Habían pasado siete días.
Siete noches desde que las semillas del sistema habían sido plantadas.
Esa noche, Mitsu tenía la guardia.
El campamento dormía.
El fuego crepitaba suavemente y el viento movía las ramas del bosque como susurros lejanos.
Mitsu respiró hondo.
Cerró los ojos.
Y entró al sistema.
El Árbol del Origen se alzaba frente a él, más grande que antes.
Tres frutos colgaban de sus ramas.
Dos pequeños.
Uno imponente.
Los primeros pertenecían a sus compañeros.
Sin dudar, extendió la mano.
Primer fruto — Mai
Al morderlo, una sensación firme recorrió su cuerpo.
Sus músculos se tensaron.
Su postura cambió.
No era fuerza bruta… era control.
Mejor coordinación.
Mayor estabilidad.
Precisión al moverse.
Cuando terminó, su respiración era más profunda.
Segundo fruto — Kenta
Esta vez fue distinto.
Su mente se aclaró.
La percepción del entorno se volvió más nítida.
Distancias.
Tiempos.
Ángulos.
Su lanzamiento de armas ninja mejoró de inmediato.
No era un cambio pequeño.
Era notable.
Mitsu abrió el panel.
[Progreso general: aumento significativo]
Entonces levantó la mirada.
El último fruto seguía allí.
Grande.
Denso.
Cargado de poder.
El fruto del jōnin.
El de su tutor.
—Este… es el verdadero salto.
Lo tomó.
Y lo mordió.
El mundo se quebró.
Una oleada de chakra recorrió cada parte de su cuerpo como un río desbordado.
Sus tenketsu ardieron.
Sus músculos se expandieron y luego se estabilizaron.
Su mente fue invadida por recuerdos que no eran suyos.
Combates reales.
Decisiones en segundos.
Uso eficiente del chakra.
Transiciones perfectas entre taijutsu y ninjutsu.
No aprendía técnicas nuevas…
las entendía.
Su cuerpo se adaptaba.
Cuando la transformación terminó, cayó de rodillas.
Pero no por debilidad.
Por exceso.
Respiró lentamente hasta estabilizarse.
Luego abrió el panel.
Panel del Sistema
Nivel general: Jōnin bajo
Reservas de chakra: incremento elevado
Control de chakra: avanzado
Taijutsu: jōnin inicial
Ninjutsu: jōnin inicial
Experiencia de combate: adquirida
Mitsu apretó los dientes.
—Ya entré…
Un par de frutos más…
Y alcanzaría jōnin avanzado.
No completo aún.
Pero el camino ya estaba abierto.
Miró alrededor.
Todos seguían dormidos.
Nadie había notado nada.
Salió del sistema.
Y continuó con la guardia como si nada hubiese pasado.
El cielo comenzó a aclarar.
Al mediodía llegaron al destino.
La caravana fue entregada sin problemas.
Como el equipo no estaba agotado, decidieron regresar de inmediato.
El bosque parecía tranquilo.
Demasiado.
Mitsu lo sintió primero.
—¡Cuidado!
Cinco presencias surgieron de entre los árboles.
Cuatro chūnin.
Y uno… distinto.
Un jōnin enemigo.
—Tetsu —dijo Mitsu.
—Yo me encargo del jōnin —respondió el tutor sin dudar.
Y desapareció.
El choque de chakras fue brutal.
Mitsu quedó frente a los cuatro chūnin.
Antes, eso habría sido imposible.
Ahora…
Era distinto.
Uno atacó primero.
Mitsu apareció frente a él en un parpadeo.
Un golpe preciso en el cuello.
Caído.
El segundo lanzó un jutsu de fuego.
Mitsu lo atravesó con una kunai antes de que terminara los sellos.
Dos menos.
Podía matar a los otros dos en segundos.
Lo sabía.
Pero se contuvo.
—Demasiado rápido sería sospechoso…
Retrocedió.
Fingió dificultad.
Bloqueó.
Esquivó.
Simuló errores.
Alargó el combate.
Hasta que una explosión de chakra sacudió el bosque.
El jōnin enemigo cayó sin vida.
Tetsu regresó cubierto de polvo.
—¿Cómo estás?
—Bien —respondió Mitsu, respirando agitado a propósito.
Entre los cuatro enemigos, ya no quedaba ninguno con vida.
—Buen trabajo —dijo el tutor, observándolo unos segundos más de lo normal.
Algo… no cerraba.
Pero no dijo nada.
—Nos vamos. Ahora.
Regresaron a toda velocidad hacia Konoha.
Mientras saltaba entre los árboles, Mitsu sentía su cuerpo responder de una forma completamente nueva.
Más rápido.
Más firme.
Más seguro.
Había cruzado una línea.
Ya no era solo un chūnin talentoso.
Había dado el primer paso real…
hacia el nivel de los monstruos.
