Pero, antes de que pudiera continuar, otra pantalla colgada en la pared, hasta ese momento apagada, se encendió con un zumbido grave. No se activó por el control remoto ni por ningún comando. Simplemente... despertó una figura sin rostro real se proyectó. Fría, distante. La voz modulada y serpenteante de All For One llenó el lugar con una calma tóxica.
—No, Tomura.
Shigaraki se tensó. Su mandíbula crujió.
—No arruines mis planes por un arrebato infantil. Esa unidad... aún puede servir. Y esta no es la ocasión para malgastarla en fuegos artificiales.
—¿Pero viste esa basura? ¡Visten sus cadáveres de gloria! ¡Ese maldito All...!
—Silencio —cortó la voz—. Estás aquí para formar un equipo. Uno real. Prioriza calidad sobre cantidad. Los peones sin convicción solo estorbarán para nuestros futuros planes.
Shigaraki se inclinó hacia adelante, con los dientes apretados, dispuesto a refutar. Pero la pantalla ya se había apagado.
El bar volvió a la oscuridad. Shigaraki gruñó, sus arrebatos se ahogaron entre sus dientes mientras su quirk convertía en polvo todo a su alrededor con un simple toque. Agarró un vaso a medio llenar, lo apretó con fuerza, a punto de tocarlo con sus cinco dedos, pero suspiró y se dejó caer en el suelo, frustrado.
[Al día siguiente...]
[Hospital de Musutafu]
Hades dormía profundamente, el cuerpo ladeado hacia un costado, roncando sin pudor alguno. La manta estaba medio caída, la boca entreabierta, un leve hilo de baba colgando con descaro. El chico parecía ajeno a todo, incluso a su propia respiración ruidosa.
—Mmmhh... estúpidos cuadros... dejen de moverse... —murmuró entre ronquidos.
En un rincón, Himiko lo observaba con una expresión soñadora, bebiendo libremente de una bolsa de sangre. Estaba sentada sobre sus piernas como una niña bien portada. Tarareaba en voz baja, una melodía inventada, mientras jugueteaba con un mechón de su propio cabello. El momento era casi sagrado para ella: verlo sin armadura emocional, sin rabia... solo él, respirando, su cuello descubierto sin pudor alguno.
A su lado, Inko tomaba notas en su portapapeles, revisando las dosis de medicación nocturna y los reportes de evolución muscular. Marcaba gráficas con lápiz, rápida y precisa, sin perder detalle.
Pero, tres golpes en la puerta interrumpieron la calma.
—¿Se puede? —dijo el Dr. Ishikawa, entrando sin esperar—. Buenos días. Vamos a hacerle unas pruebas. Evaluaremos el estado de sus huesos y tejidos regenerados.
—Perfecto, justo estaba terminando —respondió Inko sin alzar la voz.
—¿Puedo ir con ustedes? —agregó Himiko suavemente, sin dejar de beber de su bolsa de sangre 0+.
Ishikawa la miró con leve incomodidad.
—En realidad... será mejor si esperas aquí. Nos iremos a una zona estéril solo para el personal.
—Mm... está bien —refunfuñó, apretando ligeramente su vestido con la manos libre, acomodándose sobre la cama contigua a la de Hades.
—Vamos a moverlo —agregó Inko, apartando el portapapeles, varios mechones de su cabello se levantaron, mientras sus ojos brillaban—. Quédate quieto, Hades.
Él no respondió, todavía sumido en un sueño denso. Inko extendió una mano y, con un leve fulgor verde, activó su quirk de telequinesis. El cuerpo de Hades se elevó suavemente en el aire, como flotando, sin sobresaltos.
—¿Eh?... ¿Qué demonios...? —gruñó de pronto, medio despertando—. ¡Por qué carajos estoy flotando!
—No grites, Hades-kun —dijo Inko con dulzura mientras lo posaba con cuidado sobre la camilla móvil—. Vamos a hacerte unas pruebas. Así que deja de tratar de safarte de mi quirk y colabora.
