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Chapter 13 - Capítulo 12

Capítulo 12: La Llave de las Dimensiones

El complejo central de las máquinas de C.H.E.R.U.B. se sentía como una mezcla bizarra entre un centro de despacho de emergencias y una juguetería de alta gama.

Cletus, Keenie y Collin revoloteaban alrededor de Vesper, guiándola a través de pasillos decorados con póster motivaciónales con fases como "El Señor esta mirando" con nubes sonrientes.

—Señorita Exorcista, ¿Donde esta su portapapeles para la inspección? — Pregunto Collin con timidez, viendo que Vesper no traía nada en sus manos. Eso detuvo el revoloteo de Cletus y Keenie quienes empezaron a regañarlo.

—Collin no molestes a la inspectora con preguntas estúpidas—Regaño Keenie a Collin, quien se encogió por la mira fulminante de Keenie.

—Si Collin. La Señorita Exorcista, tiene eso cubierto. ¿Verdad?— Dijo Cletus, mientras esperaba la respuesta de Vesper.

«Al menos el miedoso. Resultó ser el más perspicas de estos tres idiotas» Analizó mentalmente Vesper. Mientras con movimiento mecánicos, sacaba su celular del bolsillo y lo prendía.

—Aquí esta mi portapapeles— Menciono Vesper, mientras les mostrabas un blog de notas a Cletus, Keenie y Collin lista para anotar su informe.

—Lo Vez, Collin. La Señorita Exorcista. Ya estaba preparada para la inspección de seguridad—Dijo Keenie con suficiencia, mirando a Collin como si fuera un idiota.

—Lo siento, es que... La inspección me puso un poco nervioso— Respondió Collin, con timidez.

Después de ese intercambio.

Los cuatro llegaron Directo hacia la Sala de Translocación Divina, donde estaba el centro de todas sus operaciones en el mundo humano.

—¡Bienvenida al corazón del servicio al cliente celestial, Señorita Exorcista! —exclamó Cletus, aterrizando frente a una consola que brillaba con una luz cian hipnótica.

Vesper mantuvo su rostro impasible, pero sus ojos dorados escaneaban cada interruptor, cada flujo de datos y cada sensor de seguridad, era interesante y algo bizarro qué una consola de alta tecnología qué humillaria a los procesadores de la NASA, este en una guardería muy fea.

El trío comenzaron una larga explicación, mientras mostraban el funcionamiento detallado de la maquinaria para confirmar que estaba operando al máximo de sus capacidades.

Vesper tecleaba rápidamente la información más importante en su blog de notas, mientras sacaba fotos del los mecanismos interno que Cletus, Keenie y Collin mostraban, cuando explicaban su importancia o función.

Para un verdadero inspector del cielo. Todo esto habría sido un ruido blanco tedioso, lleno de tecnicismos sagrados y información repetida, pero para Vesper era una mina de datos gratuita, que después desglosaria y estudiaría a fondo en su cuarto.

La "inspección" duró unos 20 minutos, hasta que finalmente llegaron a la parte más importante. El protocolo de seguridad Y Las redes de vigilancia.

—El protocolo es estricto, ¿sabe? —dijo Keenie, ajustándose su pequeño lazo—. Cada portal está monitoreado por el Núcleo de Vigilancia de Lady Sera. Si una frecuencia no coincide con una misión aprobada, la "Máquina de Bloqueo de Rango" —señaló un pilar de obsidiana blanca que emitía un zumbido constante— corta la conexión al instante.

Vesper asintió internamente, otra pieza encajaba a la perfección en su rompecabezas mental. Otra duda que siempre tuvo cuando vio Helluva Boss encajaron con una lógica fría.

«Por eso estos tres idiotas se quedaron atrapados en la Tierra después de su incidente. Deerie simplemente pulso el botón de 'Denegar Acceso' y su conexión se desvaneció. No es que no supieran abrir el portal; es que el sistema les revocó la licencia de administración». Reflexionó mentalmente Vesper, mirando la consola detenidamente.

Sin embargo, lo que más le interesaba no era el hardware, sino el software biológico: cómo un ángel, usando su propia energía sagrada, podía rasgar el tejido de la realidad sin depender de una consola de mando.

—Muestrenme la técnica manual —ordenó Vesper guardando su Celular en su bolsillo, mientras cruzando los brazos sobre su pecho—. He sido entrenada para operar en condiciones donde la tecnología falla. Si los demonios bloquean nuestras señales, debo ser capaz de abrir una brecha por mi cuenta.

Los tres querubines se miraron entre sí, intimidados por la autoridad gélida y la seriedad de la "inspección" que realizaba ella.

La guiaron a una zona restringida, un domo de entrenamiento donde las leyes de la física parecían más delgadas y la naturaleza dominaba el ambiente.

Allí, Cletus le entrego un Manual de Operaciones Transdimensionales, un tomo que, a pesar de su portada hecha con garabatos y crayones.

Cuando Vesper lo abrió para leerlo un poco, contenía ecuaciones de geometría no euclidiana y patrones de frecuencia vibratoria que harían llorar a un físico cuántico humano.

—Es... es muy difícil —balbuceó Collin—. Se necesita una sintonización perfecta de la energía sagrada con la frecuencia del destino. La Tierra vibra en Do mayor, el Infierno en un Re menor distorsionado y...

