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Chapter 39 - Segunda Temporada: Batalla de Caballería

—¡Y ese fue el final de película que merecíamos, señoras y señores! —rugió Present Mic por todo el estadio mientras el público estallaba en vítores, aún digiriendo la avalancha de emociones del primer evento—. ¡Qué carrera! ¡Qué intensidad! ¡Qué locura de movimientos y estrategias!

Las pantallas brillaron con repeticiones de los mejores momentos: el hielo de Todoroki formando una trampa para los desprevenidos, el estallido constante de Bakugo sorteando minas como si bailara sobre fuego, los látigos negros de Akemi ondeando como serpientes vivas mientras reforzaban sus piernas, y por supuesto... la figura de Hades volando en el aire por la detonación de varias minas.

—Y si bien nuestro primer lugar se lo lleva Hades —añadió Mic, levantando su dedo índice—, no podemos ignorar el espectáculo de estos tres titanes. ¡Bakugo Katsuki, con su potencia destructiva! ¡Shoto Todoroki, con la mente tan fría como su quirk! ¡Y por supuesto, nuestra más brillante estrella técnica del día: ¡Akemi Midoriya! ¡Una ejecución quirúrgica de su quirk! ¡Elegancia, fuerza y control! ¡Un dominio de su quirk que ya hace temblar a la generación anterior!

Los vítores del público no se detenían. En ese mar de ruido, las pantallas gigantes cambiaron. Una por una, las caras de los clasificados comenzaron a aparecer.

En la cima del listado:

1. Hades – 1º Lugar

2. Akemi Midoriya – 2º Lugar

3. Katsuki Bakugo – 3º Lugar

4. Shoto Todoroki – 4º Lugar

El resto fue deslizándose rápidamente, hasta llenar la pantalla con los 42 clasificados. Algunos suspiraron aliviados, otros contenían la rabia entre dientes. Desde su posición, Hades alzó la mirada hacia su rostro proyectado sobre miles de personas. No podía evitar sonreír. Su respiración aún era irregular, el cuerpo le dolía, pero dentro de su mente, la alegría de ambos era innegable.

La sonrisa en su rostro se afianzó, apenas perceptible.

—¡Lo logramos Hades, lo logramos!

—Sí, Haruto. Lo logramos. No me caí, no me rompí las piernas y... nadie nos detuvo.

Observó la pantalla más abajo. La mayoría de su clase había pasado. A excepción de ese tipo sin nariz —¿Shoji, era?— y el de los brillos, que parecía más una lámpara de árbol que un estudiante, todos habían cruzado.

Pero cuando sus ojos se posaron al fondo de la clasificación, sus ojos brillaron de reconocimiento. Tenía el cabello blanco cenizo, corto y un monóculo dorado que cubría un ojo con arrogancia. Pero, sobre todo, su mirada estaba tan vacía que parecía no haber dado más de tres pasos sin cansarse.

Hades entrecerró los ojos. Algo se revolvió en su estómago, pero antes de que pudiera profundizar, una voz dulce y sensual rompió el aire.

—¡Felicitaciones a nuestros clasificados! —gritó Midnight, su látigo al hombro, parada con autoridad frente a todos—. Los mejores 42 pasarán a la siguiente ronda. ¡Y a los que no lo lograron... lo siento! Así es la vida de héroe, chicos. A veces se gana, a veces se observa desde las gradas.

Hizo una pausa, mirando hacia las gradas y analizando como las voces se llenaban de vítores por los clasificados. Satisfecha por la reacción, chasqueó su látigo contra el suelo, y el público se calmó. Un zumbido de expectativa recorrió el estadio.

—Y ahora... —sonrió, relamiendo sus labios— para los post-preliminares. El segundo evento del día...

La pantalla detrás de ella se iluminó como un trueno: cientos de letras giraban entre sí, mientras lentamente se formaba una oración, hasta que... 

—¡Batalla de caballería humana! —anunció, levantando su látigo y chasqueándolo contra el escenario.

—¿Caballería? —exclamó Denki con los ojos abiertos como platos.

 —¿Eso no se hace en equipos? —agregó Momo con confusión.

Midnight asintió, sosteniendo una sonrisa pícara en los labios.

—El mínimo de personas por equipo será de dos, mientras que el máximo son cuatro. ¡Uno es el jinete, los otros el soporte! Y el objetivo... ¡es simple! Los que obtengan una mayor cantidad de puntos, serán los clasificados. 

La tensión subió de inmediato.

—¡Pero cómo equilibras eso! —gritó Sato desde atrás—. ¡Algunos se llevan ventaja solo por tener más fuerza...!

—¡Oh, cariño, no me interrumpas! —rió Midnight, alzando su voz con teatralidad— Porque aquí viene el giro...

Giró sobre sus tacones, señalando directamente al primer puesto de la tabla.

—Dependiendo del lugar en el que quedaron... se les asignará una cantidad de puntos. Desde 5 puntos al último lugar... 10, 20, 30, dependiendo del rango...

Sus labios se curvaron, y apretando su látigo, miró de reojo a Hades quien sintió el foco caer sobre él. 

—Pero, en el caso del primer lugar... —dejó escapar una risa peligrosa, girando el látigo con una sola mano y mirando de reojo a la audiencia—, ¡tendrá una carga especial sobre sus hombros!

El estadio enmudeció.

Midnight extendió los brazos hacia el cielo, la pantalla tras ella comenzó a mostrar números que no hacían nada más que crecer. Las decenas se transformaron en miles... y los miles, en millares. Cuando los números comenzaron a desacelerar, ella rugió con su mejor voz de anuncio:

—¡Diez millones de puntos!

Un rugido de sorpresa sacudió el estadio. Los ojos se clavaron en Hades. Algunos con asombro. Otros con avidez.

Y muchos, muchos más... con codicia.

Los ojos de Hades se abrieron de par en par, como si una mano invisible le hubiese destapado los párpados de golpe. Un sudor frío descendió por su nuca, resbalando por la curva de su espalda antes de perderse entre los pliegues de su uniforme. El aire pareció tornarse más denso, y a su alrededor, como si algo ancestral hubiera despertado en el centro del estadio, los estudiantes comenzaron a apartarse con lentitud. En un radio de tres metros, todos retrocedieron. No hubo empujones ni gritos, solo miradas. Miradas que no buscaban entenderlo, sino medirlo. 

Estaba en el centro. El punto más vulnerable.

Midnight, en lo alto de la tarima, esbozó una sonrisa ladeada, una que solo los adultos curtidos por la experiencia sabían ofrecer. Una mezcla de burla, picardía y juego sucio. Su látigo giró una vez con destreza, zumbando en el aire, antes de aterrizar con un golpe seco contra su bota de tacón.

—Parece que alguien tendrá muchos pretendientes —comentó con voz sedosa, mirando brevemente a Hades, pero sin nombrarlo. Su comentario pasó desapercibido para todos... menos para los profesores, que alzaron las cejas o desviaron la mirada, sonriendo en silencio.

Hades, por su parte, no entendió la burla. Aún procesaba la cifra. Diez millones. No puntos. No monedas. No fama. Diez millones de razones para que todos quisieran derribarlo.

—Bueno... ya saben lo que dicen, ¿verdad? —agregó, mientras levantaba los hombros—. ¡Las mejores espadas se forjan a golpes! ¡Plus Ultra! —gritó Midnight, extendiendo los brazos como una animadora macabra.

Un estruendo de gritos y murmullos recorrió las gradas y las filas de estudiantes como una ola impaciente.

—Ahora bien, mis valientes gladiadores —continuó, caminando por el escenario con paso provocador, su látigo deslizándose tras ella como la cola de una pantera—. El tiempo límite será de quince minutos. Durante ese lapso, deberán mantenerse en pie, robar bandas y sobrevivir al caos.

Una pantalla holográfica se activó tras ella, mostrando los detalles del evento. Los alumnos comenzaron a intercambiar miradas, gesticular y moverse nerviosos. Midnight alzó un dedo enguantado en cuero negro.

—El total de puntos de cada equipo dependerá de la suma de las bandas que lleven consigo. Cada banda tiene su valor predefinido, y solo el jinete podrá portarlas. 

—¿Y si las escondemos debajo de la ropa? —preguntó uno de la clase B con una sonrisa pícara.

—Ah-ah —Midnight alzó un dedo, negando con dulzura mientras caminaba por entre los grupos como una reina paseándose entre peones—. Nada por debajo del cuello. Queremos un buen espectáculo, no una cacería de serpientes.

Algunos estudiantes comenzaron a susurrar con rapidez. Otros ya miraban en dirección a los que habían quedado en los primeros puestos, sopesando opciones, estrategias, alianzas. Hades, en cambio aún sentía la mirada de todos sobre él. Akemi lo observaba en silencio, su expresión ilegible. Todoroki fruncía el ceño, como si calculara probabilidades. Bakugo ya había encendido una pequeña chispa entre sus dedos.

Midnight giró sobre sus tacones y alzó el mentón.

—¡Entre más bandas roben, mayor será la presión de mantener el ritmo! —exclamó con teatralidad, dejando que su voz se alzara por encima del murmullo creciente. Hizo una pausa, llevando la mano a su cadera—. Y ahora, la parte más importante...

Todos guardaron silencio. Hasta los más ruidosos tragaron saliva.

—No importa si el caballo se desmorona, si pierden todas sus bandas, o si acaban arrastrándose por el suelo como niños sin recreo... —Midnight sonrió abiertamente esta vez, enseñando los dientes—. ¡Mientras el jinete no toque el suelo, y el tiempo no se haya terminado... aún pueden seguir jugando!

—¿Es decir que podemos perder los puntos y luego recuperarlos? —murmuró alguien en la multitud.

—¿No es mejor dejarnos tumbar al principio y robar al final...? —dijo otro, pensativo.

—¿Podríamos hacer equipos fuertes y luego traicionarlos...? —susurró un tercero con media sonrisa.

Pero Midnight los cortó con un chasquido de látigo que cortó el aire como una navaja.

—¡Los quirks están permitidos! —anunció—. Tienen ocho minutos para formar sus equipos. ¡Y les advierto...! —Su mirada se detuvo un segundo más de lo debido en Hades—. ¡Escojan con sabiduría!

La tensión se volvió espesa. Todos se movieron al mismo tiempo. Los más astutos ya sabían a quién buscar. Los más inseguros vagaban con la mirada perdida, buscando un salvavidas entre las caras conocidas. Los estudiantes de la clase 1-A comenzaron a reagruparse entre murmullos ansiosos, buscando formar equipos alrededor de los tres que habían acaparado más atención: Akemi, Todoroki... y, sobre todo, Bakugo.

El chico explosivo estaba en el centro de una pequeña multitud. Varios alumnos hablaban al mismo tiempo, estirando las manos, proponiéndole alianzas con sonrisas nerviosas. Bakugo no sabía a quién golpear primero ni a quién tomar en serio. Tragó saliva, la mandíbula tensa, y por un instante su mirada perdió el fuego.

—¿Cuáles eran sus quirks? —preguntó, sin mover un músculo.

