La tarde todavía no había terminado.
El polvo del estadio seguía flotando en el aire cuando Mitsu volvió a pisar el campo.
Su cuerpo estaba cansado.
Los músculos tensos.
El chakra… reducido.
Pero aun así no dudó.
Su nuevo rival ya estaba allí.
Uchiha.
Más alto.
Postura firme.
Mirada fría.
A diferencia del anterior, este sí transmitía peligro real.
—No esperaba enfrentar a un civil tan lejos —dijo el Uchiha—. Pero no pienso subestimarte.
Mitsu respiró hondo.
—Hacé lo que quieras. Yo ya llegué hasta donde debía.
El combate comenzó.
Desde el inicio, la diferencia fue clara.
El Uchiha dominaba el ninjutsu.
Katon surgía con fluidez.
Sellos rápidos.
Ataques encadenados sin pausas.
Mitsu esquivaba, rodaba, contraatacaba con taijutsu…
pero su cuerpo no respondía igual que antes.
El cansancio pesaba.
Luego vino el genjutsu.
No profundo.
Pero suficiente.
Un segundo de retraso.
Un error.
—Ahora —susurró el Uchiha.
Un golpe directo al pecho.
Mitsu salió despedido y cayó de rodillas.
Intentó levantarse.
Las piernas no respondieron.
—Fin del combate —anunció el árbitro—. Ganador: Uchiha Ren.
El estadio quedó en silencio… y luego aplaudió.
No por la derrota.
Sino por lo que Mitsu había demostrado.
El Uchiha se acercó.
—Fuiste fuerte —dijo con sinceridad—. Si no hubieras peleado antes… tal vez el resultado habría sido distinto.
Mitsu sonrió con cansancio.
—Tal vez.
Pero no había frustración.
No había rabia.
Solo calma.
Ya es suficiente…
Esto era todo lo que necesitaba.
Esa noche, el examen llegó oficialmente a su fin.
Los nombres fueron anunciados.
—Los siguientes participantes serán ascendidos al rango de Chūnin…
Cuando escuchó el suyo, Mitsu cerró los ojos un segundo.
Lo había logrado.
No por ganar.
Sino por resistir.
Por demostrar.
Por crecer.
Siete días después.
El silencio envolvía su habitación.
Frente a él, dentro del espacio del sistema, el Árbol del Origen brillaba suavemente.
Un fruto destacaba sobre los demás.
Rojo oscuro.
Pulsante.
Cargado de una energía distinta.
[Fruto del Origen — ADN Uchiha]
Estado: Completo
Mitsu tragó saliva.
—Llegó el momento…
Lo tomó.
El efecto fue inmediato.
Una corriente cálida subió por su columna.
Luego ardiente.
Luego intensa.
—¡Ah…!
El dolor se concentró en los ojos.
No era físico.
Era profundo.
Como si algo despertara desde lo más antiguo de su sangre.
El mundo se volvió rojo.
Su visión vibró.
Cuando el dolor cesó, respiró agitado.
Corrió al espejo.
Y lo vio.
Un tomoe girando lentamente en cada ojo.
Sharingan.
Uno solo.
Exactamente igual al del Uchiha del que había obtenido el ADN.
—…funciona —susurró.
No era eterno.
No era perfecto.
Pero era real.
Una línea de sangre despertada.
Por primera vez, una sonrisa verdadera apareció en su rostro.
Entonces pensó…
Si esto funciona así…
Si algún día obtengo ADN del Cuarto Hokage…
O del Primer Hokage…
¿No estaría… en la cima del mundo?
Su corazón se aceleró.
Pero enseguida respiró hondo.
No.
Todavía no.
Eso está demasiado lejos.
Primero debo hacerme más fuerte.
Llegar al nivel jōnin.
Luego… kage.
Paso a paso.
Sin apresurar el destino.
Miró por la ventana.
Mañana conocería a su tutor.
Y a su nuevo equipo.
Una nueva etapa comenzaba.
Y esta vez…
Ya no era un simple ninja civil.
Era un chūnin de Konoha.
Y su camino… recién empezaba.