—Cállate y muéstrame—lo interrumpió Vesper.

Cletus suspiró y comenzó la demostración. Explicó cómo canalizar la luz del núcleo hacia las yemas de los dedos, trazando un sigilo específico en el aire que actuaba como "dirección IP" de la dimensión de destino.

Vesper, que ya dominaba la energía sagrado gracias a sus entrenamientos con sus rayos de luz, absorbió la técnica como una esponja. No era difícil; era simplemente una cuestión de frecuencia y voluntad.

—Díganme —dijo Vesper, mientras practicaba el movimiento, haciendo que el aire chispeara con estática dorada abriendo un portal al otro lado del campo de entrenamiento—, ¿es posible que esta técnica sea detectada si se realiza sin pasar por la consola central?

—Bueno... —Cletus se rascó la nuca—. Técnicamente, si usas una 'Frecuencia Fantasma' o una 'Red de Energía Residual', el sistema de vigilancia lo ignora como si fuera un parpadeo de estática cósmica. Pero nadie hace eso, ¡es contra las reglas!

Vesper dejó escapar una sombra de sonrisa que no llegó a sus labios. «Reglas. La mayor debilidad del Cielo es creer que todos las siguen».

Con una técnica magistral de manipulación psicológica, Vesper se inclinó hacia ellos. Su sombra, proyectada por la luz de la sala, los envolvió por completo.

—Escuchen bien. Esta inspección es de alto secreto. Si registran mi entrenamiento o mencionan que aprendí la técnica manual, pondrán en riesgo una operación encubierta dirigida personalmente por Adán. ¿Quieren explicarle al Primer Hombre por qué arruinaron su plan de seguridad nacional?

Los tres querubines negaron con la cabeza frenéticamente, sus rostros pálidos de terror.

—¡No, no! ¡Nada de registros! ¡Confidencialidad absoluta! —chilló Keenie.

—Bien. A cambio —añadió Vesper con una voz que simulaba una falsa camaradería—, si alguna vez se meten en un gran problema en una misión en la Tierra... si necesitan que alguien con una lanza y alas de combate intervenga antes de que los superiores se enteren de un error... yo seré su contacto.

—Así nos ayudamos. Ustedes no registran nada de mi inspección y borran por completo mi entretenimiento, participación y existencia en este lugar, y yo les salvo las alas una sola vez únicamente en la tierra. ¿Tenemos un trato?— Explicó su contrato Vesper, mientras extendía la mano que empezó a brillar de un color celeste y dorado.

Cletus, Keenie y Collin miraron con nervios la mano extendida de Vesper. Antes de que Keenie y Collin empujaron al frente a su autoproclamado líder Cletus quien estaba muy nervioso.

—Te-tenemos un trato Señorita Exorcista— tartamudeo Cletus antes de estrechar la mano de Vesper. La energía celeste y dorada brillo en un destello junto la energía color rojo pastel de Cletus, cerrando el contrato.

Los tres habían aceptado el contrato de inmediato, creyendo que habían ganado una poderosa aliada dentro del ejército de las Exorcistas.

Con el contrato cerrado, Vesper guardó el manual bajo su brazo y salió de la ciudad de los Querubines con un paso decidido. No volvería a pisar ese lugar de colores pastel jamás.

Ya Había obtenido lo que quería: El conocimiento de la maquinaria y la capacidad de ser un fantasma en el sistema.

Mientras volaba de regreso a sus aposentos, su mente estaba a miles de kilómetros de distancia, analizando y sintiendo el contrato que hizo con los Querubines.

«No ofrecí mi ayuda por caridad», reflexionó Vesper mientras aterrizava en la puerta del Cuartel General de las Exorcistas, mientras caminaba a su habitación. «Necesito que esos tres idiotas sigan en su puesto hasta el momento exacto en que sean desterrados. Cuando eso pase, los usaré como cebo. Ellos me guiará a la ubicación exacta donde I.M.P. Atacara y a través de ellos, llegaré a Blitzo».

Su objetivo final no era solo el conocimiento de los Querubines. Era el Libro de Stolas. Si podía conseguir ese grimorio —o una copia de su esencia— Así tendría acceso a los secretos de la magia Goetia que ni siquiera el Cielo comprendía del todo.

«Blitzo es descuidado, Stolas está cegado por su deseo, y los Querubines son simples peones», concluyó Vesper, llegando al frente de su puerta. «El infierno cree que son libres de hacer lo que quieran con su "libre albedrio regalo" y "Permisos especiales" . Yo voy a limpiar el mayor error de la creación, dejar que los demonios puedan caminar en la tierra cuando deberían estar confinados en ese agujero».

Entró en su cuarto, cerró la puerta y, con un movimiento fluido de su mano, trazó el sigilo en el aire.

Una pequeña grieta, del tamaño de una moneda, se abrió por un segundo mostrando el cielo azul de la Tierra antes de cerrarla y espera.

Después de esperar por una hora, sin alguna llamada a su puerta o un Adán excéntrico tocando la puerta para una "reunión" con Será, confirmo que no dejo ningún rastro en los monitores de vigilancia de Sera.

Vesper sonrió levemente. El Cielo acababa de quedarse muy pequeña para ella.

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