Hubo un silencio breve, incómodo, seguido de un unísono de ojos en blanco y suspiros exasperados.

Por otra parte, Akemi entrecerró los ojos, escaneando la zona, buscando a alguien. Entonces, la vio: una figura de cabello rosado que daba pequeños saltitos mecánicos en dirección al aún inmóvil Hades. 

Akemi no lo pensó y corrió a interceptarla.

—¡Oye, Mei! —gritó mientras levantaba una mano—. ¿Te gustaría hacer equipo?

Mei la observó con desinterés al principio, sin detenerse.

—Neh. Prefiero ir con ojos LED. —Señaló con la barbilla a Hades—. Será el centro de atención, ¿cierto? Perfecto para mostrar mis bebés.

—¿Y qué pasa si tus bebés reposan sobre brazos extra, y una potencia de fuego superior? —soltó Akemi con una sonrisa brillante, abriendo uno de sus tentáculos y agitándolo como si fuera un brazo suelto.

Mei parpadeó.

—¿Brazos extra?

Akemi dio un paso más, inclinando un poco la cabeza con picardía.

—Conmigo, no solo tendrás visibilidad. Tendrás soporte aéreo por ingravidez, movimiento reforzado, ¡y más plataformas para mostrar tus invenciones! Solo imagínalo —dijo, mientras levantaba ambas manos con energía desbordante—, un espectáculo tecnológico completo.

Mei llevó una mano al mentón, murmurando para sí. 

—Múltiples puntos de montaje... sistemas simultáneos... ¡giro total en la presentación de mis bebés!

Parecía estar convencida, pero aún miraba por encima del hombro a Hades, solo... completamente solo.

Akemi se acercó y susurró:

—Además... él no tiene equipo. —Se giró para mirar directamente hacia donde estaba Hades. El chico caminaba hacia un grupo, pero estos se disolvían apenas se acercaba. Dio media vuelta y fue hacia otro... con el mismo resultado. Su figura empezaba a temblar ligeramente en la distancia.

—Estar solo es una desventaja brutal. Si lo elijes, terminarás eliminada con él o siendo el blanco de todos. Nadie quiere perder como el número uno. Tú eres lista. Sabes que no podrás lucirte si te arrastran al fondo con él.

Mei resopló, dándose la vuelta para encararla.

—¡Tch! Está bien. Pero espero que al menos consigan esos diez millones de puntos, ¿me oyes?

Akemi sonrió como si ya hubiese ganado.

—Lo tengo completamente bajo control.

Por otro lado, Todoroki permanecía de pie junto a Yaoyorozu. Momo sostenía un pequeño prototipo de manta aislante entre las manos mientras hablaba animadamente sobre cómo podría resistir las descargas de Kaminari.

—Con este compuesto de goma vulcanizada, creo que podemos cubrir la parte superior y...

—Hm —respondió Todoroki, sin prestarle atención.

Sus ojos estaban fijos en Hades.

El chico seguía deambulando entre grupos. Cada vez que se acercaba a alguien, estos se alejaban con torpeza, buscando otro equipo. No había burla ni agresión, solo miedo por esos millones. 

Pero entonces, se acercó a Komori con pasos vacilantes. Ella se veía nerviosa mientras miraba a su grupo y a Hades de forma casi frenética. Sus piernas temblaban, sus manos se agitaban como gelatina. Y cuando Hades abrió la boca, varias raíces verdes la tomaron y la arrastraron hacia su grupo. 

—¡No dejaremos que un delincuente como tú corrompa a nuestra inocente Komori! —gritó la chica, sin dedicarle una segunda mirada al muchacho.

Él, a su vez, se quedó sin palabras, sus hombros cayeron y su boca casi chocó contra el suelo mientras un brillo verde serpenteaba por sus ojos antes carmesí.

—Pero qué... —murmuró Todoroki, antes de desviar la mirada, negando con la cabeza en silencio, después de todo, sus ojos eran rojos. 

A su lado, Iida se aproximó con energía y propuso una formación estratégica basada en velocidad, pero ni Momo ni Todoroki parecían escuchar con claridad.

....

....

Hades estaba atrapado en un mar de silencio interno.

—Hades... hermano... no podemos hacer esto solos... ¿por qué no quieren estar con nosotros? Kinoko... incluso ella nos negó...

Sus pasos eran lentos. Tropezaba con sus propios pies. Murmurado entre dientes:

—Hongos traicioneros... hongos mentirosos... seguro ya está con esa loca de los pelos verdes... los hongos no tienen honor...

Pero, entonces, un golpecito suave en la espalda lo sacó de su espiral.

—Disculpe, señor número uno... ¿aún no tiene equipo?

La voz era refinada, dulce... con un acento ligeramente británico.

Hades se giró con lentitud, mirándola detenidamente. Era baja, de cabello grisáceo amarrado en una coleta baja, su rostro, adornado por un monóculo dorado era inexpresivo salvo por una sonrisa educada y una taza de té humeante en su mano derecha, como si estuviese en plena hora inglesa y no en medio de un evento escolar competitivo.

—Mi nombre es Saiko... pero puedes decirme Intelli —añadió, con un ligero acento británico, remarcando las sílabas con cortesía—, el motivo de mi visita es hacer equipo con usted.

Hades asintió sin pensarlo. Estaba demasiado perdido, demasiado solo, demasiado desesperado para cuestionar nada. Intelli a su vez, sonrió satisfecha.

—Excelente decisión, Hades-san... —asintió, arreglando su monóculo con elegancia—. Con mi inteligencia y tu fuerza bruta, seremos invencibles —continuó, bebiendo otro sorbo de su té. Sus labios chasquearon cuando terminó de sorber y un suspiro cálido se escapó. 

Hades confundido, levantó una ceja.

—¿Por qué diablos tienes e—?

—Mi quirk se activa al beber té —lo interrumpió con naturalidad, adelantándose por completo—. Multiplica mi coeficiente intelectual dependiendo de la calidad de la infusión. Este es de Ceilán, con un toque de bergamota.

Volvió a chasquear los labios con el último sorbo y exhaló por la nariz con placer.

—He analizado todas las combinaciones posibles —afirmó, levantando un dedo—. Si llegase a unirme a cualquier otro grupo, tengo un 10% de probabilidades de victoria... pero contigo, mi estimado berserker, tengo más del 90%.

Hades la miró, sin comprender del todo, pero asintió como si acabara de aceptar un contrato.

—Si ese es el caso... tú serás el jinete —dijo, y de su rostro una ligera sonrisa se materializó—. Pero espero que soportes velocidades superiores.

Intelli entrecerró los ojos con una sonrisa ladeada.

—No me subestimes. Puedo manejar algo de energía G.

Acto seguido, alzó un dedo mientras empezaba a recitar mentalmente una letanía de cálculos.

—Vi la grabación de tu combate en el USJ. Y basándome en la velocidad del Nomu, tu aceleración relativa, la fuerza de reacción del suelo, los vectores del impacto y la distancia recorrida en tu segundo embate, calculé que...

—Entiendo —murmuró Hades, con una cara tan seria que parecía haber absorbido todo. Pero, de su cabeza empezó a emanar un leve vapor, como si su cerebro estuviera hirviendo. Literalmente.

—¿De verdad me entiendes? —preguntó Intelli, súbitamente ilusionada, apoyando las dos manos sobre su pecho.

Hades abrió la boca para responder, pero la voz de Midnight resonó por los altavoces como un latigazo con perfume:

—¡Han pasado los primeros cinco minutos, así que les empezaremos a repartir las bandanas!. Les quedan tres minutos para organizarse y decidir la estrategia final. ¡Así que recuerden, las bandas solo pueden ser usadas por el jinete y están prohibidas debajo del cuello!

Todos en la pista comenzaron a moverse con urgencia, como si alguien hubiera encendido una mecha. Desde las gradas, los profesores observaban con un interés renovado. Cementos anotaba cosas, Ectoplasm lo miraba todo con ojos entrecerrados, mientras que Aizawa simplemente parpadeaba.

Por otro lado, un asistente con camiseta de la U.A. se acercó al dúo, sin decir una palabra, y extendió dos bandas: una de 5 puntos, y la más temida... una banda color rojo con los diez millones de puntos impresos en dorado.

Hades estiró la mano lentamente y las tomó, con la misma cautela con la que uno aceptaría una sentencia de muerte, pero, algo le hizo fruncir el ceño, un simple y pequeño número que lo hizo devolver la mirada hacia Intelli. Ella, a su vez, silbaba bajito, nerviosa, evitando su mirada, girando la taza vacía en sus manos.

—Jaja... esperaba que no lo notaras —dijo, ladeando la cabeza con una sonrisa falsa—. Fui la última en clasificar. Entré por un margen microscópico contra un rubio que tenía un cinturón raro...

Hades no dijo nada. Solo la observó mientras las voces a su alrededor se elevaban, mientras los equipos se consolidaban y los ojos comenzaban a girarse, inevitablemente, hacia el jinete con el premio más alto.

Mientras ambos discutían, Todoroki ya había empezado a armar su equipo.

—Bien —comenzó, su voz más grave de lo habitual, tan falsa como firme—. Kaminari, cubrirás el flanco derecho. Usa tu electricidad para repeler a los que se acerquen.

—¡Lo tengo! —respondió él, cerrando el puño y con una sonrisa confiada.

—Yaoyorozu, tú por el izquierdo —añadió, dirigiéndose a ella con un leve asentimiento—. Crea mantas aislantes, redes, lo que se necesite para defender y bloquear.

—Entendido.

—Iida, tú serás nuestro caballo principal —terminó, cruzando sus brazos—. necesitamos toda tu velocidad.

—¡Afirmativo! —respondió alzando el brazo con solemnidad.

Pero entonces, Momo levantó una ceja, mirándola con cuidado.

—¿Usarás también tu fuego?

Todoroki cerró los ojos. Por un instante, todo se fue en negro, el sonido de la multitud se difuminó en un pitido en blanco, hasta que solo se logró oír un grito de súplica, uno de horror y otro de rabia.

Su nariz se crispó al instante, junto al olor acre de la carne quemándose. Su garganta se cerró casi de inmediato, provocando que dejase de divagar en su mente.

Al abrir los ojos, su vista se alzó, como si por reflejo evitara mirar al pasado. Fue entonces cuando lo vio: Endeavor, bajando desde el palco VIP. Su sombra crecía sobre las gradas mientras descendía hacia la primera fila, como un peso que se posaba sobre su espalda.

—No —susurró Todoroki, apenas audible—. No usaré esa... destrucción.

Se volteó entonces, dejando atrás la dirección del sol. Y su mirada se posó en Hades. Estaba de pie, conversando con una chica de cabello grisáceo que le hablaba en voz baja, casi pegada a su oído.

—Es bueno verlo en un equipo —dijo Iida con entusiasmo sincero, adelantándose.

—¿Quién es esa chica? —preguntó Kaminari con curiosidad y una leve sonrisa pícara.

—Probablemente sea de las clases generales... o del departamento de contabilidad —intervino Momo con tono práctico.