—Al menos no está esa vieja aquí presente... —refunfuñó, cubriéndose los ojos con el antebrazo.
El trío se alejó en un parpadeo, dejando sola a Himiko, que ya había terminado de beber su bolsa de sangre, y secando sus labios con un leve chasqueo, se puso de pie, y de puntillas, se dirigió hasta la cama donde Hades había estado dormido. Una enorme sonrisa fracturó sus facciones, mientras se subía en ella.
.....
[Sala de evaluación avanzada]
Hades, medio despierto, miraba el techo frío del laboratorio con ojos entrecerrados. El zumbido de las máquinas lo mantenía molesto, pero no tanto como el traje abierto por la espalda que le habían puesto.
Inko, ahora con una bata blanca encima de su ropa habitual, revisaba los parámetros en el monitor portátil.
—Vamos por partes —le dijo, colocándose a su lado—. Primero haremos radiografías digitales. Es como tomar una foto interna de tus huesos.
—Genial. Fotos de mi esqueleto deforme. Qué emocionante.
—Queremos ver cómo están las fracturas que tuviste: húmero, cúbito, radio, costillas, fémur y peroné. Se rompieron todos. Vamos a buscar algo llamado callo óseo, ¿sabes qué es? —le respondió, ignorando completamente sus quejas.
—¿Me ves cara de doctor?
Inko suspiró, negando con la cabeza antes de responder.
—Básicamente, es tejido óseo nuevo que crece donde hubo una fractura. Al principio es blando, pero se endurece con el tiempo y forma una zona más gruesa y fuerte que antes. Eso es lo que buscamos.
El escáner comenzó a moverse sobre su cuerpo. En la pantalla, las imágenes aparecían en tiempo real. Las fracturas estaban sanadas, pero los bordes eran irregulares. Zonas densas sobresalían en lugares donde antes hubo rotura.
—Mira esto enfermera... —señaló Ishikawa—. Aquí en su brazo derecho: el hueso se ve más grueso que en una persona promedio...
—Su fémur parece tener aún más...
—Oh, genial —interrumpió Hades con sarcasmo al oír la conversación—, entonces, procuraré seguir rompiendo mis malditas piernas.
—Prefiero no volver a verte en una camilla por un largo tiempo, Hades-kun.
El siguiente paso fue la exploración de su columna, caderas y pelvis. Las imágenes en alta definición mostraban consolidación en todas las vértebras fracturadas.
—No hay edema —dijo Inko, apuntando—. La médula no está comprimida, y el tejido cicatrizal no está obstruyendo nada.
—No hay irregularidad alguna, por un momento creí que habría una malformación o una acumulación en la zona lumbar.
—¿Y eso también es por el "callo"?
—En parte. Pero también por tu quirk. Aunque, sinceramente, creo que tu cuerpo simplemente se cansó de romperse y dijo: "basta".
—Vas a tener huesos como piedra, chico —agregó Ishikawa, con media sonrisa—. Aunque igual deberías hacerle caso a tus doctores y dejar de romperlos.
Hades cerró los ojos y murmuró:
—Lo entiendo. Yo también me estoy cansando...
La siguiente prueba midió la densidad mineral de sus huesos. Los valores eran altos, por encima de la media juvenil.
—Sus fémures son más densos que los de un velocista. Lo anormal en ti, ya no es lo roto... sino lo fuerte... —comentó Ishikawa, sorprendido por lo que veía.
Inko volvió a activar su telequinesis y con cuidado colocó sensores en sus dedos y pies, aplicando estímulos eléctricos leves y calor, observando cada reacción con el ceño fruncido.
—Recuperaste la movilidad del brazo izquierdo casi por completo —comentó, revisando los datos—. El derecho sigue limitado, pero puedes flexionar los dedos. El nervio cubital está funcionando.
—¿Que hay de mis piernas? ¿Podré... volver a caminar? —preguntó, tragando saliva.
