace un momento.

—Sí, el rumor corre por los pasillos. Al parecer, tuvieron que intervenir los ejecutores del Aula de Haima con sus maza-báculos para calmar los ánimos antes de que redujeran el salón a cenizas.

—¡Bah! Esos idiotas de Lazuli se lo tenían bien merecido. ¡Herejes como ellos, que arrodillan la cabeza ante la nobleza, deberían ser expulsados de la academia!

Frente a Reinhard, pequeños grupos de dos o tres estudiantes se habían congregado cerca de las fuentes del jardín para murmurar sobre los acontecimientos del día.

Aunque moderaban el volumen de sus voces, los aguzados sentidos del rubio le permitían captar cada palabra con nitidez. Con desdén, simplemente se encogió de hombros y continuó su camino.

Semejantes disputas no eran una anomalía; eran el pan de cada día. En la jerarquía interna, el Aula de Lazuli era, por un amplio margen, la facción más impopular y repudiada por el resto del cuerpo estudiantil y los altos mandos de la Academia.

Tanto los tradicionalistas de Karolos como los eruditos de Olivinus guardaban un profundo rencor hacia ellos, e incluso los jueces de Haima los vigilaban con recelo.

El motivo era puramente político y doctrinal. En el Aula de Lazuli se estudiaba la magia de la Familia Real Cariana, persiguiendo el ideal de equiparar el poder de la luna y las estrellas en un mismo plano.

No obstante, la magia lunar introducida por la Reina Rennala era un descubrimiento relativamente nuevo y exótico en los registros de la Academia de Raya Lucaria.

Que la Reina hubiera utilizado ese poder para subyugar la academia y autoproclamarse directora tras las dos guerras de Liurnia era una herida abierta en el orgullo de los viejos sabios. Además de que en los corazones de estos viejos magos, la luna era un astro menor increíblemente débil y nada relevante, pero los hechos estaban ahí, aunque recelosos mantuvieron esos pensamientos en sus corazones.

Por ello, aunque en la superficie Raya Lucaria agachaba la cabeza frente a la Familia Real Cariana y a la Reina de la Luna Llena, la mayoría de los altos mandos mantenían una hostilidad latente en privado, refiriéndose a los miembros de Lazuli como los "perros falderos de la corona" o "Herejes" blah, blah, blah.

La paz entre la realeza y los magos era una mera fachada sostenida por el miedo; si no fuera por el abrumador y aterrador poder mágico que Rennala y sus Caballeros Carianos poseían, los sabios de la academia ya habrían desatado una guerra civil para recuperar su autonomía.

Al margen de las intrigas políticas, la distribución de las distintas facciones dentro del complejo resultaba fascinante para el. Cada una funcionaba como un engranaje independiente de una enorme maquinaria:

El Aula de Karolos: La facción más antigua y respetada, dedicada por entero a desentrañar las enseñanzas del gran sabio Azur. Su especialidad absoluta radicaba en la magia de cometas y meteoritos masivos.

El Aula de Olivinus: Fundada para preservar y continuar los legados del maestro Lusat. Sus miembros concentraban sus esfuerzos en la magia de las estrellas densas y los fragmentos de luz parpadeante.

El Aula de Lazuli: La facción leal a la corona. A diferencia de las demás, estudiaban el destino escrito en los astros, pero fusionando la teoría mística con las artes de la espada y el escudo. Eran el brazo armado cariano dentro de la escuela.

El Aula de Haima: Los pacificadores y jueces del recinto. Empleaban la fuerza bruta y una doctrina de combate puro, especializándose en la invocación de grandes martillos mágicos de choque y explosiones de largo alcance para disolver altercados.

El Aula de los Sabios Gemelos: La élite indiscutible. Una facción reservada únicamente para los genios más brillantes que lograban dominar múltiples disciplinas simultáneamente, permitiéndoles ejecutar hechizos avanzados combinados.

El Aula de Hierodas: Astrólogos inconformistas que optaban por abandonar la comodidad de las academia para vagar por los páramos de las Tierras Intermedias, especializándose en la magia de rastreo y la observación de las estrellas.

Todas estas ramas partían del mismo origen y buscaban la verdad última del cosmos, pero sus metodologías divergentes sembraban una discordia interna que entorpecía el verdadero progreso del conocimiento.

"Tsk, tsk demasiado complicado, política no importa donde sea, siempre es un dolor en el trasero."

Saliendo del bullicio del jardín, Reinhard caminó por los pasillos góticos con la firme intención de regresar al ala de dormitorios destinados a los aprendices de bajo rango para descansar.

Sin embargo, antes de que pudiera cruzar el umbral del corredor principal, una voz madura, firme y arrastrada interrumpió sus pasos.

—Reinhard.

El joven detuvo su andar en seco, formulando mentalmente un enorme signo de interrogación. Al girar el rostro, divisó a una mujer apoyada con elegancia contra una de las columnas de piedra del pasillo.

Portaba la reconocible corona de piedras refulgentes de su aula, una máscara que ocultaba por completo sus facciones. A pesar de que su túnica azul oscuro y holgada lucía pesada, el corte de la tela no conseguía disimular una silueta esbelta, alta y provista de curvas pronunciadas que sugerían una anatomía sumamente atractiva bajo el ropaje de erudito.

La mujer se pellizcó suavemente la barbilla de piedra bajo la capucha, escudriñándolo en silencio. Incómodo por la fijeza de esa mirada oculta, Reinhard apretó los dientes y se obligó a acercarse con paso firme.