—No importa con quién esté —sentenció Todoroki, sin apartar la vista—. Él es el objetivo.

Acto seguido, el equipo se levantó y tomó su posición para el evento de caballería. Su puntaje total: 605 puntos.

A lo lejos, Bakugo ya estaba en posición. Kirishima, firme como su base principal; Sero a su derecha, listo con su cinta adhesiva; y Mina, al otro lado, concentrada como nunca.

—Ese bastardo será el primero en caer —gruñó Bakugo, apretando los dientes.

Su puntuación: 665 puntos.

Del otro lado del estadio, Akemi ya estaba posicionada con su equipo. El número total sobre sus hombros marcaba 530 puntos. No era el mejor, pero le bastaba.

Sus dedos estaban entrelazados, relajados por fuera. Pero en su mandíbula se notaba la presión. Sus ojos, más filosos de lo habitual, estaban clavados en Hades... o más bien, en la figura que se aferraba a su espalda como una sanguijuela plateada.

—¿Quién es esa...? —pensó, arqueando una ceja, tratando de recordar su silueta.

Sus labios se fruncieron en una línea delgada. La visión de esa chica—de su cabello grisáceo y su cercanía física con Hades—le pinchaba algo dentro del pecho. No eran celos exactamente... era como si un recuerdo malformado quisiera nacer... pero no lo lograra. Algo la sacudía con una repulsión visceral.

No sabía de dónde venía. No sabía por qué. Pero esa chica. 

Esa maldita chica se le hacía familiar.

Como una figura que debería estar muerta. O que nunca debió existir.

Un zumbido se instaló en sus oídos por un instante. Como cuando una mosca invisible gira en espiral dentro de la cabeza. Frunció el ceño con más fuerza. Tragó saliva.

—¿Por qué demonios se me hace tan familiar...? ¿Por qué mis manos tiemblan con solo ver su figura...?

Antes de que la chica se enredase y tropezara con sus propios pensamientos, fue Ochako quien rompió el silencio.

—No importa con quién esté —dijo con entusiasmo, alzando el puño—. ¡Nosotras vamos a ganar!

La voz la sacó de ese espiral y asintió con una sonrisa tensa. 

—Sí... ganar. Ganar es plan.

—Mis bebés se lucirán hoy —añadió Mei desde el otro lado, levantando un dron con cables que chispeaban levemente—. Y cuando eso pase, Hades-kun verá lo grandioso que son, y ya no le molestará ser mi escl—Tosió rápido, apartando la idea—. Mi primer sujeto de pruebas oficial. Y el rostro principal de Hatsume Inc., jeje~.

El grupo entero parpadeó, incluso Dark Shadow se agitó, pero nadie tuvo tiempo de cuestionar esa línea. Porque en ese instante, la voz de Midnight cortó el aire:

—¡En sus lugares! ¡El segundo juego comienza en tres...!

Las gradas rugieron como un océano inquieto, pero en el centro del campo, todo parecía suspendido. El grupo de Hades era un foco de atención incómodo y magnético.

Los ojos de la multitud no podían evitarlo: un alumno de primer año, conocido solo por destrozarse a sí mismo contra un monstruo, poseía el mayor puntaje del evento. Y a su espalda, una figura delgada, de cabello plateado recogido, aferrada a su cuello como si fuera parte de él.

—¿Eso... se puede? —murmuró un estudiante desde la zona general, incapaz de disimular la sorpresa.

—¡Es totalmente válido! —respondió Midnight con una sonrisa que cortaba el aire.

Intelli ajustó los brazos alrededor de los hombros de Hades, su mentón quedando justo sobre su clavícula. Desde fuera parecía un gesto íntimo, pero él sentía el cálculo en cada centímetro de su agarre.

Frío, eficiente. Como si lo estuviera montando no como a un compañero... sino como a un vehículo.

—Visualiza la trayectoria que estoy por contarte... —murmuró ella, su voz solo para él—. Bakugo va a tomar el lado derecho, con un impulso angular que depende de su brazo dominante. Todoroki se moverá en línea recta usando una proyección de hielo en parábola, con un intervalo de dos segundos entre cada generación de masa sólida. Akemi intentará flanquear por el centro: sus tentáculos tienen un rango aproximado de 9 metros, pero tienden a enfocarse en la zona superior.

Hades no dijo nada. Solo respiraba. Profundo. Lento. El sonido se diluyó a su alrededor. Su cuerpo, tenso como un arco. Los nudillos crujían entre sí, mientras el guantelete comenzaba a emerger.

Intelli prosiguió, implacable:

—En una ecuación de confrontación directa, tu capacidad de maniobra es inferior a la de cualquiera de los tres. Pero... tu tiempo de reacción aún no ha sido verificado con precisión... y quiero saber —sus dedos se deslizaron ligeramente por su cuello, mientras acercaba sus labios a su oído—, ¿cuán rápido puedes responder a una orden precisa?

El ojo izquierdo de Hades se entrecerró, y por un instante sus labios se curvaron con absoluta confianza.

—Entonces, pongámoslo a prueba... chica Té.

—Dos... —entonó Midnight, y su voz cayó como un martillo en el campo de batalla.

Un silencio eléctrico recorrió la tierra. No era que nadie hablara. Es que nadie podía hacerlo. Todos los ojos estaban sobre ellos. Sobre los diez millones de puntos.

Sobre él.

Intelli ancló las piernas alrededor de la cintura de Hades y apretó su peso hacia abajo, empujando su centro de gravedad al límite.

—Escucha mi voz. Ejecuta sin filtrar —continuó, esta vez con voz más cruda—, voy a calibrar tu intervalo de respuesta. Un segundo de latencia es inaceptable.

—Lo haré en la mitad de eso —murmuró él.

La frialdad de Intelli se quebró apenas con una sonrisa breve. Casi imperceptible.

—Uno...

Los músculos de Hades se tensaron. El guantelete comenzó a brillar. Las ondas de su quirk pulsaban levemente por debajo de su piel. La explosión estaba preparada.

....

Silencio.

....

El rugido de las gradas de difuminó en la distancia, haciéndolo apenas un susurro imperceptible a los oídos de Hades. Su corazón empezó a bombear cada vez más rápido, y cuando levantó la mirada, solo pudo ver como todos empezaban a cargar sus quirks.

—¡El segundo del festival deportivo de la U.A... comienza ahora! —rugió Midnight, haciendo chasquear su látigo contra el suelo.

—¡Salta a la izquierda y causa una explosión! —ordenó Intelli, su voz como un disparo de francotirador.

Hades no lo pensó dos veces, saltó hacia atrás, y en el aire, el guantelete acumuló energía.

¡BOOM!

La explosión reventó contra el aire como un latido violento del corazón de la tierra. Un torbellino de polvo y fragmentos de tierra se alzó, envolviendo la zona en una nube densa, casi opaca.

Los tentáculos negros de Akemi surcaron el polvo como cuchillas húmedas, estrellándose contra el suelo justo donde, un segundo antes, Hades había estado. Uno... dos... cinco de ellos azotaron con furia, agrietando el terreno. El rugido de los motores de Iida vibraba desde lejos, pero no había tiempo para miradas atrás.

Desde el costado, el tobogán de hielo de Todoroki, en su curso predeterminado, se desvió al perder el punto de anclaje visual. El deslizamiento giró hacia la izquierda, provocando que su equipo casi perdiera el equilibrio, pero Iida estabilizó la estructura con un impulso brutal.

Al mismo tiempo, Bakugo descendía como un meteorito. Había usado sus explosiones para propulsarse desde su equipo y se lanzaba en picado sobre la nube de humo. Pero ya no había nadie allí.

—¡Katsuki! —gritó Sero, extendiendo su cinta justo a tiempo.

El adhesivo lo atrapó por la cintura y lo tiró de vuelta al grupo como si fuera un proyectil defectuoso que se reabsorbía al cañón. Al llegar, Bakugo chasqueó la lengua, frustrado.

—¿Eso se puede hacer? —preguntó un alumno de la clase B, perplejo.

Midnight, desde lo alto, rió con voz ronca:

—¡Mientras el jinete no toque el suelo, todo es válido!

Pero Hades no había terminado.

—¡Aterriza y agáchate! —ordenó Intelli.

Hades obedeció. Golpeó el suelo con las puntas de los pies y flexionó sus piernas, agachándose justo cuando una cola surcó el espacio donde su cabeza había estado.

El viento silbó tras su ataque. 

Ojiro pasó de largo, los ojos apagados, vacíos, con una velocidad inquietante. Sobre su espalda, con las riendas simbólicas bien tomadas, estaba el chico de cabello morado que miraba fijamente a Hades.

—¡Vaya... quien diría que el lisiado lograra aterrizar tan mal! —soltó, mirando de reojo a Intelli.

Pero, antes de que Hades pudiera responder, Intelli le selló los labios con una mano.

—No le hables... ese es su truco —murmuró con voz baja pero urgente.

El chico de cabello morado sonrió con sorna, y entonces continuó:

—Qué patético. El berserker lisiado, cargando con la rara del té. Supongo que es cierto que los raros se atraen entre sí.

Solo el silencio de ambos fue devuelto. Pero los ojos de Hades, se clavaron en los de él.

Por un instante, un brillo rojo cruzó el iris opaco del muchacho, como un fuego contenido en la profundidad de un pozo sin fondo. El chico frunció el ceño por la falta de respuesta y optó por pasar de largo.

—Ese idiota se llama Shinso —explicó Intelli sin cambiar el tono—. Su quirk se basa en el lavado cerebral siempre y cuando entables una conversación con él... —apretó su agarre en el cuello de Hades—. Dirá lo que sea con tal de activar su quirk.

Hades abrió la boca, pero fue interrumpido de inmediato.

—¡Abajo!

Se dejó caer instintivamente. Un segundo después, una lanza de hielo improvisada le cortó un par de mechones de cabello al pasar sobre su cabeza. 

—Gira a la izquierda y salta —continuó de inmediato, apretando su agarre—, pero no te duermas en los laureles de mis ordenes.

Hades actuó, girando de inmediato. El salto lo llevó a esquivar justo cuando tentáculos negros emergieron del suelo como serpientes con hambre que intentaban afe rrarse a sus piernas y arrastrarlo.

Pero eso solo fue una finta.

Dark shadow apareció justo detrás de él, tratando de tomar las bandas de Intelli... pero ella le miró directamente a los ojos, con una tranquilidad anormal.

¡BOOM!

Una detonación del guantelete lo repelió con una onda expansiva breve, lanzándolo hacia atrás junto a un gruñido por parte de Tokoyami. 

Pero eso no fue el final.

—¡Te olvidaste de mí, petardo de imitación! —rugió Bakugo, cayendo desde el cielo en un estallido de luz y fuego.

Las explosiones lo rodeaban en un patrón errático, y se lanzaba como una bomba viviente. Pero Hades no dudó.

—¡Cambio!

El guantelete se volvió polvo y comenzó a girar sobre su palma abierta. De él emergió una espada ancha, casi antinatural en su grosor, casi como si hubiera forjado una puerta. 