—Sí, aunque necesitarás un poco de ayuda al principio. Tienes hipoestesia leve: una reducción en la sensibilidad. Pero es pasajero.
Hades suspiró con alivio impregnado en su aliento, y sin mucho más, fue devuelto a su cama. Inko le colocó las mantas con cuidado, mientras él murmuraba cosas ininteligibles.
—Maldita sea... me siento como un estúpido hámster de pruebas.
—Es parte de tu recuperación, así que deja de quejarte —respondió Inko, con tono casi burlón—. Estás mejor, Hades-kun.
Él la miró con un solo ojo entreabierto.
—¿Podré participar en ese festival?
—Te recomendaría que no lo hicieras pero... —tragó saliva, mirando fijamente su cicatriz en la mandíbula—, sé que lo harás de todos modos...
—Tch... qué fastidio —refunfuñó Hades mientras volteaba su mirada.
—Nada de quejas —respondió ella, con la voz tranquila pero firme—. Es tu último día aquí. Cuando despiertes mañana, podrás volver a clases.
—Al fin... —dijo él con un bostezo exagerado, tan largo que casi parecía un rugido de oso—. Esta celda blanca me está pudriendo el cerebro.
—Exagerado —zanjó Inko con una media sonrisa, mirando a su alrededor por un momento, tratando de buscar a la rubia con la que había llegado, pero en ese instante, su celular vibró y emitió un tono clásico, uno de esos que aún sonaban como teléfonos de disco. Inko sacó el aparato de su bolsillo y respondió con voz suave:
—Hola, cariño... Sí... sí, ya casi... sí, vuelvo en un momento, primero me despediré de Hades-kun y luego buscaré a Himiko-chan.
Guardó el teléfono y miró a Hades.
—Era Akemi. Quiere te mande saludos y que traiga cerdo para la cena —posó una mano en su mejilla, suspirando brevemente—. Así que, supongo que terminaré mi turno en unos minutos y me iré con Himiko-chan, así que, será mejor que no te vayas.
—Estoy roto, señora. No tengo a dónde ir.
Ella soltó una risa ligera, mientras salía de la habitación y cerró la puerta suavemente tras de sí.
El silencio se asentó como un sudario. Hades se quedó mirando el techo unos segundos, luego suspiró. Con dificultad, usó su brazo izquierdo para quitarse los lentes. Los colocó sobre la pequeña mesa lateral y cerró los ojos. Lo que vino fue una oleada de recuerdos incómodos: el entumecimiento constante en sus piernas, la impotencia de no mover el brazo derecho a voluntad, la forma en que tenía que ser bañado por tres enfermeras como si fuera un vegetal... la humillación de sentirse inútil.
—Esto apesta —murmuró.
Entonces, Haruto habló desde lo profundo de su mente, con esa voz suya que siempre parecía sonreír incluso en el peor momento.
—Sí... pero, al menos, seguimos vivos. Eso no es poca cosa.
Hades soltó una exhalación que casi pareció un gruñido resignado.
—Supongo... Mañana salimos de esta prisión blanca.
—¡Sí! Y aunque la anciana nos prohibió usar nuestro poder, no importa. Estoy seguro de que ahora somos más fuertes que antes.
—¿Más fuertes? Claro que sí —dijo Hades con una sonrisa torcida, el ego filtrándose a través del sarcasmo—. Después de todo... soy un dios.
—Jajaja, sí... claro que lo eres.
Entonces, su tono se volvió un poco más serio.
—Oye... ¿te diste cuenta? Esa cosa... la galería... desde el enfrentamiento con ese cabrón... aparece cada vez que dormimos. Como si fuera parte de nosotros ahora.
—Lo noté —respondió Hades con tono más apagado—. Ya no parece un simple sueño. Es como si algo nos estuviera esperando siempre que cerramos los ojos.
—Tal vez... simplemente cambiamos.
