La frontera era distinta de Konoha.
No había risas.
No había vida.
Solo viento… y vigilancia.
El campamento se armó rápido.
Turnos de guardia.
Sellos de alerta.
Fuego bajo.
Mitsu se sentó cerca de un árbol, con la espalda recta y los sentidos abiertos.
La noche cayó pesada.
Demasiado tranquila.
El Shinkōgan latió suavemente.
No una advertencia clara…
solo una incomodidad.
Entonces—
El aire se quebró.
—¡Contacto enemigo! —susurró alguien.
Demasiado tarde.
Sombras surgieron desde todos los ángulos.
Kunai volaron.
Explosiones sordas sacudieron el perímetro.
Y en medio del caos…
Shisui desapareció.
No fue un jutsu visible.
No hubo destello.
Solo estaba… y ya no.
Mitsu giró la cabeza.
El Shinkōgan se activó por reflejo.
Y aun así—
—¿Qué…?
Apenas logró seguirlo.
Su movimiento no dejaba estela.
No había trayectoria.
No había lógica.
Solo espacios vacíos donde debía haber alguien.
—Esto… es absurdo…
Un jōnin enemigo cayó con el cuello roto antes de terminar un sello.
Otro gritó—
Y ya no estaba.
Shisui reapareció detrás del grupo enemigo como si siempre hubiera estado ahí.
El verdadero Destello Parpadeante.
Mientras tanto, el equipo de Mitsu fue rodeado.
—¡Cuatro contactos! —gritó Ryo.
Dos jōnin.
Dos chūnin.
El chakra que emanaban era pesado, opresivo.
—Formación defensiva —ordenó Tetsu al instante.
Los dos chūnin enemigos avanzaron primero y fueron interceptados por Ryo y Akemi.
El choque de armas rompió el silencio de la noche.
Mitsu dio un paso al frente.
Uno de los jōnin se separó del grupo y caminó hacia él.
No habló.
No provocó.
Solo observó.
Tetsu, a su costado, lo miró apenas un segundo.
No dio órdenes.
Solo desplazó su atención hacia el otro jōnin.
Yo me encargo de ese.
Mitsu asintió levemente.
—…Entendido.
El jōnin enemigo atacó.
Rápido. Preciso.
Un shunshin corto, bien ejecutado.
Mitsu se movió al mismo tiempo.
No para chocar.
Para reposicionarse.
El golpe pasó rozando su ropa.
Ambos intercambiaron taijutsu.
Puños.
Codos.
Bloqueos secos.
El jōnin era fuerte, experimentado, cada ataque llevaba intención de matar.
Mitsu no retrocedía.
Observaba.
La postura.
La respiración.
El ritmo entre ataque y ataque.
Centro de gravedad bajo… carga más peso en la pierna derecha.
En un cruce breve, Mitsu hizo contacto visual por un instante.
Lo justo.
Un genjutsu simple.
Nada ostentoso.
Nada profundo.
Solo una distorsión mínima del entorno.
El jōnin frunció el ceño.
El mundo a su alrededor se deformó apenas… como si el espacio respirara.
—¿Qué…?
Antes de que pudiera reaccionar, Mitsu formó sellos rápidos.
—Katon: Gōkakyū no Jutsu.
La bola de fuego surgió de frente, envolviendo el campo con un calor brutal.
El jōnin reaccionó de inmediato.
—Suiton: Suijinheki.
Una pared de agua se alzó y chocó contra el fuego.
El impacto generó una nube espesa de vapor.
Niebla.
Visibilidad casi nula.
Desde la cortina de humo, una figura emergió.
Un Mitsu avanzó directo.
El jōnin sonrió con confianza.
—Ahí estás.
Intercambiaron golpes dentro de la niebla.
El enemigo lo presionó.
Lo hizo retroceder.
Entonces el cuerpo explotó en una bocanada de humo.
—¿Un clon…?
Demasiado tarde.
Desde la sombra proyectada a su costado, Mitsu apareció.
Sin chakra visible.
Sin ruido.
Como si siempre hubiera estado ahí.
El jōnin giró instintivamente—
pero la hoja ya había entrado.
Directo al corazón.
Preciso.
Limpio.
El cuerpo cayó sin comprender qué había pasado.
La niebla comenzó a disiparse.
Mitsu sostuvo al enemigo para que no golpeara el suelo.
Lo recostó lentamente.
Respiración firme.
Controlada.
Ojos cerrados.
No había necesidad de mostrarlos.
Giró la cabeza.
Ryo estaba siendo presionado por el último chūnin.
Mitsu apareció a su lado.
Un golpe seco.
Desarme.
Un segundo ataque.
El enemigo cayó.
Silencio.
Solo el sonido del viento entre los árboles.
—Mitsu… —murmuró Akemi— gracias.
Ryo asintió, todavía agitado.
Momentos después, pasos firmes se acercaron.
Tetsu apareció desde la oscuridad.
Había sangre en su ropa.
Pero su postura seguía firme.
Había vencido al otro jōnin.
Miró el cuerpo del enemigo de Mitsu.
Luego lo miró a él.
No sorpresa.
No miedo.
Solo comprensión.
Se acercó y apoyó la mano en su hombro.
Un gesto pesado.
Sincero.
Asintió.
—Buen trabajo.
Después observó al equipo completo.
—¿Están heridos?
Nadie respondió enseguida.
Solo cansancio.
Solo respiraciones profundas.
La noche volvió a cerrarse sobre la frontera.
Y Mitsu lo entendió con claridad:
no necesitaba demostrar su poder,
no necesitaba abrir sus ojos,
no necesitaba llamar la atención.
Después de la batalla
Ambos equipos se reagruparon.
—¿Heridos? —preguntó el líder.
Nadie respondió.
Solo raspones.
Nada grave.
Mientras revisaban el área, Mitsu se agachó junto a uno de los cuerpos.
Sus manos se movieron con naturalidad.
Un cabello.
Un poco de sangre en el borde de una venda rota.
Nadie lo notó.
[ADN detectado — Jōnin enemigo]
[Semilla del Origen creada]
Perfecto.
Los cuerpos fueron eliminados según protocolo.
Nada debía quedar.
Cuando terminó, una figura apareció a su lado.
—Peleaste bien —dijo Shisui con una leve sonrisa.
Mitsu alzó la vista.
—Gracias. Pensé que necesitaría ayuda, pero… ya terminó.
Shisui lo observó un segundo más de lo normal.
Como si intentara ver algo más profundo.
—Si alguna vez necesitás respaldo —dijo—, avisá.
Mitsu sonrió con calma.
—Lo tendré en cuenta.
Shisui se alejó.
Mitsu pensó en su final trágico y dijo que lo cambiaría si pudiera.