La espada se plantó delante de ellos como un muro justo a tiempo.

¡KRAK!

La explosión de Bakugo chocó contra la hoja, y aunque el impacto los empujó hacia atrás, no fueron alcanzados directamente.

Intelli, aún aferrada, habló con un nuevo matiz en su voz.

—No tomé en cuenta esta habilidad... ¡Eso nos facilitará sobrevivir!

—¡Cambio! —gritó Hades de nuevo.

Otra explosión surgió del suelo, desviando esta vez las garras oscuras de Dark Shadow, que emergían desde un flanco en sombras. El rugido de la criatura fue silenciado por el polvo.

—¡Aterriza y rueda hacia la izquierda! —ordenó Intelli mientras reforzaba su agarre.

Hades cayó de puntillas, flexionando sus piernas, rodó con el cuerpo lateralmente justo en el momento en que la lengua de Tsuyu pasó a centímetros de sus costillas.

En las gradas, los espectadores gritaban. El caos era total.

—¡Eso sin duda es una locura! —rugió Present Mic, levantándose de su asiento—. ¡Empezamos con todo y seguimos manteniendo el nivel! 

—Hum, la nueva generación sin duda está dando la talla —agregó Aizawa, cruzándose de brazos.

En el campo de batalla, Bakugo había vuelto a su grupo gracias a Sero. Su ceño fruncido era casi un espasmo permanente mientras apretaba los dientes, furioso por haber perdido el momento.

—Maldito infeliz escurridizo —murmuró.

—Sin duda lo es... —confirmó Sero con una sonrisa molesta.

—¡Ja! Hades definitivamente es un hom—trató de decir Kirishima, pero una voz sonó a su lado, interrumpiéndolo de tajo.

—Hola clase A... —saludó, poniendo una mano en su pecho—, es un placer volver a verlos... pero me temo que esta vez será para sacarlos del panorama.

El chico rubio era de rostro sereno y postura arrogante. En su cuello, colgaban varias bandas robadas.

Al otro extremo, Todoroki no había frenado la persecución. El hielo crujía bajo los pies y motores de Iida. Con cada zancada sus pantorillas rugían cada vez más, haciendo que la distancia entre ellos y Hades sea cada vez menor.

Y entonces... ambos se cruzaron.

Los segundos comenzaron a colapsar sobre sí mismos en un eterno encuentro, mientras que los ojos de Todoroki y Hades colisionaban.

Todoroki, sin perder un instante, giró el rostro hacia Momo y exhaló con firmeza:

—Dame una lanza... ahora.

Yaoyorozu no vaciló. Desde su muñeca derecha, la carne se abrió como un capullo metálico. La lanza de acero puro emergió con violencia. 1.2 metros de rigidez mortal, aún templado por el calor de su génesis. Todoroki la tomó con su brazo derecho y, con un suspiro de gélido, la escarcha reptó por el mango como si lo reclamara quedando cubierta por una capa irregular de hielo pulido.

Con un giro de muñeca y un golpe bestial contra el suelo, Todoroki clavó la lanza. El sonido fue seco, como un grito ahogado. En respuesta, una onda blanca se expandió a su alrededor, dibujando un círculo perfecto. A lo largo de su borde, picos de hielo se alzaron como una corona de espinas congeladas, cerrando el perímetro y formando el ring.

—¡Pero qué...! —gritó Present Mic, su voz al borde del delirio— ¿Están viendo esto, damas y caballeros? ¡Acaba de construir un ring de combate con un solo golpe! ¡Esto ya no es un entrenamiento, es una declaración de guerra uno contra uno!

—La maestría del hielo de Todoroki es excepcionalmente alta —asintió Aizawa, cruzado de brazos—, pero eso es solo 50% de su poder.

...

Hades tragó saliva. Sobre su espalda, aún aferrada como un koala desesperado, estaba Intelli. Sus piernas rodeaban el torso de él con firmeza.

—Interesante... —murmuró, mientras sus ojos analizaban a sus oponentes—. Todoroki... aproximadamente 85 km/h en ráfaga. Kaminari: carga máxima en dos segundos. Iida: velocidad lineal, pero pobre en giros. Yaoyorozu... adaptable, pero con generación retardada.

Desvió la mirada hacia Hades. Analizando su estado actual. Lo primero que notó, fue su respiración pesada, y la alta sudoración que estaba soldada a su piel por el polvo del propio terreno.

—Tu tiempo de reacción... se ha deteriorado por el desgaste físico... por lo que no puedes esquivarlo todo, solo resistir —asintió para sí misma, antes de susurrar en el oído del muchacho—. Dime, ¿crees poder seguir reaccionando a mis órdenes?

Hades giró el rostro apenas, sus ojos resplandeciendo en color verde llenos de electricidad contenida.

—Jah... que pueda o no... depende de tus predicciones, Intelli.

Antes de que la chica pudiera tan siquiera reaccionar al cambio de ojos, el caos se desató.

Iida embistió. Su motor rugió con violencia, lanzándolo hacia adelante con una velocidad abrumadora. Su objetivo no era solo golpear, era forzar la reacción. A su derecha, Kaminari elevó su mano que serpenteaba con chispas de su propio rayo. Momo, al otro lado, materializó una vara metálica más delgada y alargada, con una punta engrosada de cobre, y la arrojó con esfuerzo, pero no llegó muy lejos. Apenas quedando a medio camino.

Todoroki se mantuvo al centro, exhalando escarcha, mientras su mirada se endurecía.

Pero... todos tenían lentes negros.

Hades vio venir la tormenta, pero Intelli adelantó su acción.

—Crea una cortina de humo y prepárate para el rayo... —susurró, con voz tranquila. 

Pero, algo le hizo fruncir el ceño... 

—¿Por qué están usando gafas...? No las tenían antes... —pensó, mientras tomaba su mentón—, a no ser... —murmuró esta vez, antes de que sus ojos se abriesen de par en par junto a un ligero chillido que se le atoró en la garganta cuando la respuesta se asentó en su subconsciente—.¡Cierra los ojos, ahora!

Él obedeció sin cuestionar. Cerró los ojos justo cuando el rayo de Kaminari impactó contra la vara de Momo. La descarga se iluminó con una brutalidad cegadora, como si el mismo sol hubiese sido invocado. El resplandor atravesó la niebla y dejó un rastro chisporroteante alrededor del pararrayos improvisado.

Hades, con los ojos cerrados, sintió el temblor del aire. Su espalda comenzó a arder.

—¡Ahora! —gritó Intelli.

Hades golpeó el suelo con el guantelete. Una nube negra estalló a su alrededor, humo denso con olor a hueso quemado y ozono.

Iida entró en la cortina a ciegas, como un toro descarriado. Pero Hades ya no estaba donde lo esperaban. Intelli le susurraba a la velocidad de un latido:

—Da tres pasos a la izquierda para tomar velocidad y salta. C rea una explosión en cinco.

El guantelete cambió de blanco a gris oscuro.

—¡Ahora!

Hades abrió la palma, y el guantelete rugió. Una explosión a quemarropa contra el suelo lo lanzó hacia arriba, rotando en el aire. El golpe de Iida falló, y su impulso lo obligó a estrellarse contra uno de los picos de hielo, que se resquebrajó al instante.

Todoroki no perdió el tiempo, y sujetando otra lanza que creó Momo, se preparó para lanzarla. Pero Intelli ya lo predijo.

—Fractura el hielo a la izquierda antes que se deforme.

Hades levantó el guantelete como si fuese un cañón. La presión expulsó aire abrasador, quebrando los cristales en desarrollo.

Momo volvió a actuar mientras creaba varias granadas que salían directamente desde su escote. conforme las iba creando, las iba arrojando hacia el cielo, pero se guardó una... 

Intelli, calculando las variables, optó por huir.

—¡Salta hacia atrás y cúbrete los ojos!

Hades se arrojó hacia la capa de humo que se cerró como una mortaja. Una cadena de explosiones lumínicas apaciguaron los gritos de la audiencia por un breve instante. 

Present Mic apenas podía describir la escena:

—¡Oh my goood! ¡La intensidad de esas luces apenas opaca el segundo evento!

Del humo emergió Hades, rodando con fuerza, sus ojos apretados contra una de sus manos, desorientado por los rápidos movientos, pero era Intelli quien la pasaba peor. 

—Nos quedan alrededor de 9 minutos... —afirmó, limpiando el hilo de sangre que empezaba a descender desde su nariz.

Hades respiraba agitado, gruñendo por el ardor en su brazo. 

El equipo de Todoroki se detuvo a tan solo unos metros frente a Hades. Sus pasos habían sido calculados, su formación perfecta. Iida al frente, con el cuerpo encorvado y los motores de sus piernas vibrando como si contuvieran un trueno; Momo y Kaminari en los flancos, sosteniendo a Todoroki, su mano ya estirada con una lanza hecha completamente de hielo. El aire parecía enrarecido, expectante.

Hades sintió el calor arderle en la palma. El guantelete, ennegrecido y rajado, empezó a emitir una bruma blanca desde las grietas.

—¡Cambio! —ordenó con los dientes apretados.

Un destello de ceniza se precipitó desde su puño hacia el suelo, explotando como una campana oxidada. Desde ese cráter emergió una espada más corta que de costumbre, delgada y de un solo filo, hecha para una mano... y sin embargo, el peso era el mismo. Tosco. Aplastante. Pero aún así, sus dedos se aferraron a la empuñadura. 

Al otro lado, Todoroki bajó ligeramente la cabeza.

—Prepárate, Iida.

—¡Sí! —respondió el velocista, y el mundo pareció contener el aliento.

Iida bajó su centro de gravedad, sus talones se incrustaron en el suelo y un rugido metálico brotó desde sus pantorrillas.

—¡Agárrense fuerte! —gritó, levantando la cabeza, y marcando su objetivo—. ¡Recipro... Burst!

El suelo se rasgó bajo sus pies, y la formación se convirtió en un proyectil humano. Todoroki alzó la mano, la luz de la lanza reflejaba el sol como un rayo divino.

—¡Salt—trató de gritar Intelli, aferrándose aún más fuerte a la espalda del muchacho.

Pero ya era demasiado tarde, su voz se amortiguó en los oídos de Hades, mientras todo a su alrededor se ralentizó. 

Todo lo demás se volvió un eco lejano. La vara de Todoroki parecía flotar hacia él, y la mano extendida de la chica estaba a centímetros de la cabeza de Intelli. El cuerpo de Iida, encorvado como una bala humana, ya lo había sobrepasado. Kaminari y Momo eran solo sombras agitadas por la velocidad.

La espada en la mano de Hades se aligeró. Sus piernas rogaron por velocidad.

Y él se las dio. 

El polvo se elevó, desintegrando la claridad del campo en un segundo. Un destello de sombras cruzó entre los dos caballos. Todoroki parpadeó. Intelli casi mordió su propia lengua. El público jadeó como una sola garganta.