—O tal vez algo se rompió más de lo que creíamos. Pero eso no importa.
Justo entonces, la puerta se abrió y Recovery Girl entró con su andar corto pero firme, una carpeta de papeles en una mano.
—Hola, jovencito gruñón. Ya revisé todo. Tu recuperación está prácticamente completa.
—¿En serio?
—Sí. Solo falta que yo aplique mi quirk una última vez. Dormirás... y cuando despiertes, estarás completamente sano. Aunque —añadió con voz más seria—, necesitarás algo de rehabilitación. No moviste tu brazo derecho ni tus piernas por días. Los músculos están atrofiados —levantó su bastón, con cierta amenaza oculta en su cuidado—. Harás terapia y entrenamiento con tu quirk.
Hades asintió, cansado.
—Está bien. Ya era hora de salir de esta prisión en blanco.
—Hmph. Al menos no tuviste que compartir habitación.
—No sé si eso es un alivio o una maldición.
Recovery Girl sonrió con esa mezcla de cariño y amenaza que solo una abuela con bisturí podría ofrecer.
—Basta de quejas.
Se acercó, y sin más ceremonia, estiró sus labios arrugados y lo besó en el antebrazo izquierdo. Un suave resplandor rosado envolvió a Hades. Su visión se volvió borrosa, el parpadeo se volvió lento, y los pensamientos comenzaron a flotar entre las sombras.
Cuando cayó dormido, la anciana sacó su teléfono y marcó el número de su jefe con lentitud. El tono solo logró sonar una vez, cuando la llamada fue aceptada.
—Nezu —murmuró Recovery Girl al teléfono, mientras observaba a Hades dormido profundamente, su respiración pesada y los párpados caídos—. Ya cayó. Le apliqué el don. Está completamente sedado.
La voz de Nezu llegó nítida del otro lado, animada como siempre:
—Excelente, doctora. Vamos a ir por él en breve.
La anciana colgó sin más ceremonia. Salió del cuarto con paso lento pero firme, su bastón marcando el ritmo con ese característico "tac" que parecía recordarle al hospital quién mandaba ahí.
En el pasillo, justo al cruzar una esquina, se encontró con el doctor Ishikawa cerrando una puerta. Ambos se detuvieron al verse, con esa complicidad muda que solo comparten los veteranos que han visto demasiados huesos rotos y demasiadas decisiones difíciles.
—¿Todo listo con el paciente estrella? —preguntó Ishikawa, frotándose la nuca con gesto exhausto.
—Más dormido que una piedra. —La anciana exhaló, dejando escapar parte del peso del día—. Ya está listo para salir del nido.
—¿Ya revisaste las pruebas de hoy? —preguntó con curiosidad profesional, cruzándose de brazos.
—Así es —dijo con una media sonrisa—. Por lo que vi, se le formaron callos óseos. Si sigue así, lo vamos a tener que enviar a clases en una jaula.
Ishikawa soltó una carcajada seca, breve pero genuina. Luego, sin decir nada más, activó su quirk: una ráfaga de luz violeta lo envolvió, desapareciendo con un zumbido eléctrico. Un segundo después, volvió a aparecer con una carpeta en mano.
—Le pedí a la enfermera de la 3B que empiece el papeleo de alta. Todo en orden.
Recovery Girl asintió.
—Buen trabajo.
Se despidieron sin más. Él se fue por un lado. Ella por otro. Como dos engranajes que ya conocían demasiado bien la máquina.
....
El aire estaba más fresco fuera del hospital. La anciana salió hacia la recepción y, como si el destino la esperara, vio a Todoroki Shoto de pie, hablando con una enfermera en medio del corredor. La luz del sol le acariciaba el cabello bicolor. Se notaba incómoda, como quien carga un dilema más grande que su edad.
—Hola, Todoroki-chan —dijo Recovery Girl con un tono que era amable, pero con el filo justo para no sonar maternal.