—...Profesora Sellen —saludó, forzando un matiz de profunda reverencia y sumisión en sus cuerdas vocales—. ¿En qué puedo ayudarle? ¿Qué la trae por estos pasillos de aprendices?

—Ejem... —Sellen dejó escapar un suave tarareo reflexivo antes de hablar con calma—. Reinhard... ¿cómo progresa tu asimilación de los dos hechizos que te encomendé evaluar últimamente?

—¿Se refiere al Guijarro de piedras refulgentes y a la Andanada de piedras refulgentes? —respondió el rubio, tragando saliva discretamente —Prácticamente he logrado dominar el flujo y la estructura de ambos hechizos, profesora.

Un sudor frío comenzó a gestarse en su nuca. Reinhard no podía evitar sentirse en una posición sumamente vulnerable; la Sellen que se erguía ante él no era la mentora desterrada y comprensiva que el Sinluz encontraría en el sótano de unas ruinas olvidadas tras la Devastación. Esta era la Sellen activa, en la cúspide de su estatus académico y obsesionada con la fuente primigenia.

—Mmm, digno de elogio —comentó la bruja, ladeando levemente la cabeza —Tu talento posee una naturaleza un tanto... peculiar, pero los resultados son innegables. Es evidente que has dedicado un esfuerzo considerable para prepararte para la evaluación en este corto período de tiempo.

—Agradezco sinceramente sus palabras, profesora... Aunque admito que en los fundamentos teóricos más densos del Origen, todavía siento que me falta un largo trecho por recorrer.

Reinhard extendió ligeramente la palma de la mano, imitando los gestos pretenciosos de los astrólogos, como si intentara abarcar la inmensidad del firmamento con los dedos.

No supo si fue una mera mala pasada de su imaginación, pero tras pronunciar aquellas palabras, la postura de Sellen pareció tensarse con un repentino y agudo interés.

—¿Ah, sí?... —la voz de la mujer adquirió un matiz ligeramente más cálido, casi felino —En ese caso, ven a mis aposentos privados esta noche. Haré una excepción en mis labores de investigación para ofrecerte algunas tutorías personalizadas.

—¿...Eh?

La mente de Reinhard se congeló por una fracción de segundo, luchando por procesar el impacto de aquellas palabras.

¿Sellen, una hechicera de pleno derecho con corona, solicitando la presencia nocturna de un insignificante aprendiz en su habitación? El instinto de supervivencia de su vida pasada se encendió de inmediato, empujándolo a buscar una salida diplomática.

—Esto... agradezco enormemente su generosidad, profesora, pero... no creo que sea necesario perturbar su descanso. Estoy seguro de que puedo desglosar y analizar esas teorías básicas por mi cuenta si dedico más horas en la biblioteca...

—...¿Hmmm?

Antes de que pudiera estructurar una excusa más sólida, un resoplido gélido emanó de la máscara de Sellen, cortando sus palabras como una cuchilla de hielo. La atmósfera del pasillo descendió varios grados en un instante.

—Reinhard... ¿acaso estás intentando declinar una invitación formal de un mago con una corona de piedras refulgentes, que además es tu maestro?

—¡No, en absoluto! Jamás me atrevería a cometer semejante falta de respeto —respondió de inmediato, bajando la mirada con una expresión amarga y compleja.

Solo en ese instante de tensión extrema, Reinhard recordó las estrictas y crueles leyes que gobernaban la jerarquía interna de Raya Lucaria.

El sistema de clases era absoluto, equiparable al de la nobleza medieval europea. Los aprendices que no poseían una corona carecían por completo de derechos legales o individuales frente a los magos consagrados; una orden de un superior no era una sugerencia, era una ley absoluta que no admitía réplica.

Debido a esto, era de conocimiento público entre los pasillos que muchos magos veteranos abusaban de su autoridad, utilizando a las aprendices más indefensas para su propio beneficio y convocándolas a sus dormitorios bajo el amparo de la noche, para hacer cosas sospechosas.

Curiosamente, en este momento preciso, Reinhard deseó con todas sus fuerzas que las intenciones de Sellen se limitaran a ese tipo de cosas. La realidad, por desgracia, era potencialmente mucho peor.

En el lore original del juego, Sellen cargaba con el infame historial de haber asesinado a incontables eruditos y estudiantes para fusionar sus cuerpos y almas en las aberrantes esferas de piedra conocidas como "Gravas de Hechicero".

Aunque la veracidad total de esos crímenes en esta línea temporal temprana aún era un misterio para él... ¿y si los rumores se quedaban cortos? 

—Mmm, excelente. Me alegra ver que seas tan sensato. No lo olvides te espero esta noche —sentenció Sellen, visiblemente complacida por el cambió del chico.

Antes de dar la vuelta para retirarse, la bruja se detuvo un instante, añadiendo un último comentario con un tono que pretendía ser motivador:

—Ah, por cierto... si consigues superar la evaluación final del aula y reclamas tu propia corona, consideraré seriamente la posibilidad de aceptarte formalmente como mi discípulo. Pero te lo advierto desde ahora: mis métodos de enseñanza son extremadamente... rigurosos.

La silueta de Selelen se desvaneció al doblar la esquina del corredor, dejando a Reinhard estático en el pasillo. Un sudor frío comenzó a correrle por la espina dorsal, humedeciendo la tela de su uniforme.

«¿Discípulo directo...? ¿Esa es su forma sutil de decir que planea moldearme junto a otros infelices para convertirme en una maldita bola de cabezas de piedra?.... Que mujer tan aterradora»

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