—¿Q-qué fue eso? —vociferó Present Mic— ¡Ni siquiera lo vi! ¡Iida fue—fue—fue como un rayo que hace honor a su apellido! ¡Y este robo de diadema fue—!

Pero Aizawa negó con la cabeza, tranquilo, sus labios dibujando una sonrisa tan tenue que heló el corazón de su compañero.

—No... —comenzó, soltando una tenue risa—. Ese mocoso... fue más rápido que eso.

Al otro extremo del campo, entre los restos de una nube de polvo aún suspendida, estaba Hades. Las piernas le temblaban violentamente, como si estuvieran a punto de colapsar. La diadema aún chorreaba el sudor de Intelli entre su tela.

Pero... una fina línea de sangre descendía desde los lagrimales del muchacho, y sus lentes, completamente destrozados, yacían a su lado. La imagen era grotesca, sobrehumana, casi inhumana.

El silencio fue absoluto. Present Mic abrió la boca, pero no halló palabras. Porque había algo... algo en ver a Aizawa sonreír. Algo en ese adolescente con los ojos sangrando y el rostro impasible que les devolvía la mirada.

Ambos caballos se miraron, separados por más de veinte metros. Los motores de Iida chisporroteaban, apagados. Hades apenas podía mantenerse en pie.

—Esta vez... —susurró más para sí mismo que para su pasajera—, no me rompí las piernas.

Intelli, algo mareada por el brusco movimiento, tragó saliva. Lo había sentido. Había sentido cómo el aire se deformaba. Cómo la presión aumentaba como si fueran absorbidos por un vacío. Estiró el cuello sobre el hombro de Hades, y al mirar su rostro, palideció.

—¿Qué fue esa velocidad...? Eso fue... —empezó, sin poder completar la frase.

—Ja... aún así no esquivé esa maldita lanza... —interrumpió Hades. Su voz era seca. Inquebrantable—. A partir de ahora... estoy ciego.

Ella parpadeó, sin entender de inmediato. Luego, bajó la mirada. Vio los lentes rotos, el marco astillado y los cristales hechos polvo. Miró de nuevo sus ojos, y allí estaba: un corte que arrastraba desde su ceja hasta el oído derecho.

—Dios... —susurró ella, dejando que el silencio le arrebatara las palabras—. Espero que confíes en mí —continuó, tras una larga respiración.

Hades ladeó ligeramente la cabeza, sin volverse del todo.

—Espero que sigas dando la talla.

En ese momento, Present Mic, que apretaba el auricular en su oído derecho rugió con fervor.

—¡Nos acaba de llegar la información desde el VAR! —anunció, mientras extendía su mano hacia la pantalla.

Las cámaras de todo el estadio giraron al unísono hacia la pantalla principal, que rugió con estática antes de mostrar el logotipo dorado de la U.A. El público contuvo el aliento como si esperara una revelación divina.

—¡Tenemos la repetición en ultra baja velocidad! —continuó, su voz con un timbre más contenido.

La pantalla se tornó negra, y luego, lentamente, mostró el campo de batalla congelado en el instante justo antes del impacto. Las figuras estaban suspendidas en el aire como esculturas arrancadas de una tormenta: Iida encorvado hacia adelante, sus propulsores escupiendo fuego azulado; Momo extendiendo su brazo para mantener el equilibrio; Kaminari chispeando, con la boca abierta por el grito aún no liberado.

Por otro lado, Intelli tenía los ojos bien abiertos, con su boca entreabierta en medio de una frase tajada por la mitad. Y... Hades. Él posaba una sonrisa macabra, tan marcada por la adrenalina y la locura, que desconcertó a varios espectadores y emocionó a muchos otros. 

Mirko, quien había estado en silencio, dejó caer el tallo de su zanahoria, mientras todo su pelaje se erizaba como si una descarga la hubiera recorrido desde lo más profundo de su ser.

—Ese mocoso... —susurró, su sonrisa agrandándose al mismo nivel que la de Hades. 

Su respiración se torció junto a un jadeo contenido, mientras sus piernas punzaban de ansias por correr... correr a por su presa.

—Joven Usagiyama —intervino All Might, poniendo su mano en su hombro—, deberías contenerte tus ansias de pelea un poco más.

Mirko lo miró de reojo, y tragando saliva, se sentó a regañadientes.

—Maldición... —silbó Hawks, interesado—. Si lo llevase a mi—Trató de decir, pero Mirko se adelantó.

—Ni lo pienses, Keigo... —comenzó, su mirada endureciéndose casi al instante—, ese mocoso es mío.

—¿Ah... si? Creí que no aceptabas compañeros 

Las miradas de ambos chocaron entre sí, causando que la temperatura del salón descendiera casi de inmediato. Pero, nuevamente, fue All Might quien los detuvo con una risa medida, casi fingida. 

—Es bueno que tengan este nivel de impresión sobre el joven Hades —comenzó, su tono volviéndose un tono más grabe—, pero recuerden... la decisión es de él, después de todo. 

Nezu, que hasta ese momento estaba viendo la escena, sonrió por lo bajo, mientras continuaba viendo la repetición desde su laptop. 

En ella, se logró ver en un ángulo más cercano y diferente de la mostrada al público. 

Justo en el momento en que Hades sonrió, sus ojos resplandecieron en carmesí, mientras giraba su propio cuerpo en tan solo milésimas de segundos. Su giro fue tal que logró escapar de la mano de Todoroki, pero... cuando se estabilizó, apenas tuvo tiempo para percibir como una punta de hielo volaba directamente hacia su dirección. Nezu pausó momentáneamente el vídeo solo para ver la reacción de Hades. 

Su cara, antes sonriente, se había vuelto tan pétrea que por un momento se asemejó a una estatua llena de angustia y rabia contenida. Con un asentimiento, volvió a reproducir el vídeo, y en ese mismo momento, vio como Hades logró mover su cabeza justo a tiempo para evitar un impacto mortal.

—Así que... la niña de oro de Enji casi mata a un alumno... —murmuró, retrocediendo la grabación, al punto donde ella tiró la lanza—. Uhmm... Iida alcanzó 59,2 km/h en los test de su primer Gear. En el Décimo Gear de su Recipro Burst, su aceleración experimental cuadruplica esa cifra, situándolo cerca de 472 km/h. A esa velocidad, cualquier proyectil emergiendo por detrás de un antebrazo de medio metro solo tarda 3,8 milisegundos en recorrer esos 50 cm. Por inercia y ángulo muerto, la punta de hielo quedó justo fuera de su campo de visión hasta el microsegundo previo al impacto.

Sonrió, complacido por sus rápidos cálculos, antes de negar con la cabeza. 

—Sin duda... esta clase cada vez me sorprende más.

Por otro lado, los tres que previamente habían estado discutiendo, se encogieron sobre sí mismos, mientras oían con cierto miedo las divagaciones y murmullos del roedor.

—Maldición... —musitó Hawks, con cada pluma erizada—, ¿por qué siempre él da tanto miedo cuando hace eso...?

—No lo sé... —respondió Mirko entre murmullos, con las orejas caídas—, pero siempre es así cuando algo llama su atención...

—Bueno... supongo que iré al baño —agregó All Might, mientras caminaba hacia la salida, con más velocidad de la necesaria.

Tanto Mirko como Hawks miraron con recelo y pánico la huida del símbolo de la paz, mientras lentamente Nezu se volteaba a verlos. Pero, para su fortuna, el momento fue quebrado por la voz provocativa y entusiasta de Midnight, proyectada por los altavoces.

—¡Queda solo un minuto! ¡Y los equipos están parejos! ¡Quién tendrá la última palabra en esta caballería salvaje!

Pero en el centro del campo, entre el polvo y la sangre, los corazones ya no galopaban por la victoria.

Las piernas de Hades temblaban. Su cuerpo, al límite, obedeció apenas a sus órdenes. La espada ennegrecida que había invocado se deshizo lentamente entre sus dedos como ceniza arrastrada por un viento muerto. Ni siquiera la vio; los párpados cerrados le pesaban como placas de plomo, y su respiración era un hilo que se enredaba en su garganta.

—Quedan 55 segundos para salir de aquí... —anunció Intelli con un murmullo tan helado como urgente—. Primera condición: sobrevivir con los diez millones.

Su voz se coló como una aguja por la espalda de Hades, aún colgada de él como un koala, pero ya no inmóvil: sus piernas se estiraron y el cuerpo comenzó a reacomodarse, preparándose para saltar desde su posición de ventaja.

A unos metros al frente, la formación de caballería de Todoroki se mantenía firme. Iida al frente, chisporroteando por el esfuerzo, con el torso inclinado y los dientes apretados por el sobrecalentamiento. Momo a su lado izquierdo, aferrando una vara que había sustituido el pararrayos original, mientras Kaminari al derecho comenzaba a recuperar el sentido luego del arrebato de velocidad.

A la distancia, Bakugo soltaba una ráfaga de explosiones violentas contra el grupo del B, arrinconándolos con una agresividad digna de un monstruo. El campo era puro caos, pero de pronto, Intelli se tensó como una hoja de papel mojado.

—El equipo de Midoriya... —murmuró, más para sí que para Hades. Sus ojos se movieron con inquietud salvaje—. ¿Dónde...?

Y entonces... levantó la vista.

El equipo de Midoriya descendía con la elegancia sádica de un verdugo. Propulsados por una mochila-cohete y botas de soporte, impulsados por la gravedad anulada de Uraraka. Parecían espectros armados cayendo desde el cielo. Akemi estaba al frente. Su puño envuelto en látigos negros, estirando los dedos con calma, tensando el aire, como si estrangulara el cielo mismo.

—¡Salta y cae hacia delante! —gritó Intelli con voz desgarrada.

Sin ver nada, Hades obedeció. Cayó de rodillas, giró sobre sí mismo mientras protegía el cuerpo de Intelli, justo cuando el golpe estalló contra el suelo. No fue un impacto. Fue una presión. Una repentina y violenta onda que hundió la tierra bajo sus pies. Una nube de polvo se alzó como una explosión de arena seca, tragándose las siluetas de su equipo quienes terminaron de descender.

Y entre esa niebla sofocante, Akemi ya se preparaba para otro disparo.

—Mierda... —musitó Intelli, su corazón latiendo a mil—, nos tienen rodeados...

Los motores de Iida comenzaban a rugir nuevamente. El hielo de Todoroki se extendía con astucia por el suelo, buscando las piernas de Hades, que aún trataba de levantarse. Kaminari ya había recuperado los sentidos, Momo gritaba preparaba la granada que preparó antes, Bakugo explotaba desde arriba con rabia, y el mundo se cerraba como una trampa.

—¡Están por todas partes! —gritó, mientras intentaba calcular, pero algo no encajaba. Su pulso era errático, la lógica se le resbalaba entre los dedos como agua. Hades aún agachado, jadeaba.

Y entonces, lo susurró:

—Mi quirk... se desactivó.

—¿Qué...? —gruñó Hades, sin entender.

—Funciona con té... mi última taza fue hace catorce minutos con treinta y cinco segundos... yo... ya no puedo predecir.

...

...

...