La chica se giró de inmediato. Su cuerpo se tensó ante la llamada inesperada. Sus ojos bajaron en automático al verla. Luego respondió, casi en reflejo:
—Buenos días...
—¿Y bien? —la anciana ladeó un poco la cabeza, mirándola con atención—. ¿Qué hace por aquí el hijo del cabeza hueca?
Shoto suspiró y le sostuvo la mirada por primera vez, seria:
—Vengo a ver a Hades.
—Llegaste tarde —dijo Recovery Girl, sin rodeos—. Está dormido. Pronto lo trasladaremos a la U.A. Mañana ya vuelve a clases.
La chica asintió lentamente, el peso de algo no dicho en sus hombros, pero antes de que pueda irse por su lado, la anciana volvió a hablar.
—Acompáñame afuera. Podemos esperar juntos al equipo de traslado.
Ambas salieron. El sol no era fuerte, pero la luz cortaba las sombras con precisión quirúrgica. Caminaron en silencio unos metros, hasta que la anciana habló de nuevo, casi como si lo hiciera para distraerse:
—Solo para que lo tengas presente... Sé quién eres, niña.
Shoto se detuvo un segundo, como si una corriente le subiera por la espalda.
—¿Cómo...?
—Soy la enfermera de la U.A., cariño. Los registros médicos no mienten. Además de mí, solo Nezu y Aizawa lo saben. Y créeme, no voy a decirlo si tú no quieres.
—Gracias... —murmuró ella, más aliviada que sorprendida.
—Pero ya que estamos —añadió la anciana con media sonrisa—, quiero preguntarte algo: ¿por qué no usas tu fuego? ¿Enji te hizo algo?
Todoroki tensó los hombros, y su respuesta fue inmediata, pero sin fuerza:
—No es culpa del tonto de mi padre... Es por mí.
—¿Y qué pasa contigo?
—No... quiero usarlo, el fuego... solo destruye sin miramientos...
Recovery Girl la miró con ojos suaves, pero sin compasión.
—Si no estás lista, está bien. Pero... habla con alguien. Cargar eso sola, a tu edad, es una estupidez.
Shoto no respondió, solo bajó la mirada. Una brisa fría pasó, y por un segundo pareció temblar.
—¿Y si al hablar... solo lo empeoro? ¿Y si también los quemo a ellos...?
La anciana suspiró, tomándose un segundo antes de responder. Esta vez, su voz fue más calmada.
—A veces, hablar duele más que callar. Pero otras veces... es lo único que impide que el fuego te consuma desde dentro.
Shoto no respondió. Se cruzó de brazos, cerrada, pero sus hombros se hundieron un poco. No era aceptación. Era... duda.
La anciana esperó un momento, luego miró al cielo antes de hablar de nuevo, más ligera:
—Tal vez haya alguien que te entienda. Un mocoso testarudo... uno con ojos que a veces se tornan verdes —sonrió, golpeando el suelo con su bastón un par de veces—. No me hagas caso, pero dicen que ese tipo de cosas se notan.
—Se refiere a... ¿Akemi? —pensó, quedándose muda por un momento, parpadeando lentamente, como si intentara procesar lo que acababa de escuchar. La anciana ya había empezado a caminar, arrastrando el bastón mientras la dejaba atrás.
—Después de todo, ustedes dos son parecidos. El hielo también puede doler, pero eso no significa que no queme.
En ese momento, un auto negro, sobrio, sin adornos innecesarios, avanzó en silencio hasta detenerse frente a la entrada principal. En el costado brillaba el escudo dorado de U.A., tallado con precisión como una promesa de orden en medio del caos.
Las puertas se abrieron con precisión casi militar. Cuatro figuras descendieron, vestidas con trajes oscuros y gafas de sol. No eran héroes. Tampoco civiles. Eran el brazo logístico de U.A.: entrenados para actuar sin llamar la atención, pero capaces de reaccionar en caso de emergencia.
Uno de ellos —alto, con cabello rasurado— se adelantó.
