Capítulo 11: C.H.E.R.U.B.
La ciudad de los Querubines era, en una palabra, empalagosa.
Si el sector de las Exorcistas era mármol y acero, este lugar era algodón de azúcar y purpurina. Edificios con forma de nube, arcoíris que servían de transporte público y un aroma constante a galletas recién horneadas que hacía que a Vesper le dieran ganas de purgar el vecindario entero.
A diferencia de las descripciones bíblicas de seres con cuatro caras y cientos de ojos, los querubines (Al menos los de este mundo y a escaneado) aquí eran exactamente lo que la cultura popular dictaba: pequeños ángeles regordetes con rasgos de animales antropomórficos.
Eran el escalón más bajo de la jerarquía celestial, los "obreros del bien" que se encargaban de las misiones de protección en el mundo humano.
Vesper caminaba con su uniforme de exorcista, destacando como una mancha de guerra en un jardín de infantes.
Las pequeñas criaturas se apartaban a su paso, mirándola con una mezcla de asombro, confusión y un poco de terror.
«Son perfectos para mi plan», pensó Vesper, ajustándose el guante. «Son lo suficientemente ingenuos para ser manipulados y lo suficientemente irrelevantes para que nadie note que estoy pasando tiempo con ellos».
Había descartado otras opciones con la frialdad de un algoritmo.
No podía pedírselo a Sera; la Serafín Superior era la encarnación del protocolo y la mandaría a patrullar el muro antes de darle acceso a portales interdimensionales sin una buena razón o un motivo, además quería que sus viajes sean secretos y pedir la llave a la jefa era un error de novatos.
Emily era demasiado joven, Tampoco la a visto desde que vive en el cielo y probablemente ni siquiera sabía cómo funcionaba la "fontanería" de los portales al menos, no de la manera que ella quiere y además es muy cercana a Sera y su secreto se expondria.
Adán... bueno, Adán ya le prestaba demasiada atención (Lute la vigila de manera "discreta"), y no quería que el Primer Hombre sospechara que su "hija" rara favorita tenía una agenda propia... al menos no por el momento.
En cuanto a Abel, era un no rotundo tampoco lo a visto en el cielo y además; Vesper le había preguntado a Adán qué pasaría si muriera, después de que se riera en su cara exactamente una hora. Le Reveló que Abel heredaría el mando de las Exorcistas tras su muerte, eso explicaba porque en el canon fue el y no Lute quien heredó el mando y no necesitaba que su futuro reemplazo supiera sus trucos.
Mientras volaba en dirección hacia la oficina de C.H.E.R.U.B. Después de encontrar la dirección en un cárter colorido.
Vesper reflexionó sobre el sistema de entrada al Cielo. En su vida pasada como Elías, muchos fans teorizaban sobre qué hacía que alguien fuera al Cielo o al Infierno porque literalmente nadie en el cielo (otro sin sentido en el mundo porque existe San Pedro) sabe el como. Todo es automático.
Pero Ella había llegado a la conclusión de que era un algoritmo defectuoso, diseñado por una entidad que no entendía la complejidad humana y que le falta una buena actualización de sistema desde hace 10000 años.
«El caso de Sir Pentious, el futuro redimido qué instaló el caos con su ascenso», analizó la historia que el contó frente a la Portavoz de Dios. «El tipo terminó en el Infierno por ser un testigo involuntario de un crímen de Jack el Destripador y actuar por puro instinto de supervivencia al no denunciarlo. Y luego tienes casos como la Maestra Mayberry de Helluva Boss, que fue una santa toda su vida hasta que un solo acto de ira —justificado, además y que no logro matar a nadie— la condenó al fuego eterno. El sistema no es justo; es binario, estúpido y desactualizado»
Finalmente, aterrizó frente a un edificio que parecía un arpa dorada gigante con carteles de neón rosa que rezaban:
C.H.E.R.U.B. - ¡Cuidamos tu mañana, hoy!
Al entrar, la recibió el caos alegre de la oficina.
En el centro, reconoció de inmediato a los tres protagonistas de la futura tragedia en la Tierra:
Cletus, el líder autoproclamado; Keenie, la oveja hiperactiva; y Collin, el pequeño cordero que servía de saco de boxeo emocional para los otros dos. En la oficina del fondo, pudo distinguir la silueta de Deerie, la cierva que eventualmente los desterraría sin pestañear.
Vesper se acercó al mostrador, haciendo que el sonido de sus botas silenciara una canción de grupo que estaban ensayando algunos Querubines en el fondo.
—¡Oh! ¡Una de las guerreras de Adán! —exclamó Cletus, volando hasta quedar a la altura de su rostro con una sonrisa forzada—. ¿En qué puede ayudarle C.H.E.R.U.B. a una dama tan... imponente?
Vesper no sonrió. Mantuvo su expresión de kuudere analítica, dejando que el silencio incomodara al pequeño ángel por unos segundos.
—Vesper, Exorcista de Primera Generación —se presentó—. He sido asignada por el comando de entrenamiento para una evaluación de "Respuesta Rápida Transdimensional".
—¿Evaluación? ¿Nosotros? —preguntó Collin, temblando un poco.
—Correcto —mintió Vesper con una fluidez aterradora—. Se ha detectado que los demonios están encontrando grietas en la realidad. El Jefe Adán quiere que sus soldados de élite comprendan la mecánica de los portales que ustedes operan para "interceptar" cualquier fuga de energía sagrada en el plano mortal. Consideren esto una auditoría de seguridad... y una oportunidad para que me enseñen cómo se abre una puerta al Infierno desde la Tierra.
Keenie dio un saltito de emoción.
—¡Seguridad! ¡Nos encanta la seguridad! ¡Y ayudar a las fuerzas de defensa es tan... celestial!
Vesper los observó. Eran idiotas, sí. Pero eran sus idiotas.
«Enseñenme a abrir esos portales, pequeños imbéciles», pensó Vesper mientras Cletus empezaba a guiarla hacia la sala de máquinas. «Porque una vez que aprenda a moverme entre mundos sin depender de los caprichos de Adán o Sera, el Infierno no será el único lugar que sentirá mi lanza. Voy a mapear cada rincón de la creación hasta que no quede un solo lugar donde nada o nadie pueda esconderse de la realidad».