Hades notó su respiración en su cuello, su cuerpo rígido por el pánico. Sintió como un temblor nervioso le recorría la columna. El campo de batalla se tragaba los sonidos, o quizás él ya no podía escucharlos con claridad.

Entonces, giró los brazos y sujetó a Intelli con fuerza, sacándola de su espalda y acomodándola entre sus brazos.

—Solo tenemos que aguantar —le dijo, con un tono que intentó ser suave, pero que cargaba la desesperación contenida de un soldado que sabía que todo podía acabar.

Ella asintió sin responder, reajustándose sobre sus brazos. Esta vez, ya no colgada como un parásito desesperado, sino con la confianza resignada de alguien que ya no podía hacer nada más. Apoyó la frente en su pecho, aferró el cuello de Hades y cerró los ojos.

—Cierra los ojos... —dijo él, mientras un brillo verdoso surcaba sus párpados cerrados, pero era detenido por un resplandor carmesí—. Estaremos registrando turbulencia.

El silencio duró una eternidad.

Su mente divagó a un pasado, quizá solo una alucinación...

Fue una sonrisa, tan cálida que por un momento sintió que podría quemarse, pero... esta sonrisa, estaba llena de amor. Y cuando sus labios se separaron apenas, sus palabras lo inundaron con una mezcla de nostalgia y arrepentimiento.

—Haruto-kun... 

Y entonces, un dolor descomunal emergió de su frente, tan espontáneo que no logró tan si quiera reaccionar mientras lo único que logró captar, fue el crujir de los huesos en su cabeza. Y de el, un único cuerno negro nació lentamente desde la cabeza de Hades, curvándose hacia atrás como la marca de un animal.

Junto a ello, un frío irreal le atravesó la espalda.

Como si el alma del mundo se hubiese helado de pronto, Hades sintió el estremecimiento recorrerle la espina dorsal cuando algo—alguien—se formó sobre él. Sin carne, sin voz ni calor. Era un esqueleto que lo sujetaba con fuerza, los brazos como sogas alrededor de su cuello, cubriéndole los ojos con los dedos firmes. Sus huesos delgados se encajaron entre sus omóplatos como si recordaran la forma de su cuerpo. Fue un gesto suave, pero no fue amoroso, tampoco de consuelo.

Era una despedida.

Hades no podía moverse. No podía hablar. Su corazón latía demasiado rápido, demasiado fuerte, como si recordara por él. Entonces lo vio: apenas un segundo entre las grietas del miedo, entre la cortina de huesos que tenía sobre el.

Una sonrisa distorsionada.

Los dientes manchados de sangre. Las mejillas, cuarteadas de ceniza. El rostro de una chica que no se parecía a sí misma. Y sin embargo, lo era. La única persona que alguna vez lo había amado.

Un alma más que murió por él.

El dorado le cubrió la visión, pero no le traía paz. No era luz. Eran cenizas que ardía como fuego sobre sus recuerdos.

Hades suspiró, por el peso del cuerpo del esqueleto que se deshacía en polvo sobre su espalda. El crujido del hueso al volverse viento. El temblor en sus piernas, rendidas no por la batalla, sino por el recuerdo.

Levantó la cabeza, sus labios se abrieron apenas un poco, pero no habló, no gritó. Solo abrió sus ojos carmesí, cansados, rotos. Y dejó que el manto dorado lo cubriera entero.

Fue en ese instante cuando todo impactó.

El golpe de Akemi, directo como un latigazo del infierno, reventó sobre ellos con una explosión de ozono. Las explosiones de Bakugo se arrastraron como una tormenta enloquecida. El hielo de Todoroki quebró el aire, congelando el suelo en una marea blanca.

Y el mundo desapareció en una nube.

—¡El tiempo ha terminado —rugió Midnight con voz amplificada entre la angustia y el apura, al tiempo que sonaba la bocina metálica. Un eco sordo entre la densa cortina de polvo.

La nube no se disipaba. Se espesaba. Se retorcía sobre sí misma.

Entonces, un batallón médico entró al estadio por una de las compuertas laterales. En la punta de la formación, Recovery Girl montaba un robot de transporte rápido, el rostro arrugado por la preocupación.

—¡Dónde está! —gritó al vacío.

El estadio entero parecía contener la respiración, mientras el eco del impacto final se desvanecía con una lentitud cruel. En las gradas, el público comenzó a reaccionar de forma mixta. Algunos aplaudieron de pie, gritando de emoción por el nivel de espectáculo, sin comprender del todo lo que acababan de presenciar. Otros, más sobrios, intercambiaban miradas preocupadas.

—¿Eso era... necesario? —murmuró una mujer entre el público, mirando el humo que todavía ascendía desde el campo.

—¡Ese nivel de fuego fue... fue demasiado! ¿No se supone que son estudiantes?

En la cabina de comentaristas, Present Mic tragó en seco, con los ojos abiertos de par en par, mientras su voz apenas encontraba forma:

—E-Esto fue... ¡una combinación brutal! ¡No sabía que podíamos usar esa clase de fuerza aquí!

A su lado, Aizawa no lo miró. Tenía la vista fija en el campo, los ojos parcialmente entornados.

—Para alguien como Hades, ese nivel de fuego es el mínimo para detenerlo.

—¿No crees que es un poco exagerado? —musitó Present Mic, aún procesando lo que había ocurrido.

Aizawa gruñó por lo bajo, pero una ligera sonrisa se dibujó en sus labios secos.

Por otro lado, Recovery Girl siguió llamando a Hades, mientras los robots empezaban a explorar a los heridos. Pero nadie respondió. Ella se bajó del vehículo, decidida a entrar a la nube, pero no llegó a dar más de dos pasos cuando dentro del corazón del polvo, emergió la silueta de Hades que daba pasos lentos y pesados. Sus ojos aún estaban cerrados. El cuerpo temblando. Las piernas fallándole con cada zancada. Intelli lo sostenía, intacta, con la banda de diez millones aún atada a su frente como una corona.

El silencio se alargó entre los espectadores, antes de que progresivamente, comenzaran a gritar de emoción.

Present Mic estalló con tal fuerza que el micrófono se rompió. Las cámaras repitieron en cámara lenta el instante exacto en que un cuerno blanco se alzaba desde la cabeza de Hades, y una barrera dorada, como un escudo desilachado, brotaba a su alrededor justo antes del impacto múltiple.

Recovery Girl sonrió apenas y ordenó que lo llevaran de inmediato a la enfermería, pero cuando fueron a tomar a Intelli también, ella negó con la cabeza.

—Estoy bien —dijo. Su voz era firme, casi orgullosa—. Él me protegió de todo el daño. 

Mientras el cuerpo de Hades era trasladado en camilla, la voz de Midnight volvió a sonar sobre el estadio:

—¡Participantes del último combate! En cuarto lugar... ¡el equipo Akemi! —anunció, mientras las cámaras comenzaban a filmarlos—. En tercer lugar... ¡el equipo de Bakugo! 

Una nueva pantalla se encendió, mostrando esta vez las imágenes de los integrantes del grupo.

—En segundo... ¡el equipo de Todoroki! —continuó, mientras dejaba que el público se calmase y las pantallas dejasen de mostrar a los integrantes, en un silencio expectante—. Y en primer lugar... ¡el equipo de Hades! ¡Con su invicto de diez millones!

El grito de la audiencia fue un rugido unánime.

—¡Pero! —interrumpió, con el chasquido de su látigo—. Al ser un equipo de solo dos integrantes, se permitirá el ingreso de dos miembros adicionales... ¡del equipo que clasificó en quinto lugar!

La cámara enfocó la cara tensa de Shinsou.

—¡El equipo de Shinsou, entra al escenario!

Una sonrisa emergió en su rostro, y por fin pudo volver a respirar dentro del festival.

....

Por otro lado... Akemi no se movía. Estaba de pie, con la boca entreabierta, mirando el cráter humeante donde segundos antes estaba Hades. En sus ojos aún danzaban restos de luz dorada, como si la imagen del escudo y el cuerno se hubiese grabado a fuego.

—¿Qué diablos fue eso? —pensó, con un estremecimiento—. Ese cuerno... y ese escudo...

Sus puños se apretaron, mientras que todo lo que sabía de Hades había cambiado por completo.

—Curación, explosiones, espadas, velocidad, ese estado Berserker... y ahora... ahora.

Un toque suave y cálido en su hombro la sacó de sus pensamientos. Era Ochako quien le regaló una sonrisa amable.

—¿Estás bien Akemi-chan?

Akemi asintió, tragando saliva antes de suspirar con honestidad.

—Me sorprendió... ver eso del escudo.

—Yo tampoco sabía que le podía nacer un cuerno —acompañó, rascándose la mejilla—, pero al menos clasificamos...

—Si... tienes razón —asintió, poniendo una mano en los hombros de Ochako—, que tal si vamos a los camerinos...

Ochako asintió, sonrojándose apenas, mientras comenzaban a caminar juntas.

A un lado, Mei ya estaba recogiendo las botas que habían utilizado, examinándolas con ojos frustrados mientras murmuraba:

—Pude haber hecho que sobresalieran más... con él... 

Tokoyami observaba la escena desde el otro costado, asintiendo con solemnidad.

—Hades-san es una caja de Pandora.

—Con muchos explosivos dentro —añadió Dark Shadow, asintiendo con gravedad.

En otra parte de la arena, el equipo de Todoroki se reagrupaba con expresiones agridulces. 

—¡Me esforzaré el doble! —dijo Iida con una sonrisa amplia, apretando los puños con determinación—. ¡Esa velocidad no será imbatible para siempre!

Kaminari jadeó con cansancio, limpiando el sudor de su frente.

—Ey, pero fue emocionante, ¿no? ¡Corrieron como un maldito tren bala!

—Estuvimos tan cerca... —susurró Momo, aún recuperando el aliento, mientras se acomodaba el cabello.

Pero Todoroki no dijo nada. Estaba mirando a la zona de los asientos donde Endeavor, su padre, se había levantado sin decir palabra, caminando con paso firme hacia la salida. Ella entrecerró los ojos, y sin pensarlo demasiado, comenzó a caminar hacia el estadio.

Por otro lado, en el equipo de Bakugo, el rubio explosivo golpeó con el puño una de las vallas del estadio, furioso.

—¡Ese maldito bastardo! ¡Me distrajo de mi objetivo principal!

Kirishima, a su lado, soltó una carcajada mientras se rascaba la nuca.

—¡No te preocupes, hermano! Ahora viene el evento principal...

Bakugo alzó la cabeza, con una mueca salvaje y ojos encendidos.

—El torneo... uno contra uno... ¡jajaja! ¿Cómo pude olvidarme de algo tan importante?

—¿Porque te frustraste con los del B?

—¡Cállate cabello de mierda! —refunfuñó, poniendo sus manos en los bolsillos—, maldita sea... iré a los camerinos.

....

....

....