—Recovery Girl —saludó con una leve inclinación de cabeza—. Venimos por el paciente. ¿Habitación 616?
—Así es —respondió la anciana, sin molestarse en esconder el cansancio en su voz—. Llévenselo con cuidado. No está roto, pero tampoco lo meneen como si fuera un costal de papas.
Los hombres asintieron y se dirigieron sin demora al interior del hospital.
La anciana se giró entonces hacia Todoroki, que había permanecido en silencio, observando la escena con la tensión de quien no está acostumbrada a ver que las cosas se muevan sin su control.
—Es mejor que regreses —le dijo la anciana, girando su bastón con suavidad—. Mañana tienen clases. No querrás que Aizawa se dé cuenta que estuviste vagueando por aquí.
Todoroki asintió.
—Sí. pero... ¿Quiénes son ellos?
—Ah... hombres de Nezu, no les prestes mucha atención.
—Ya veo... entonces, adiós, obasan.
Iba a darse la vuelta cuando la voz de Recovery Girl la detuvo, cargada de un sarcasmo que solo los años pueden afilar.
—Ah, y mándale saludos al testarudo de Enji. Dile que espero verlo la próxima semana... si no le da miedo recibir un sermón por no visitarme en tanto maldito tiempo.
Shoto se giró sorprendida, los ojos entrecerrados por la duda que flotaba sobre la voz de la anciana.
—Hace rato que lo llamas por su nombre de pila... ¿lo conoce acaso?
—¿A Enji? —bufó—. Claro que sí. Fue mi paciente más recurrente cuando era estudiante. El bastardo se quemaba a sí mismo cada dos días —suspiró, recordando los viejos tiempos con nostalgia—. Terminé convirtiéndome en su segunda madre... aunque nunca fui buena para las caricias.
Todoroki tragó saliva. Ese detalle jamás se lo había contado nadie. Asintió sin decir palabra, sintiendo que algo dentro de ella tomaba nota con firmeza: hablar con mi padre. Lo haría.
La anciana ya se alejaba, el bastón resonando sobre el concreto como una campana que marcaba el final del día.
....
[Al día siguiente]
Todo era luz blanca. Fragmentada. Intermitente.
Hades entreabrió los ojos, notando cómo unas luces redondas del techo pasaban una tras otra, como si fueran estrellas atrapadas en un tubo.
Parpadeó. Una vez. Dos. El mundo se sentía borroso, como un sueño del que no quería despertar. Se frotó los ojos con lentitud, la piel de los dedos áspera contra los párpados. Cuando trató de moverse, algo le resultó extraño. Su cuerpo... no dolía. Solo se sentía rígido. Como un títere que había estado colgado demasiado tiempo.
Sacudió la cabeza, y entonces lo notó: estaba sentado.
Bajó la mirada. Sus piernas colgaban inertes, aunque vestidas con el uniforme azul y negro de la U.A., recién planchado. Estaba en una silla de ruedas, siendo empujado por alguien.
—¿Qué... carajos...? —musitó, aún medio dormido.
—Ya era hora —gruñó una voz seca a su costado.
Giró la cabeza con esfuerzo. Aizawa lo empujaba sin expresión en el rostro, las ojeras más marcadas que nunca. A su otro lado caminaba Recovery Girl, quien ni siquiera lo miraba.
—Bienvenido de vuelta al mundo —dijo la anciana con tono neutro—. Estás sano. Más fuerte que antes. Y sí, es real. No es un sueño.
Hades pestañeó un par de veces. A pesar de su típica actitud de gruñón desinteresado, algo se revolvía en su pecho. ¿Eso era alivio? ¿Frustración? ¿Miedo?
Quizá todo a la vez.
Y mientras los llevaban por el pasillo, el techo blanco parecía empezar a abrirse como el cielo. Su "prisión en blanco" había terminado.
Y el infierno —la escuela— apenas iba a comenzar.
CONTINUARÁ.
