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Chapter 33 - Capítulo 33: El latido del origen

Cuando el chakra Senju recorrió su cuerpo, algo distinto ocurrió.

No fue explosivo.

No fue violento.

Fue… vivo.

El Shinkōgan reaccionó por sí solo.

Mitsu llevó una mano a sus ojos.

El chakra fluyó hacia ellos sin que lo ordenara, como si los propios ojos lo estuvieran llamando.

Una sensación cálida nació detrás de las pupilas.

No dolor.

No presión.

Era como raíces extendiéndose lentamente.

—…están creciendo —susurró.

El chakra del Primer Hokage no forzaba el poder ocular.

Lo alimentaba.

El Shinkōgan comenzó a absorber pequeñas cantidades de ese chakra natural, refinándolo, adaptándolo, integrándolo.

No copiaba al Senju.

Lo reinterpretaba.

Mitsu sonrió, genuinamente emocionado.

—Entonces… ustedes también evolucionan con el tiempo.

Pasó los días siguientes internado en el bosque.

Probó el Hiraishin heredado del Segundo Hokage, marcando árboles, rocas y zonas estratégicas.

Cada marca era precisa.

Pensada.

Silenciosa.

También practicó el estilo madera, aunque aún en pequeña escala.

Raíces delgadas.

Brazos incompletos.

Pequeños brotes.

No era el Primer Hokage… todavía.

Pero el potencial estaba ahí.

Durante una pausa, sentado sobre una roca, Mitsu suspiró.

—Dentro de poco cumplo quince…

Miró el cielo.

Había vivido dos vidas.

Había matado.

Había sobrevivido.

Y aun así…

Estaba solo.

—No quiero caminar este mundo solo —murmuró.

Y entonces pensó en Orochimaru.

No como monstruo.

Sino como científico.

El laboratorio

Orochimaru alzó una ceja cuando escuchó la propuesta.

—¿Ayudarme en investigación… a cambio de crear un cuerpo clonado?

—Un cuerpo humano sano —respondió Mitsu—. Sin chakra. Sin memoria. Sin manipulación.

Solo… alguien que pueda vivir.

Orochimaru guardó silencio largo rato.

—Todavía no puedo garantizar estabilidad emocional —dijo finalmente—. Pero… no es imposible.

Y para sorpresa de ambos…

querían lo mismo.

Trabajaron juntos.

Al principio Orochimaru observaba con desconfianza.

Pero conforme pasaban los días, su expresión cambió.

—Tu comprensión celular…

—tu análisis del alma…

—y tu control del chakra…

Chasqueó la lengua, fascinado.

—Estás al nivel de un investigador veterano.

Mitsu no respondió.

Solo trabajó.

Y finalmente…

lo lograron.

Un cuerpo femenino joven, biológicamente adulto, completamente estable.

Sin chakra.

Sin recuerdos.

Sin programación.

Un ser humano en blanco.

—Ella deberá aprender todo —dijo Orochimaru—. Como un niño… pero en cuerpo adulto.

Mitsu asintió.

—Eso está bien.

Creó un clon de sombra y la llevó a su casa.

Le enseñó lo básico.

Le compró ropa.

Le explicó el mundo lentamente.

No como dueño.

No como creador.

Sino como alguien que no quería que otro ser humano estuviera perdido.

La noche y las sombras

Pero Mitsu no se detuvo ahí.

Otro clon fue enviado a la prisión.

Danzo.

Sellado.

Vigilado.

Un descuido fue suficiente.

Un solo cabello.

Luego, esa misma noche…

una figura con máscara naranja apareció entre los tejados.

El Tercer Hokage caminaba con su esposa, tranquilo.

La sombra cayó.

Un intercambio breve.

Una herida superficial.

Una gota de sangre.

Nada mortal.

Pero suficiente.

La aldea entera se activó.

ANBU.

Sensores.

Minato.

La persecución fue brutal.

Pero cuando el Cuarto Hokage llegó…

el rastro se perdió en una casa abandonada.

Una marca brilló.

Y el atacante desapareció.

Lejos.

Muy lejos.

El clon entregó las muestras al cuerpo principal.

Danzo.

Hiruzen.

Ambos colocados en el sistema.

El Árbol del Origen reaccionó.

Dos nuevos frutos comenzaron a formarse lentamente.

Mitsu los observó crecer.

Silencioso.

Pensativo.

—Esto… recién empieza.

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