[Áreas del camerino]

[5 minutos después]

La voz de la multitud era apenas un murmullo lejano, como un río apagado tras los muros de una catedral en ruinas. Akemi, caminando en silencio entre los pasillos internos del estadio junto a Ochako, detectó por el rabillo del ojo a Todoroki acercarse. Sus pasos eran firmes, su rostro más frío de lo usual. Cuando por fin sus caminos se cruzaron, Todoroki le sostuvo la mirada apenas un instante y le dijo, sin preámbulo:

—Tenemos que hablar.

Akemi le sostuvo la mirada apenas medio segundo más... y sonrió. 

—Claro —dijo con voz tranquila—. ¿Ochan, podrías esperarme un segundo?

—Oh... claro, yo... te esperaré ahí —asintió, con cierto nerviosismo.

—Bien... todo sigue yendo según lo recuerdo... —pensó Akemi, mientras caminaba junto a Todoroki. Hasta que, inconscientemente, su ceño se frunció apenas—. Excepto por Hades...

Mientras tanto, lejos de los reflectores, bajo la sombra del recinto médico improvisado detrás del estadio, Hades apenas podía oír la reprimenda aguda y crispada de Recovery Girl.

—...¡y si piensas que voy a volver a curarte porque el señorito quiso revelar su secreto, estas completamente equivocado! ¡Completamente!

—También es bueno verla de nuevo, baba... —dijo Haruto con una sonrisa ronca, irónica, los ojos aún cerrados por el daño causado al usar visión en cámara lenta—. Además... no podía moverme.

Recovery Girl resopló con furia, pero también con cansancio. Se cruzó de brazos, lo observó de pies a cabeza y, tras un silencio medido, señaló su frente con el bastón.

—¿Y ese cuerno?

—¿Qué cuerno? —gruñó Hades, apretando los párpados.

Ella bufó, le tomó el rostro sin ceremonias y le obligó a inclinarse. Sin más, le abrió la boca y vertió la bebida energética de Power Loader por la garganta, seguida de un beso rápido y seco en la frente. El poder de su quirk lo envolvió en un resplandor verde opaco. Un aura más fuerte que de costumbre.

—No quedan muchas bebidas para ti —murmuró—. Y tu frente... ahora tiene un maldito cuerno roto, ¿lo sabías?

Hades frunció el ceño. Apenas y sentía algo allí, como si una presión hueca naciera desde su cráneo y se partiera en dos caminos.

—Creí que lo había imaginado —respondió, inclinando su cabeza hacia al frente y sintiendo un peso extraño presente.

—Uhmmm —gruñó, llevando su mano al rostro—, eres un tonto, pero... ignoraré ese maldito cuerno por ahora.

Poco a poco, abrió los ojos. Borrosos, como si todo estuviera cubierto de niebla sucia.

—¿Cuántos dedos ves? —preguntó la anciana.

Hades entrecerró los ojos, tratando de enfocar su visión en lo que asumió eran sus dedos.

—Joder... necesito mis lentes, solo veo dos salchichas en tu mano.

—¡Son mis dedos, estúpido! —le gritó ella, golpeando su pierna con el bastón—. Después del festival, debes pedir lentes especiales. Como los de la familia de tu compañero Iida.

Él asintió con lentitud, bajando la mirada hacia sus manos. El silencio se prolongó, siendo solo detenido cuando respiró profundamente, palmeando sus piernas con cierto resentimiento.

—No me rompí las piernas esta vez... —murmuró.

—No te emociones —interrumpió la anciana, asintiendo levemente—. Si vuelves a hacerlo otra vez, tendrás que estar en cama por dos días.

Hades tragó saliva, resignado ante tal noticia.

—Entonces... ¿hablaremos del cuerno y ese escudo? —insistió ella, golpeando el suelo un par de veces con su bastón.

—No lo sé... cuando todo estaba negro... cuando no podía ver nada, algo dentro de mí me gritó que protegiera lo que tenía entre manos —murmuró, llevando una mano a su ojo derecho—. No sé cómo explicarlo, pero... —Cerró los ojos, apretando los dientes por el ligero dolor de cabeza—, creo que puedo replicarlo...

Él inhaló profundamente, mientras volvía a recordar aquella sonrisa y la sensación de tener que proteger a Intelli. Cuando exhaló, el cuerno de carnero brotó, entero esta vez, como si la mitad perdida hubiera sido cosida por hueso ardiente. Junto a él, un mecanismo rectangular apareció en su mano izquierda, compuesto de huesos entrelazados, cuero tenso y metal oxidado.

Recovery Girl dio un paso atrás, admirando tal artilugio.

Y luego, como si Hades simplemente perdiera el interés... o el coraje, lo desactivó, provocando que se volviera ceniza antes de tocar el suelo.

—Mocoso... tu cuerno...

—¿Eh?

Hades llevó una mano temblorosa hacia su frente. Bajo sus dedos, sintió una protuberancia dura, como si una rama curva hubiese brotado de su cráneo. El tacto le dio escalofríos. Abrió los ojos de golpe, aún borrosos, y estiró la mano hacia la anciana que lo observaba con los brazos cruzados.

—Necesito... unos lentes. Y un espejo —murmuró, seco.

—¡Aprende a pedir las cosas, mocoso! —refunfuñó Recovery Girl, pero accedió, chasqueando los dedos para que un asistente trajera ambos objetos.

Con manos tensas, Hades se colocó los lentes nuevos. El mundo se enfocó a medias, el corazón golpeándole en las costillas como si aún estuviera en medio de la batalla. Cuando tomó el espejo que el asistente le ofrecía, tragó saliva.

Ahí estaba. El cuerno, claramente visible. Pero... estaba partido. La fractura lo atravesaba de lado, como si hubiera sido cercenado a la mitad.

—Intenta arrancarlo —ordenó Recovery Girl, con voz seria.

Hades dudó. Apretó los dientes y llevó la mano al cuerno, cerrando los dedos con decisión. Y en cuanto lo intentó...

Un grito sordo se escapó de su garganta, su cuerpo se contrajo por completo. Un dolor profundo, como una punzada que nacía en su núcleo y se extendía por la columna, lo dejó sin aliento. Soltó un gruñido áspero, apretando los dientes.

—Hngh... ¡joder!

Recovery Girl suspiró, dando un paso atrás.

—Otra cosa para entender de ti, mocoso problemático...

Hades se dejó caer hacia atrás, tumbándose sobre la camilla con un resoplido agotado. El dolor se disipaba lentamente, dejando una sensación metálica en la boca.

—¿Tiene una gorra por ahí...?

....

[Pasillos del estadio: zona este]

Todoroki y Akemi estaban de pie frente a frente, envueltos en el silencio espeso del concreto. Las luces parpadeaban con levedad sobre sus rostros tensos. No se decían nada... pero sus ojos hablaban en códigos distintos.

Akemi, intentando quebrar el hielo, habló con tono relajado.

—¿Entonces? ¿Para qué me llamaste? Pronto cerrarán la cafetería...

Todoroki no contestó de inmediato. Miró hacia el suelo, luego levantó la vista lentamente.

—En el momento en que estaba por cargar otro golpe... —empezó, pausado— ni Iida, ni Momo, ni Uraraka, ni Tokoyami, mucho menos Hades... nadie me puso en alerta. Pero tú... en ese único instante... cuando sobrevolabas el campo... lo sentí.

Se detuvo, negando con la cabeza, como si las palabras le pesaran en la lengua.

—¿A qué te refieres? —preguntó Akemi, fingiendo una preocupación suave y medida.

Todoroki entrecerró los ojos.

—¿Tú... por casualidad, no eres la hija ilegítima de All Might?

Akemi sonrió apenas, negando lentamente.

—Je... si lo fuera, mediría dos metros y tendría más músculos que pecas —bromeó, señalando sus propias mejilla.

Todoroki no rió. Rechazó la comedia con una mueca de molestia.

—¿Acaso lo preguntas porque eres la hija del número dos? —disparó Akemi, enfatizando la palabra con un toque de veneno.

Ella no respondió con palabras al principio. Solo asintió con una lentitud grave. Luego, el hielo se empezó a formar a su derecha, reptando desde su brazo.

—Desde el entrenamiento conjunto del domingo, he estado pensando... Es sospechoso que estés tan en el centro de atención del número uno —dijo, apretando la escarcha que se formaba sobre su palma—. Si tienes algo que ver con él... no me importa —continuó, afilando su mirada—. Lo daré todo para superarte a ti... y luego a All Might.

Akemi sonrió. Pero en sus ojos brilló una chispa de incomodidad.

—Necesitarás más que palabras para vencerme, shoto-chan.

[Pasillos del estadio: zona oeste]

Endeavor caminaba con paso decidido, escaneando con la mirada los corredores en busca de su hija. Pero, cuando cruzó por una esquina, fue interceptado por una figura alta, musculosa, radiante de energía.

Endeavor frunció el ceño al verlo. Sin querer perder tiempo con él.

—¿Qué quieres?

—Jajaja, siempre tan duro Enji —respondió All Might con su típica ligereza, aunque sus ojos denotaban más interés del que parecía—. ¡Solo quería ver cómo estaba mi buen amigo!

—Estoy bien —contestó fríamente, mientras ponía los ojos en blanco—, dime que quieres en realidad.

—Hmm... para ser sincero, me gustaría aprender un par de cosas de tí —continuó All Might, medio en broma.

—¿Eh?

—Tu hijo... incluso usando solo la mitad de su poder... dio resultados excelentes. Pensaba preguntarte por consejos... sobre cómo criar un sucesor.

Endeavor se detuvo, arqueando una ceja. No le gustaba ese tipo de charlas. Pero luego suspiró. Su tono se tornó más suave, casi melancólico.

—Mi chico está en negación... por un accidente —contestó, con un peso que no quiso explicar—. Pero cuando logre sanar... Mi hijo nos superará —declaró, posando una sonrisa tenue, pero sincera. 

All Might, al no querer quedarse atrás, la igualó con una aún más amplia.

—Espero verlo algún día jajaja —asintió, cruzándose de brazos—, pero estoy seguro que mi sucesor nos dejará comiendo polvo.

Endeavor dio un paso más, pero luego se frenó. Algo en su mente hizo clic.

—Espera... ¿tienes un sucesor?

All Might solo sonrió, sus ojos azules brillando sobre su esclerótica negra. 

—Ya la conociste, pero... pronto la verás brillando en el último evento —afirmó, como quitándole peso.

Endeavor lo miró un segundo más, negando con la cabeza, y siguió su camino, murmurando para sí:

—Tiene un sucesor... y que lo "conocí, pero la veré pronto"... debe ser uno de esos mocosos del 1-A, ¿verdad?

Frunció el ceño, pensativo. Caminaba con pasos amplios mientras en su mente repasaba imágenes: estudiantes, combates, quirks.

Y entonces...

La vio. Verde. Brillante. Una sonrisa estúpida. Una cabellera peculiar, y un estilo de pelea extrañamente familiar.

Suspiró, llevando su mano al rostro y se lo palmó con fuerza leve, como castigándose.

—¿Por qué no lo vi antes...? Era tan malditamente obvio...

Y con esa última reflexión amarga, continuó su camino.

[Cafetería de la U.A.]

La clase 1-A se había reunido tras los eventos. Las mesas estaban repletas de bandejas con postres, jugos y cafés. Voces alegres, bromas, exclamaciones de entusiasmo por el último evento. Algunos hablaban del futuro, otros simplemente celebraban el presente.

—¡El próximo año lo ganaremos desde el inicio! —gritó Kirishima con el puño alzado.

—Me conformo con que no nos destruyan —respondió Sero riendo.

En medio de todo eso, Tokoyami, sentado junto a Iida, Mina, Momo, Ochako y Tsuyu, observaba con calma. Su voz, grave y sobria, se alzó como una interrupción en la alegría.

—¿Vieron el cuerno que tenía Hades?

Hubo una pausa. Las risas se calmaron. Algunos parpadearon confundidos.

—¿El qué? —preguntó Mina, ladeando la cabeza.

Iida levantó su mano con seriedad.

—Yo también lo ví —afirmó, arreglando sus lentes—. Creí que era el único... así que no quise hablar en base a suposiciones.

—Un cuerno... —repitió Momo, pensativa—. Tal vez fue una ilusión óptica. Hubo mucho polvo... y eso.

Tokoyami negó lentamente, mientras Dark Shadow aparecía desde la mesa.

—Cuando estaba cargando en su dirección, Dark Shadow y yo logramos ver como un cuerno emergía de su frente en el momento en que ese escudo se manifestó.

El grupo quedó en silencio. Hasta que una nueva voz se unió a la conversación, suave pero firme.

—¿Me permiten tomar asiento, por favor?

Era Intelli. Con su taza de té negro humeante, su porte elegante y la tranquilidad con la que se movía, parecía no haber peleado nunca en su vida. Ochako asintió, aún con los ojos algo abiertos por la sorpresa.

—No pude evitar oír su conversación —afirmó Intelli, tras tomar un sorbo calmado—. Y puedo confirmar... en efecto, a Hades le brotó un cuerno.

Los demás giraron hacia ella, expectantes.

—Soy Saiko Intelli —añadió con una leve inclinación—. Pero pueden decirme Intelli. Es más cómodo.

Uno a uno, los del grupo se presentaron mientras ella asentía amablemente, dando otro sorbo a su té.

—Veo que están... sorprendidos. Así que deduzco que nunca lo habían visto manifestarlo antes.

—Solo conocíamos su curación... sus espadas... y el guante. Kero —dijo Tsuyu, pensativa—. Eso es bastante atípico, ¿no creen?

—Sí... —respondió Iida, bebiendo de su jugo de naranja—. Tal vez... es un caso de matrimonio quirk.

Varios levantaron una ceja, sorprendidos por el término, mientras que Momo junto a Intelli, solo llevaron una mano a su barbilla.

[Pasillos del estadio: zona este]

Todoroki y Akemi continuaron caminando lentamente por un pasillo silencioso. No había ruido. Solo el eco de sus pasos luego de su pequeño enfrentamiento verbal.

—Mi padre... —empezó Todoroki de repente—. Debido a su personalidad tan espinosa para los ajenos a la familia... nunca logró superar a All Might.

Akemi lo escuchaba con atención. Sus manos cruzadas tras la espalda, la mirada fija en su rostro.

—Pero en los últimos años... ha resuelto más crímenes que él. Por eso, al menos... mi padre es un modelo a seguir.

Akemi asintió, pero su mente no estaba completamente en ese recuerdo. Pensaba en el poco tiempo que le quedaba a su maestro... y lo enterró antes de que le doliera más.

—¿Y por qué no usas tu fuego?

Todoroki se detuvo. Ella también.

—Nunca conocí a mi madre —continuó, con voz baja pero firme, tratando de evitar el tema—. Dio su vida... cuando yo nací. Y... —Hizo una pausa, apretando los puños, mientras se decidía por decir la verdad—. Y como mujer... con el poder que ella me dio... voy a ser la mejor. Porque el fuego... solo trae destrucción. Y yo... ya no quiero destruir a nadie más. Como lo hice con mi... mi hermano.

Akemi tragó saliva, sorprendida a pesar de haber oído esa historia antes. La sinceridad con la que lo decía ahora... la abrumaba como la primera vez.

Pero no fue ella quien quedó más impactada.

Detrás, apoyado en la pared con las manos en los bolsillos, Bakugo los había estado escuchando en silencio. No dijo una palabra. Pero sus ojos estaban completamente abiertos. En su mente solo había una mezcla de comprensión... y algo que casi parecía respeto.

Pero entonces, casi como si supiera que había un tercero, miró a los ojos verdes de Akemi por última vez.

—He tomado mucho de tu tiempo —afirmó, comenzando a alejarse.

Y justo antes de doblar la esquina, sin mirar atrás, soltó:

—No importa tu relación con All Might. Seas su hija o no... te venceré en el torneo.

—Ja... espero verte intentarlo, Shoto-chan.

[Cafetería de la U.A.]

[Algún tiempo después]

La cafetería estaba desbordada de cuerpos. Voces, pasos, risas, jadeos, toda una sinfonía de adolescentes exhaustos vibrando contra los muros. El calor humano, pegajoso y denso, hacía que el aire oliera a tela sudada y a orgullo. En medio de ese caos, Hades caminaba con torpeza, guiado a medias por un estudiante de cursos superiores que lo había tomado del hombro para evitar que se perdiera entre la multitud.

Su gorra blanca, ladeada y con las letras MILK bordadas en negro, estaba baja hasta casi ocultarle los ojos. No por estilo, sino por necesidad. Ocultaba lo que sobresalía de su cabeza: el cuerno roto de carnero, partido justo por la base, delatando lo que su cuerpo apenas podía entender.

No encontraba a nadie conocido. Ni a Bakugo, ni a Todoroki, ni siquiera a Akemi. Se sentía como una sombra mal colocada, un espectro ajeno a la algarabía triunfal de los otros. Caminó hasta la barra, donde apenas quedaban unos pocos alumnos rezagados, y se acercó al encargado —un chico de segundo año con delantal negro que más parecía portero de club nocturno que recepcionista escolar.

—Un cuenco energético de cerdo empanizado... con doble salsa —murmuró Hades, como si las palabras fueran una plegaria.

Solo de imaginar el crujido, se le formó una sonrisa diminuta, íntima. El hambre era una daga enterrada en su estómago desde hacía horas.

Pero entonces, como una descarga eléctrica, los altavoces retumbaron con la voz chillona de Midnight:

—¡Todos los alumnos que pasaron a la tercera ronda, reúnanse en el centro del estadio! ¡Inmediatamente!

La cuchilla del deber partió en dos su apetito. Hades suspiró y cerró los ojos, maldiciéndose por dentro. Su estómago rugió como una criatura herida.

—Mierda... —masculló entre dientes, dándose la vuelta.

Fue entonces que una figura se plantó frente a él, casi tropezando en el apuro de alcanzarlo. Cabello marrón, algo encrespado, y un aroma húmedo que le resultó vagamente familiar. 

—¡Lo siento, Hades-kun! —dijo Kinoko atropelladamente, inclinando la cabeza, con sus manos apretadas contra el pecho.

Él frunció el ceño, confundido por un instante... hasta que recordó. En la prueba anterior, ella había evitado hacer equipo con él. Su decepción había sido rápida, seca, sin espacio para rencores... pero igual lo había sentido. Antes de que pudiera decir algo, Kinoko se apresuró:

—Yo... yo no quería. No fue mi decisión. Quise... pero mis compañeros me alejaron... —comenzó, con voz entrecortada—. Dijeron que eras peligroso. Que estar contigo era una sentencia. Pero yo... tú me salvaste aquella vez en el puente... cuando no sabías mi nombre.

Hades bajó un poco la cabeza. Sus ojos, ocultos por la gorra, se afilaron. Había sangre en sus recuerdos, humedad en la piel de ella, y un monstruo que parecía arrastrarlos entre los rápidos del río.

—Lo recuerdo —dijo él, en voz baja.

Kinoko tragó saliva. Extendió las manos. Sobre sus palmas abiertas, una pequeña nube de esporas danzó en espiral, y de ellas brotaron hongos marrones.

—Sé que no compensa nada. Pero acabo de oír tu estómago gruñir —sonrió con un rubor desesperado—. Son tus favoritos. Shiitake nacidos hace segundos, ricos en sal, proteína... y cariño.

Por un momento, el bullicio de la cafetería desapareció. Hades alzó la cabeza. Sus ojos, normalmente rojizos, se tiñeron de un verde tenue. Los miró, no con hambre, sino con una extraña reverencia. Tomó uno, lo mordió y masticó en silencio.

—Gracias, Kinoko. De verdad.

Ella asintió, mordiéndose los labios, y dio un paso atrás, ladeando la cabeza como una seta tímida que se esconde entre las sombras del bosque.

—Buena suerte... Hades-kun.

Se giró y se perdió en la multitud.

Hades, cuyos ojos regresaron al rojo familiar, siguió caminando mientras comía las setas con lentitud. Cada mordisco era algo más que alimento: era compañía. Una pequeña tregua en un mundo que no dejaba de gritarle que debía estar solo.

....

....

Ya en el estadio, la atmósfera era otra.

Una multitud se volcaba sobre las gradas. Las voces eran torrenciales. El cielo, ahora nublado, proyectaba una sombra sobre el domo. En el centro, bajo los reflectores, los sobrevivientes de la segunda ronda se reunían, formando un círculo desigual de tensión contenida.

Hades entró caminando con calma, sus pasos resonaban con un eco anómalo. El cuerno a medio partir sobresalía apenas bajo la gorra, como un error que nadie sabía cómo nombrar. Algunos lo miraron, pero nadie se atrevió a hablarle.

Midnight, sobre una tarima, levantó los brazos. El reflector la bañó de luz, y su sonrisa era la de una bestia hambrienta.

—¡Y ahora... el momento que todos esperaban! ¡El tercer y último evento del Festival Deportivo de Primer Año!

Todos contuvieron el aliento.

En la pantalla gigante detrás de ella, las palabras comenzaron a formarse lentamente, como piezas de una ruleta girando entre fuego y metal

Y entonces, con un chasquido eléctrico, las palabras finales brillaron en rojo vivo:

¡Torneo Uno Contra Uno!

Una explosión de gritos sacudió el estadio.

Los estudiantes miraron alrededor, buscándose entre ellos. Algunos sonrieron. Otros apretaron los dientes. La tensión se transformó en una criatura viva que se arrastraba por las espaldas y la nuca.

Midnight giró sobre sí misma y gritó con su teatralidad desbordante:

—¡Solo uno podrá reclamar la gloria! ¡Uno por uno caerán hasta que el mejor de ustedes se alce sobre los cuerpos de sus compañeros! —hizo una pausa, mientras levantaba una mano con expectación—. ¡Que comience... el último evento del Festival Deportivo!

Y entre todos los presentes, uno sólo seguía comiendo hongos. Con la mirada fija en la pantalla.

—Esto será genial...

CONTINUARÁ.

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